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Honorio Maura Gamazo, comediógrafo, periodista y político, fue el tercer hijo de los cinco varones de Antonio Maura Montaner, jefe por años del Partido Conservador y varias veces Presidente del Consejo de Ministros. Nació en Madrid en 1886 y murió en 1936, fusilado por una partida de la FAI en el fuerte de Guadalupe de Fuenterrabía. Fue Ingeniero Industrial por la Politécnica de Zurich y las Universalidades de Boon y Aquisgrán y después cursó la cerrera de Derecho en Madrid. Pasó cinco años en Méjico y Argentina, contrayendo matrimonio en Buenos Aires.
Durante los años veinte del siglo pasado dedicó sus empeños al teatro, estrenando quince o veinte comedias, como Cuentos de hadas y Julieta compra un hijo, que llevó a la pantalla la Paramount. Proclamada la República, escribió encendidos artículos en el ABC, partidario siempre de la restauración monárquica, y del mismo modo habló en el Parlamento al ser elegido diputado en las elecciones d 1933 y 1936.

"El teatro de Honorio Maura", escribió Laca de Tea, "era muy del estilo de lo que se llamaba entonces de «alta comedia». Los personajes de sus obras son habituales de los grandes salones, de los campos de tenis y de los de golf, muchos llevan título y se expresan con suave distinción y a menudo con suave ironía. Era el mundo que frecuentaba y parece evidente que las frases que usa pudieron ser pronunciadas alguna vez en esos medios elegantes.

"Honorio gustaba de satirizar sobre esos tipos, aun cuando lo hiciera con guante blanco, mientras descargaba todo su sarcasmo contra el burgués, que en esos tiempos, después de la guerra del Catorce y merced a los beneficios obtenidos gracias a ella, intentaba entrar en las familias de gran linaje utilizando como ariete unos millones que, como se decía entonces, servían para dorar de nuevo los enmohecidos y tristes blasones."

1945 [1] se estrenó en el teatro Fontalba, de Madrid, el 28 de diciembre de 1924, con la actriz Josefina Tapias en el primer papel femenino y los actores Peña, Romea y Orduña encabezando el elenco masculino. No fue su obra más exitosa y el porvenir que presenta, de veinte años más adelante, lo que ofrece como novedad es el extraordinario auge del feminismo en las costumbres y las leyes.

Su acción se inicia en Madrid el 30 de marzo de 1945, en el despacho de Gabriela del solar. Es la Directora del Partido Feminista Integral, cuyo triunfo se da por seguro en las próximas elecciones. Es guapa, confiesa 25 años, posee una saneada fortuna y su vida privada es agitada, ha flirteado en el año con dieciséis hombres, varios de los cuales le han propuesto matrimonio sin que a ella se le pasara siquiera la idea por la cabeza.

En el altavoz del "sin hilos" se escucha el parte de las 4: "Su Majestad ha firmado hoy el decreto poniendo en vigor a partir del 1º de abril, la nueva forma de matrimonio temporal a prueba, señalado triunfo del Partido Feminista".

Tras celebrarlo, le anuncian la visita del notario José Antonio Marzales, quien dice a Gabriela que un tío segundo suyo ha legado en su testamento cinco millones de pesetas a su pariente hasta el quinto grado que logre representar al distrito de Santa María de las Nieves, al que ha dedicado su vida. Son tres los posibles candidatos, Gabriela, un tal Alberto García del Solar, que marchó hace años a América y se le ha comunicado la noticia por carta, y Alfonso Sandoval y Martínez del Solar, que se ha entusiasmado con la idea.

Y el primer acto se cierra con la vista de este Alfonso, que pide a su prima que le deje el campo libre no presentándose a las elecciones por ese distrito de la provincia de Segovia. Él lo hará y conseguirá esos cinco millones que le hacen mucha falta, pues sólo le queda medio de los diez que le dejó su padre; en su lecho de muerte le dijo que a ver cómo se los gastaba y él se ha afanado por hacerlo rápido y bien. Gabriela no acepta y al final convienen en ir juntos a Santa María de las Nieves.

El segundo acto tiene como escenario una gran casa del distrito con balcón a la Plaza Mayor. Gabriela recibe la visita de unas damas que traen el encargo de su partido de que favorecería su causa que se casara antes de las cercanas elecciones.

Se presenta entonces Alberto García del Solar, el tercer candidato, que llega de América con cincuenta millones de pesetas para prometer a los de Santa María que edificará por su cuenta numerosas casas para los vecinos, instalará numeros cañones de los que hacen llover y construirá numerosos aeródromos en el distrito, para que los aviones no tengan que aterrizar en las eras. Debió parecerle al autor un sigo de modernidad.

