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De los setenta y cinco libros que produjo H. Rider Haggard, a los aficionados al fantástico nos interesan particularmente los que componen el Gran Ciclo, dieciocho novelas y cuatro cuentos en total, entre las primeras algunas tan populares como Ella, Ayesha y Las minas del rey Salomón.

Pueden distinguirse dentro del Ciclo varios subciclos, principalmente los de Ayesha y Allan Quatermain, bien entendido que éste engloba a su vez otros subciclos, como la serie de Lady Ragnall y la trilogía o tetralogía del pueblo zulú, y que Ella y Allan pertenece a todos ellos, es el link que los enlaza. A continuación indico las novelas y cuentos del Ciclo, ordenados cronológicamente por el año o años de su acción que figura tras el título, precedido éste por el año de publicación y rematado por su número en la colección Centauro.

1

1923

La hija de la Sabiduría (Wisdom's Daughter) ant. Egipto

2

1891

Nada, el lirio (Nada, the Lily) (C 66) 1800-56

3

1912

Marie (Marie) 1835-38 (C 53)

4

1887

La esposa de Allan (Allan's Wife and other tales) 1842-69 (C 60), que incluye los cuentos 5, 6 y 7

5

1889

Una aventura del cazador Quatermain (Hunter Quatermain's Story)

6

1889

Jim-Jim y los tres leones (A Tale of Three Lions)

7

1889

Lucha desigual (Long Odds)

8

1913

Mameena (Child of Storm) 1854-56 (C 57)

9

1888

La venganza de Maiwa (Maiwa's Revenge) 1859 (C 76)

10

1915

La flor sagrada (The Holy Flower) 1870 (C 59)

11

1924

El monstruo (Heu-Heu or The Monster) 1871 (C 84)

12

1920

Ella y Allan (She and Allan) 1872

13

1926

El tesoro del lago (The treasure of the Lake) 1873

14

1916

El niño de marfil (The Ivory Child) 1874 (C 67)

15

1916

Nombé (Finished) 1879 (C 68)

16

1920

Magepa el antílope (Magepa the Buck), cuento incluido en "Smith y los Faraones", 1879

17

1885

Las minas del Rey Salomón (King Solomon's Mines) 1880 (C 50)

18

1920

Allan en Egipto (The Ancient Allan) 1882 (C 61)

19

1927

Allan y los dioses de hielo (Allan and the Ice Gods) 1883 (C 48)

20

1887

Allan Quatermain (Allan Quatermain) 1884-85 (C 29)

21

1886

Ella (She) 1885 (C 2)

22

1905

Ayesha, el retorno de Ella Ayesha, the Return of She) 1905 (C 3)

Las primeras ediciones en castellano de las citadas Ella, Ayesha y Las minas del rey Salomón son muy antiguas. De esta última, por ejemplo, conozco cinco ediciones españolas anteriores a la guerra (1936) y treinta o cuarenta posteriores, a más de que se sigue reeditando, lo que quiere decir que ha resistido el paso del tiempo. Y otro tanto cabría decir de Ella y Ayesha.

Pero el descubrimiento del Ciclo lo hice, supongo que como otros, con la lectura de las quince novelas y tres cuentos publicados en Argentina por Acme, en su colección Centauro, entre 1941 y 1955, y luego lo completé con el trabajo de mi buen amigo Emilio Serra en Fan de Fantasía, al que en su día contribuí y ahora aprovecho. Sólo dejaron de aparecer en Centauro las novelas La hija de la Sabiduría, El tesoro del lago y Ella y Allan, y el cuento Magepa el antílope.

La editorial Acme Agency, S.R. Lda., con Casa en Bartolomé Mitre 562, Buenos Aires, publicó en 1941 el número 1 de su colección Centauro, de la que todavía se encuentran por aquí ejemplares, ya que se distribuyó ampliamente en España. Al igual que en otro campo la colección Austral, de Espasa-Calpe Argentina, supuso un chorro de agua fresca en el sequedal literario que entonces sufríamos.

Eran unos libros que podríamos llamar pulp por su papel más bien oscuro, de entre 200 y 300 páginas de 17'5x11'5 cm., con cubiertas de cartoné en color y $ 1'60 m/arg. de precio. Después Acme se convirtió en S.A., mudó su sede a Maypú 92, redujo un poco el tamaño de los tomos, pasó las cubiertas a papel y fue subiendo su precio hasta alcanzar los 7 pesos.

