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Los géneros crean sus precursores, que dijo Borges. Los que nos interesamos por uno de ellos nos remontamos a menudo a precedentes que tienen más de entusiasmo erudito que de verdaderos precocidades. Así que empiezo por excusarme por cuanto pueda haber de ello en este capítulo de MIS Apuntes, que inicio con un cuento de terror fantástico del siglo I, contenido en La Farsalia de Lucano, que entiendo que nunca ha sido reclamado como tal.

Después, pasando del latín al árabe y de éste al castellano y al catalán -que todos se hablaron o se hablan en la Península-, comento otras cuatro narraciones, una novela que recrea en cierto modo el futuro mito del buen salvaje, un cuento breve de lo que fue y dejó de ser, un libro de crítica satírica de las costumbres de la sociedad de su tiempo y el primer episodio utópico que se conoce de la literatura hispana, tres de ellas mencionadas por Versins en su Enciclopedia y las cuatro por Saiz Cidoncha en su Tesis a que con frecuencia me refiero.

La palabra utopía es semánticamente elástica, por lo que cabe hablar de utopías stricto sensu, como son las pertenecientes al género literario creado por Moro, y también aplicar el término a toda clase de a esperanzas quiméricas o proyectos ideales.

En el sentido memos riguroso es posible rastrear pasajes de carácter utópico en composiciones medievales, como expone Francisco López Estrada cuando hace una lectura utópica de las Partidas que, aún revistiendo la forma de un código legal, estarían escritas más para proponer una gobernación perfecta para las relaciones entre los hombres que para su uso jurídico.

A diferencia de las frecuentes utopías que se limitan a una ciudad o una isla, las Partidas atienden a gobierno de todo un reino y son muy extensas: el legislador considera todas las contingencias posibles. Trousson atribuye al género utópico la condición de que su universo debe funcionar como un reloj y por eso Alfonso X pretende preverlo todo, estableciendo todas las leyes que se precisen; siglos más tarde, el anarquista utópico Mella -del que trato en los correspondientes apuntes- pretenderá lo mismo en La Nueva Utopía, suprimiendo toda ley, pero haciendo
que cada individuo sea una pieza perfectamente encajada en el mecanismo de relojería de la colectividad.

Las especulaciones de la laya de las Partidas rebasan con mucho el ámbito de lo que aquí me propongo, por lo que -ya justificado- directamente paso a comentar las cinco historias que he mencionado.

I. El cordobés Lucano escribió en el siglo I un cuento de terror fantástico

II. El filósofo autodidacta Hayi Ibn Yaqân (no disponible)

III. Don Illán o el deán de Santiago

IV. El Blanquerna de Raimundo Lulio (no disponible)

V. El primer pasaje utópico español ofrece ribetes de Ciencia Ficción

 
 
 

 

 

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