Mas se enamora perdidamente de Gabriela y ésta le corresponde, aceptándolo como marido. Todo el mundo se casa, Alfonso con su compañera sentimental Margot, recibiendo una dota de cuatro millones; Marisol, la gran amiga de Gabriela, con José Antonio el notario, a los que presta su mejor aeroplano, el Rolls, y María Rosa, la secretaria de Gabriela, con un muchacho de padres desconocidos del que se ha prendado por cómo escribe a máquina. Se llama Remington, apellido que le dio esta casa comercial cuando ganó un concurso que había organizado. Todos los matrimonios, eso sí, son temporales a prueba, según la nueva ley, generalmente al plazo de dos años.

Y termina el acto con el discurso de Gabriela: "¡Electores! Hay en España tres cosas de las que estamos constantemente oyendo hablar mal, y que sin embargo, persisten por su profundo arraigo en el país: las propinas, el corsé y la monarquía..."

Han pasado dos años. El tercer acto se desarrolla en el mismo escenario que el primero, aunque preside el despacho un retrato de Alfonso XIII con pelo y bigote blancos, pues Gabriela es la Presidenta del Consejo.

Comenta con su secretaria, ascendida a Subsecretaria de la Presidencia, la reacción de la prensa masculinista al decreto que limita el número de varones que pueden acceder al ejercicio de la abogacía y la medicina. Espera, para ser recibida, una comisión de los taxistas en paro desde que se aprobó que sólo podrían conducir las mujeres; no encuentran empleo porque no hay más puestos de trabajo para hombres que las plazas que se convocan de policías, soldados y bomberos. Otra comisión que aguarda es la de los padres de familia que protestan porque sus hijos menores de veinte años no pueden salir solos a la calle, acosados por las chicas que los piropean, los pellizcan y los besan.

Entran después dos ministros. Informa el de Justicia que se han cumplido dos años desde la entrada en vigor de la ley de los matrimonios temporales y que, de los mil trescientos concertados a ese plazo, ninguno de los dos mil seiscientos cónyuges ha solicitado su rescisión. Más preocupante es el informe del Ministro de la Gobernación acerca de manifestaciones de protesta de los hombres, a lo que responde la Presidenta ordenándola que prepara una severa ley represiva del masculinismo para el Consejo del día siguiente a las siete y media; estaba previsto para una hora antes, mas lo retrasa porque el Embajador de Francia le va a presentar a las seis y media una colección de lencería que acaba de llegar de París. "Lo primero es lo primero", dice Gabriela.

Cuando salen los ministros entra Margot, ahora Directora General de Seguridad, con Alfonso como su segundo. Le informa de que los varones están reunidos en la "Casa del Hombre", preparando una revuelta. La pregunta de por qué no han sido detenidos merece la respuesta de porque el jefe es su marido, Alberto, con el que por cierto ha tenido ya un hijo.

Traen un teleobservador que lo ha registrado todo, donde se ve a Alberto escoltado por los siete presidentes de los siete sindicatos masculinos, que reúnen diez millones de afiliados, todos los hombres del país. Los ha puesto a todos de acuerdo y se ha convertido en el Sindicador de Sindicatos. Si el Gobierno no entra en razón de inmediato, a partir de las once de la noche iniciarán una huelga total e indefinida.

Con episodios intercalados, como la concesión a un ligue italiano de Marisol de la Gran Cruz de Carlos III, porque estará guapísino con la banda, da orden de que traigan a Alberto de grado o por fuerza. Llega, discuten, se amenazan mutuamente y rompen su matrimonio en una escena de cuyos detalles hago gracia al lector.

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Pero como ambos se quieren, en el fondo están deseando reconciliarse. Alberto le hace ver a Gabriela que su programa electoral era colocar a la mujer al nivel del hombre y no sojuzgarlo y humllillarlo desde el poder, ella lo reconoce y todo se soluciona. Convienen en que las futuras decisiones de gobierno las tomarán de común acuerdo. Cuando Gabriela sale a despachar con Su Majestad, Alberto le dice al ujier: "Esa es la mujer que manda en España y yo soy el hombre que manda en la mujer que manda en España".

Hay obras, como por ejemplo La jirafa sagrada, de Madariaga, en que la mujer desempeña el papel que antes desempeñaba el hombre de un modo conseguido. Esta comedia carece de la entidad suficiente para hacerlo de una manera convincente, aunque queda reseñada, sin más, porque no deja de ser una anticipación del porvenir y porque figura en alguna de las listas al uso.

NOTAS

1. Maura, Honorio. 1945, comedia del porvenir, Sociedad de Autores Españoles (Prado 24), Madrid, 1924, rúst., 89 pp. de 19x15 cm., 3'50 pta.

 
 

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