No debieron venderse mal porque se hicieron reediciones y, si inicialmente se editaban con un intervalo de meses, luego aumentó notablemente su frecuencia hasta que en 1955 sacó el último número de que tengo noticia. Así rezaban: "Este libro no es un digesto ni una condensación de la obra original. Su texto es completo", lo que era muy de agradecer.

* * *

El autor de que voy a ocuparme es el inglés sir Henry Rider Haggard, nacido en la casita familiar de Wood Farm, cerca de Bradenham, en Norfolk, el 22 de junio de 1856, octavo de los diez hijos de un rico abogado y terrateniente, y ennoblecido en 1912. Fue uno de los mejores escritores populares de fantasía histórica de todos los tiempos, quizá el mejor, maestro de muchos y autor de un Gran Ciclo que constituye una poderosa creación fantástica mítico-épica.
 
Sir Henry escribió desde la propiedad heredada por su esposa en Ditchingham, también en Norfolk, construyendo allí un uniuverso intemporal de sólito contra-reloj, acuciado por los editores que le habían adelantado dinero, lo que explica sus altibajos: ganó bastante dinero con sus primeras ventas, que perdió por su mala cabeza para los negocios.

Por intervención de su padre, ocurrió que sir Henry Bulwer, sobrino de Bulwer-Lytton, lo llevó consigo al Servicio Colonial en África del Sur, donde estuvo seis años, de los 19 a los 25, con un breve paréntesis en Inglaterra que le bastó para conocer y contraer matrimonio con Louise Margitson que era menor de edad, huérfana bajo tutela judicial y un excelente partido.

En África sufrió una verdadera transformación aquel muchacho al que sus profesores tenían por torpe -precisó de tutores para sus estudios- y del que su madre llegó a decir que era más pesado que el plomo, tanto de cuerpo como de alma. Fue siempre voluntario para internarse en el corazón del país o tratar con los jefes indígenas locales, y ya nunca le abandonó la añoranza del misterio, la grandiosidad y el encanto de aquellas tierras vírgenes y aquellos seres incontaminados, de cuyo recuerdo sacó el material de las mejores de sus novelas. A los 28 años se estableció como abogado en Londres y, tras el éxito de Las minas del rey Salomón y Ella, abandonó las leyes y se dedicó por entero a la tarea de escribir.

Ya había publicado dos o tres libros cuando, tras leer ambos La isla del tesoro de Stevenson, uno de sus hermanos le dijo que él no sería capaz de escribir algo ni la mitad de bueno, y escribió Las minas de un tirón, en seis semanas. El primer año vendió 30.000 ejemplares en Inglaterra y se hicieron tres ediciones en los Estados Unidos; de Ella se vendieron 25.000 ejemplares en tres meses y hubo que hacer enseguida una nueva tirada. Estos libros fueron el modelo de cuantos le siguieron por las sendas de la science fantasy.

Viajó a Egipto todavía joven porque le interesaba el mundo de los Faraones, sobre el que deseaba escribir. Después, cuando sólo tenía 33 años, la muerte llamó a su puerta; sufrió una crisis de salud física y abatimiento moral que estuvo a punto de llevarlo a la tumba.
 
Dejó entonces Londres para establecerse en Ditchingham y allí explotó sus tierras, convirtiéndose en un experto granjero que escribió tan bien sobre agricultura que el gobierno le envió a los Estados Unidos para que estudiase los establecimientos agrícolas fundados por el Ejército de Salvación. A causa de la muerte de su hijo Jack hubo de regresar precipitadamente, sin poder visitar Méjico como era su propósito. Cuatro años antes había escrito Allan Quatermain en su diario lo que suena casi como una premonición:

"Acabo de enterrar a mi hijo, mi pobre hijo... Tengo el corazón destrozado... Es muy duro perder a un hijo... ¡Pobre Harry! ¡Se marchó tan pronto! Apenas había gustado de la vida cuando ya la abandonó... ¡Pobre hijo mío! Soy como el hombre bíblico que acumuló riquezas y construyó graneros. También yo junté riquezas y construí graneros para que mi hijo las guardara en ellos, pero ahora su alma abandonó su cuerpo y quedo yo desolado para lamentar tan irreparable pérdida. ¡Ojalá hubiese sido llamada mi alma y no la del muchacho!"

Compró una de las primeras máquinas de escribir que salieron al mercado y ya nunca volvió a escribir a mano. Después tomó como secretaria a Ida Hector, que tanto iba a suponer en su vida, y viajó a Canadá, Australia, Nueva Zelanda y nuevamente a Sudáfrica, comisionado otra vez por el gobierno, ahora para informar sobre la situación de los Dominios.

En los primeros años de la década de los 20 se le abrieron las páginas de los nacientes magazines americanos, lo que le ayudó en sus finanzas. Se vio cubierto de honores y en buena posición económica, pero enfermo, y, operado sin éxito, falleció en Londres el 14 de mayo de 1925, a los 68 años de edad.
 
Sin perder su paternalismo ni su orgullo de hombre blanco, admiraba al pueblo zulú y sus gestas, y con su habilidad para la creación de personajes de fantasía histórica dio vida a figuras realmente magníficas. También le seducían las élites y la aristocracia y le fascinaban temas como el de la inmortalidad o la transmigración de las almas, mientras fascinaba él a su vez a la burguesía inglesa de la época victoriana con historias de caza en territorios salvajes, de amor hasta más allá de la muerte, de batallas y epopeyas, de búsqueda de tesoros ocultos, ruinas escondidas, razas desaparecidas y civilizaciones perdidas, sobre las que transmitía un profundo sentimiento de nostalgia. Fue hombre de pesimismo intelectual y estresado por querer a una mujer que no era con la que estaba casado.

* * *

El subciclo de Allan contiene historias que no son sino de caza y aventuras, tales la novela El monstruo, las novelas cortas La esposa de Allan y La venganza de Maiwa,ylos cuentos Una aventura del cazador Quatermain, Jim-Jim y los tres leones, Lucha desigual y Magepa el antílope, querecrean episodios de la vida del Gran Cazador Blanco, el que duerme con un solo ojo, independientes de los demás del Ciclo.

En Allan's Wife, el joven Quatermain emprende una expedición al desconocido norte del Transvaal -Haggard fue miembro del staff del comisionado para su anexión al Imperio-, acompañado por el brujo zulú Indaba-zimbi. Ambos son salvados de morir de sed por Stella Carson, una amiga de la infancia de Allan a la que no veía desde que jugaban juntos de niños en Oxford, y se casa con ella. La intervención de una muchacha baboon que quiere a Stella y detesta a Allan, termina por agotar la salud de Stella que muere al dar a luz a su primer hijo. Su argumento recuerda en ocasiones la vida del autor, que dirá "Allan ha pasado a ser tan conocido para mí como cualquier otro de mis amigos", pero no fue su amigo, fue su alter ego o, mejor, el alter ego del hombre que a Haggard le hubiera gustado ser.

Los cuatro cuentos narran historias similares, al igual que las otras dos novelas. Maiwa's Revenge toma su nombre de una terrible venganza nativa y en ella Maiwa es el apóstol de la redención de un pueblo oprimido por la barbarie. En Heu-heu or The Monster, Allan encuentra a los heuheues, los "Hombres Peludos del Bosque", una raza casi extinguida que, huyendo de sus enemigos, ha venido a refugiarse en una caverrna bajo un lago entre salvajes, y allí talla la estatua del enigmático Heu-Heu. Hay una princesa en peligro según la obligada trama romántica de estas novelas, para las que el argumento es poco más que una excusa en la narración de episodios de riesgos y peligros, caza de grandes animales y alabanza de la vida natural africana en menosprecio de la civilizada europea.

* * *

Se dan en el mismo subciclo de Quatermain novelas de civilizaciones perdidas, alguna escasamente conectada con las otras del Gran Ciclo, que serían La flor sagrada, El tesoro del lago, Las minas del rey Salomón y Allan Quatermain, a más de la singular Ella y Allan.

King Solomon's Mines fue la primera novela del Gran Ciclo que salió de la pluma de Haggard y supuso para muchos el descubrimiento de África a través de una historia escrita con tal conocimiento del continente que prestaba verdaderos visos de autenticidad a sus descripciones de paisajes, personajes y hechos. Su sabido argumento narra la búsqueda por parte de un grupo de expedicionarios ingleses, entre los que figura Allan Quatermain, de las legendarias minas del rey Salomón. El autor encuentra en África el primitivismo, el espacio libre y salvajeque ya ha desaparecido de las ciudades europeas, y encuentra igualmente figuras tan bien trazadas como la de Ignosi, el noble y audaz guerrero negro de estirpe real, o la del sin par Umslopogaas, el gigante que es capaz de luchar con su hacha invencible contra docenas de enemigos. Tampoco falta el obligado romance que aquí tiene lugar entre una bellísima indígena y un inglés. La llevó a la pantalla la Metro en 1950 con Stewart Granger y Deborah Kerr, y hubo antes una versión inglesa en 1927.

La continuación de Las minas fue Allan Quatermain, donde el autor adelanta la muerte del protagonista, por lo que las muchas novelas que siguieron fueron una larga serie de precuelas de éstas, de miradas cada vez más lejos hacia atrás. Allan parte ahora en busca de una raza de hombre blancos perdida en el corazón de África y Haggard dibuja el esquema de las otras novelas del genero, tanto suyas como de otros: una leyenda hace seguir la pista de un tesoro en un viaje en que el héroe se abre paso por caminos nunca hollados por un extranjero, en una demostración de valor a la vez físico y moral, lucha contra los pueblos salvajes que lo hostigan, caza grandes fieras y alcanza el lugar buscado tras atravesar la frontera que lo separa del mundo conocido, que aquí es un río subterráneo y en Las minas eran unas montañas. Los acompañantes de Allan toman partido en las intrigas políticas del país, luchan en una batalla de proporciones épicas y se hacen con el poder para sus protegidos.

Siempre se llega al buscado lugar secreto, que resulta ser maravilloso y protegido por barreras que sólo los elegidos pueden franquear: el desierto y las dos montañas gigantes de "Los Pechos de la Reina de Saba" en Las minas, el río, las montañas y selvas infranqueables que rodean el reino de Zu-Vendia y su dorada capital en Allan Quatermain. En Las minas, la grandiosa batalla en que participan los europeos tiene lugar para que el heredero de un trono indígena expulse de él a su cruel tío; en Allan Quatermain toman partido en la terrible guerra que sostienen por celos las dos reinas de Zu-Vendia.

She and Allan la trataré después y The Treasure of the Lake, no traducida al castellano que yo sepa, es una novela póstuma que sigue el esquema de las anteriores, aunque no está tan conseguida. Allan hace el camino del remoto país de los Engoi acompañando al nativo Kameke que ha solicitado su ayuda: es al tiempo un jefe cruel y un soñador -aquí un pinito de análisis psicológico por parte del autor-, que ha sido expulsado de la tierra de los Engoi y pretende volver a ella como rey.

Por el camino se les une el inglés Arkle, también expulsado de entre los Engoi, a donde le atrajo desde Inglaterra con sus poderes sobrenaturales la sacerdotisa que rige a ese pueblo, la Sombra o el Tesoro del Lago, que por esos dos nombres se la llama. Los tres participan en una guerra que termina con la proclamación de Arkle como la nueva Divinidad, dirigiendo sus primeros esfuerzos a suprimir el régimen sacrificial imperante. La magia permite controlar a animales salvajes y producir catástrofes naturales, y también hay una reencarnación, como suele ocurrir en las novelas del último período de Haggard. Por su parte Allan aparece un tanto disminuido, como juguete del destino.

The Holy Flower es otra novela parecida en la que Allan aparece acompañado por su compatriota Charles Sccroope, que llega a África para practicar la caza mayor y siguiendo a su prometida, con la que ha roto. Esta vez la búsqueda es la de la Flor Sagrada, una orquídea misteriosa cuyo origen se desconoce, única en su especie, que está custodiada por una tribu de costumbres bárbaras con el fanatismo de quienes saben que su supervivencia depende de la Flor. De nuevo aventuras, peligros, muchas muertes entre la gente de Allan y, como protagonista animal, un enorme gorila cuya imagen ilustra la cubierta del libro.

Las dos grandes novelas del subciclo son las primeras, Las minas del rey Salomón y Allan Quatermain, donde éste es presentado astuto pero prudente, héroe, cazador, testigo y narrador. Quizá porque él es quien cuenta las historias en primera persona, no se describe nunca, sólo se dice que es más bien bajo, corpulento y feo, que asistió en su juventud a la Universidad de Eton y que es muy diestro con las armas de fuego. Su primera esposa fue Marie, que murió pronto de un modo trágico y la segunda, Stella, que murió igualmente pronto, aunque le dejó un hijo. John Good y sir Henry Curtis van a ser los fieles acompañantes de sus últimas correrías y testigos de su muerte.

* * *

Otras tres novelas del subciclo de Quatermain corresponden a la serie de Lady Ragnall o de las reencarnaciones: El niño de marfil, Allan en Egipto y Allan y los dioses de hielo. La idea general de que nosotros y nuestros seres cercanos formamos parte del sánsara, de una rueda del destino que nos hace encarnar sucesivamente en diferentes cuerpos y vidas, no fue una idea personal de Haggard, estaba bastante extendida, pero él la explotó para recrear existencias anteriores de Allan aderezadas con poderes sobrenaturales y maldiciones de dioses y diosas que han de expiarse a lo largo de más de una existencia.

La acción de The Ivory Child arranca cuatro años antes de la de The Holy Flower, cuando Allan entabla amistad en Inglaterra con Lord Ragnall y su prometida, miss Luna Holmes, a la que salva de ser raptada por dos hechiceros africanos, Harut y Marut. Ocho años después se encuentran en África y Ragnall le cuenta que se casó con Luna y tuvieron un hijo que murió aplastado por un elefante en una procesión, lo que hizo que ella perdiera la razón y desapareciera en una travesía por el Nilo.

Allan averigua que los dos hechiceros son sacerdotes brujos de los Kendah Blancos que intentan hacerse con Lady Ragnall porque creen que es la reencarnación de la sacerdotisa del Niño de Marfil, una representación de Horus a la que rinden culto. Estos Kendah Blancos, de la raza de los antiguos pobladores de Egipto, están en guerra con los Kendah Negros, de piel oscura, cuyo dios es Jana, un gigantesco e invulnerable elefante que es encarnación del demonio.

Las balas de Allan no causan daño al paquidermo porque está mágicamente protegido por su amo contra blancos y negros, pero no lo está contra otras razas, y Hans, un enano hotentote que es el más fiel compañero de Allan, acaba con él cuando el animal está a punto de aplastar al Cazador. Los Kendah Blancos triunfan en la bárbara guerra que sostienen contra los Negros y Lord Ragnall recupera a su esposa y ésta la razón. Harut y Marut son clarividentes y todo se cumple como habían conocido en una visión.

Han transcurrido ocho años más cuando se desarrolla la acción de The Ancient Allan, una continuación directa de la anterior. Los adoradores Kendah del Niño de Marfil mantienen insospechadas relaciones con el antiguo Egipto, al que viajan inhalando los humos de una hierba mágica. Allan y la ya viuda Lady Ragnall hacen el mismo viaje, encontrándose reencarnados en el noble egipcio Shabaka y su prometida, la princesa Amada, hija del pretendiente al trono.

Shabaka es enviado a la corte del Rey de Reyes para enseñarle a cazar leones, pero el vicioso soberano lo devuelve a Egipto y retiene a Amada en el harén real. Los egipcios se rebelan contra los persas, rescatan a Amada y ésta se casa con Shabaka, para morir al poco, como estaba escrito en su destino. Al final, tras haberse amado en otros cuerpos, Allan y Lady Ragnall se despiertan en los suyos en el presente inglés.

La tercera novela de esta serie es Allan and the Ice Gods, subtitulada A Tale of Beginnings, que sigue rutinariamente el esquema de las dos que la preceden. Cuando muere Lady Ragnall deja toda su fortuna a Allan, que no la acepta, aunque sí el legado de la hierba taduky, que le hace viajar de nuevo al pasado, ahora al paleolítico superior.

Ha reencarnado en Wi, que vive feliz con su familia en la última era glacial en el norte de Europa, quizá en Escocia. Un día rescata del mar a la bella mujer rubia Laleeba, que proviene del más avanzado neolítico, de la parte meridional de Irlanda o la septentrional de Francia. Cuando los hielos avanzan, Wi y Laleeba, que se han enamorado, más Aaka, la esposa de Wi, se embarcan hacia el sur en una situación que evoca el triángulo de Henry, su secretaria Ida y su esposa Louise. Una de las dos mujeres cae al mar sin que sepa cuál de las dos es hasta que Allan regresa a su tiempo.

Luna Holmes, Lady Ragnall, fue una de las parejas espirituales de Allan y su compañera en la reencarnaciones, quizá la única mujer a la que amó realmente, aunque le diera miedo.

* * *

Resta la que se suele llamar la trilogía de la historia del pueblo zulú, Marie, Mameena y Nombé, tres espléndidas novelas precedidas por otra que es seguramente la más conseguida del autor, por lo que mejor debería hablarse de una tetralogía: Haggard puso toda su alma en Nada, el lirio. Como dice Serra, es "un intento de construcción de un corpus mítico-épico a base de las leyendas y narraciones de los zulúes, mezcladas con muchos elementos de las sagas nórdicas, y de la historia de la Casa de los Reyes de Sezangakona, especialmente Chaka, la Bestia Negra, y su hermano Dingaan, todo ello entretejido en una trama pseudonovelística alrededor de la vida y hazañas de Umslopogaas el León, hijo de Chaka, una especie de versión zulú del dios Thor, con un hacha en lugar de un martillo".

El resumen de su argumento no le hace justicia porque su riqueza histórica y cultural va mucho más allá de su trama, que narra el viejo ciego Bopo, amigo desde la infancia de Chaka, al que dio agua de niño cuando se moría de sed aunque sus tribus estaban enfrentadas, y terminará por ser el causante de su muerte. La historia de este rey, el "perro loco" que emprende la conquista de toda África del Sur y tiene un millón de muertos a sus espaldas, es de verdadera grandiosidad mítica y épica.

Una hermana de Bopo es una de las esposas de Chaka y tiene de él un hijo, el héroe Umslopogaas que aparece en otras varias novelas y al que el rey decide hacer matar como a todos sus demás hijos -con alguno llega a hacerlo con sus propias manos-, a causa de una profecía. Bopo se las arregla para cambiar al niño y cría a Umslopogaas como si fuera hijo suyo, hasta que Chaka descubre la verdad y se produce una matanza entre ambas familias, cuyo resultado final es la muerte del rey.

Al joven Umslopogaas lo salva de ser muerto por un león otro joven, Galazi, que devendrá su hermano de sangre y es el jefe de una manada de lobos que se convierten en antiguos guerreros bajo encantamiento. Nada, hija de Bopo, es la mujer más bella del mundo y el rey Dingaan, que ha sucedido a su hermano Chaka en el trono, la desea para sí, mas Umslopogaas, que ya sabe que no es su hermana, la toma por esposa.

Es una resolución trágica que da lugar a un ataque de las fuerzas de Dingaan que acaba con Galazi y sus lobos. Umslopogaas es puesto fuera de combate y Nada muere de hambre y sed en la cueva en que se ha refugiado. Dingaan muere también cuando a los zulúes ya les queda poca historia, pues pronto serán dominados y degradados por los hombres blancos.

La novela, que bien podría haberse llamado La maldición de Chaka, está llena de fuerza imaginativa y es muy rica en detalles culturales, con presencia de poderes sobrenaturales como profecías, hados, la manada de lobos guerreros y las visiones de los Dioses del Cielo zulúes. Los elementos legendarios tomados de las tradiciones y los fantásticos inventados por el autor crean un ambiente de entre sueño y leyenda de un extraordinario nivel -reitero- épico-mítico.

 

Emilio Serra reproduce un párrafo descriptivo de Umslopogaas que también voy a traer aquí yo porque está muy bien escogido:

"El hombre corpulento era un personaje muy interesante; ancho y alto, enjuto, los brazos largos y vigorosos y un semblante feroz que me recordaba al del difunto Dingaan. Sus ojos eran penetrantes y tenían un aire regio. En la sien se veía una gran hendedura: algún golpe recibido había hecho saltar un trozo del cráneo. (...) El hombre iba cubierto con el traje de guerrero. Cruzada sobre sus rodillas tenía un hacha grande y muy larga, con el mango de cuerno de rinoceronte atado con alambre."

Marie es la primera de la trilogía clásica que cubre los últimos días del reinado de los feroces soberanos del imperio zulú: está llena del encanto de África y sus brujos, el primero de todos el siniestro Zikali, "El-Que-Nunca-Debió-De-Haber-Nacido", que maquina pacientemente en la sombra la destrucción de la dinastía reinante para vengarse de la destrucción de los suyos, sin reparar en el coste de sangre que supondrá su venganza. La novela toma su nombre de la dulce Marie, que todo lo soporta en aras de su amor hasta entregar su vida por él.

El segundo libro de la trilogía, Child of Storm, lo vertió el traductor como Mameena y en él continúa la epopeya de la venganza de Zikali y la caída de la Casa Real de Senzangaconan, siempre en narración de Allan Quatermain y con su intervención. Los príncipes Cetawayo e Imbelazi se disputan a muerte la sucesión al trono zulú y el amor de la Hija de la Tempestad que, como la tormenta, todo lo derriba a su paso. La bellísima Mameena, que a quien ama salvaje y desesperadamente es a Allan, muere a causa de su ambición de poder.

En la sentida dedicatoria del libro dice Haggard de los zulúes:

"Tuvieron sus virtudes además de sus vicios. Servir a su país, morir por él y por el rey, tal era su ideal primitivo. Si bien eran feroces, eran leales y no temían las heridas ni la muerte; si bien escuchaban los sombríos consejos de los brujos, la claridad del deber sonaba con mayor fuerza en sus oídos; si bien cantando su terrible ingoma marchaban a matar sin cuartel cuando lo ordenaba el rey, por lo menos no eran mezquinos ni vulgares. La mezquindad y la vulgaridad están lejos de aquellos que continuamente deben hacer frente a las grandes cuestiones finales de la vida y la muerte. Esas cualidades son comunes en los lugares seguros y densamente poblados de los hombres civilizados y no en los kraales de los salvajes bantús en donde, al menos en tiempos pasados, se hubiesen buscado en vano".

Finished, que se tituló Nombé, obviamente para completar el triduo de nombres de heroínas, relata la decadencia y el fin de los zulúes con su rey a la cabeza, cumpliéndose así la venganza de Zikali. Nombé es la señalada por el destino para sellar la suerte de la dinastía y Cetawayo su último soberano, un personaje histórico que se enfrentó a los ingleses en el Transvaal en la guerra de 1879 y sobre el que Haggard recogió testimonios de primera mano cuando su estancia en aquel país.

"Ahora todo ha cambiado o así lo he oído e, indudablemente, en general es mejor", escribirá el autor, que hablará también de "las terribles ansiedades del Mundo a lo largo de ese camino, tinto en sangre por el que, tal como está dispuesto, debe escalarse el puro Pico de la Libertad".

"A pesar de todo, podemos imaginarnos cuáles son los pensamientos que cruzan la mente de algún viejo guerrero del tiempo de Chaka o Dingaan mientras toma el sol acurrucado en algún lugar, por ejemplo, donde se alzó el kraal real de Duguza, y observa a hombres y mujeres de sangre Zulú que vuelven a sus hogares de las ciudades o las minas, atontados con el licor del hombre blanco adquirido de contrabando, grotescos con las ropas de desecho del hombre blanco, escondiendo tal vez en sus mantas ejemplares de las fotografías de gusto dudoso del hombre blanco, para luego cerrar sus ojos hundidos y recordar los regimientos con sus penachos de plumas que hacían retemblar ese mismo terreno, al lanzarse con un trueno de aclamaciones, fila tras fila, compañía tras compañía, a la batalla..."

Pasemos una postrer revista a los personajes de la extraordinaria epopeya zulú. Los reyes de la Casa de Sezangakona existieron todos en la realidad, Chaka, el autor de la ofensa, su hermano Dingaan y el último soberano, Cetawayo. Umslopogaas fue el héroe, el campeón, el portador del hacha, y su esposa Nada el Lirio, la más bella entre las mujeres zulúes, su único amor verdadero, mientras que Galazi el Lobo, el portador del mazo, su hermano de sangre, fue el amigo del héroe en el sentido nórdico del término. El brujo Zikali representa la fealdad y el poder, la venganza y la muerte. He aquí dos descripciones que hace Quatermain de él:

"Aun desde esa distancia era imposible confundir su figura que no se asemejaba a ninguna otra que yo hubiera conocido. Era un enano de anchos hombros con una cabeza enorme, ojos de mirar profundo hundidos en sus órbitas y un cabello blanco como la nieve que le caía sobre los hombros; toda su figura y su rostro mostraban una edad avanzadísima..."
 
"En ese momento oí un ruido apagado que partía del rincón de la choza donde las sombras eran más profundas, y mirando vi un brazo esquelético que se proyectaba en el círculo de luz. Fue seguido de oro brazo, luego por una cabeza voluminosa, cubierta por blancos cabellos que llegaban hasta el suelo, y luego por un cuerpo grande y deforme, tan consumido que parecía un esqueleto cubierto con una piel negra y arrugada. Lentamente, como un camaleón trepando por una rama, esa cosa se arrastró hasta nosotros y vi que era Zikali. Llegó al lado de la cama y se acurrucó allí como un sapo; después, de nuevo como un camaleón, sin mover la cabeza me miró..."

* * *

Las cuatro novelas del otro gran subciclo son La hija de la Sabiduría, Ella y Allan, Ella y Ayesha; quienquiera que desee empezar por lo mejor, que las lea en el orden en que fueron escritas, comenzando por Ella y Ayesha, aunque yo las voy a comentar por en otro orden.

Wisdom's Daghter, the Life and Love Story of She-Who-Must-Be-Obeyed, no está en Centauro, creo que no apareció en castellano hasta que la sacó en 1982 Adiax en su colección Fénix. Posteriormente ha habido otras ediciones que están en el mercado.

Ayesha es aquí todavía una mujer mortal, una princesa árabe de singular belleza, en los tiempos de la conquista de Egipto por Artajerjes, que llega a ser sacerdotisa de Isis, la Gran Diosa Madre, y que se enamora perdidamente del griego Kalíkrates, "El-Hermoso-en-su-Fuerza", hijo de un mercenario contratado por el Faraón. La rival de Isis, Afrodita, pone en escena a otra princesa, la egipcia Amenartas, asimismo sacerdotisa de Isis, que cierra el triángulo que se repite inexorable en todas estas novelas al romper sus votos y casarse con Kalíkrates.

Cuando cae Egipto, Ayesha se encamina a la ciudad de Kôr y, en unas cavernas que acogieron en tiempos una remota civilización perdida, encuentra la Fuente de la Vida, una columna de fuego que otorga una existencia casi ilimitada a quien se baña en sus llamas. Desoyendo la advertencia del profeta Noot, Ayesha penetra en ese fuego porque Amenartas le ha echado en cara que su hermosura se está marchitando, y sale transformada en la inmortal She, Ella, dotada de poderes sobrenaturales.

Amenartas y Kalíkrates alcanzan también Kôr y, en un arrebato de pasión, Ella mata por despecho al amado que la rechaza, conociendo entonces que su destino será esperar por siglos, llena de amor, la reencarnación de Kalíkrates.

Ella, y su continuación, Ayesha, son una poderosa aventura, la más maravillosa de las imaginadas por Haggard. En ellas confluyen la atracción por las antiguas civilizaciones muertas -aquí la egipcia- que transfigura creando sus propias e inaccesibles ciudades perdidas y las inclinaciones místicas del autor, que lo hacen buscar en los arcanos de la historia y en las creencias orientales de la transmigración y las reencarnaciones.

 

Son la desgarrada odisea de esa bellísima mujer condenada a la inmortalidad y marcada por las diosas -Isis, la Sabiduría, y Afrodita, el Amor- a buscar por siempre a su amado sin nunca conseguirlo, sin alcanzar jamás la satisfacción de sus deseos pues siempre la muerte trunca sus ilusiones.

La acción de She, A History of Adventure,comienza cuando un joven lord inglés, cuya familia puede rastrear sus orígenes hasta Pericles, acompañado por su amigo y tutor, el profesor Ludwig Horace Holly, que es el narrador de la historia, abre un cofre heredado por los Vincey de generación en generación. En él halla y descifra el increíble mensaje de su remota antepasada del siglo IV de la Era Antigua, la princesa Amenartas, la esposa de Kalíkrates. Es un menaje de venganza en el que pide a sus descendientes que hallen y castiguen a Ayesha, la asesina de su esposo.

Otros Vincey han intentado antes sin éxito encontrar a Ayesha, pero Leo y el profesor lo consiguen, no sin antes arriesgar varias veces sus vidas. Cuando unos caníbales que matan a sus victimas de un modo horrible están a punto de acabar con ellos, Ella los salva, que ha sabido anticipadamente de su llegada por sus poderes. Ve en el joven lord la reencarnación de Kalíkrates, pero una vez más se cierra el triángulo maldito al enamorarse Leo de la nativa Ustane. Ayesha la mata y pide desesperadamente a Leo que la ame.

Como dice Mahieu, hay que hacer notar que toda esta historia fantástica, que empieza por llevar a los desconfiados protagonistas hasta la costa africana y los conduce luego a la ciudad perdida de Kôr, está escrita en un estilo sobrio y analítico, con erudición y perspectiva científica, como corresponde al sabio profesor que supuestamente la narra.

Este animado tratamiento no excluye las reflexiones filosóficas del protagonista. Como señala el propio Holly, la historia parece ocultar una alegoría cósmica, una redención a través del sufrimiento y el amor con una renuncia final a las ambiciones y la pasión amorosa. Esto conduce a dos consideraciones sobre la novela, su potente erotismo contenido y sus curiosos componentes místicos.

En lo primero -sigo con Mahieu-, Ayesha se describe como una mujer de una belleza sobrehumana, aunque muy terrenal en sus atributos y las pasiones que despierta, una seductora tanto más terrible cuanto que su belleza es a la vez perversa y tierna. No mantiene ninguna relación sexual a la espera de que llegue Kalíkrates, se bañe en la Fuente de la Vida y se despose con ella. El erotismo surge por alusiones, muy al estilo victoriano, de la insatisfacción del deseo que consume a los hombres que la ven, apenas velada.

En lo segundo, sus artes mágicas o su conocimiento de la Naturaleza, como Ella prefiere decir, y su sabiduría acumulada por siglos, la llevan a imaginar empresas inauditas. Por eso al final se ve humillada por fuerzas superiores que la llevan a la muerte, convertida en una vieja de miles de años de edad.

"Al fin yació inmóvil, con sólo algún débil movimiento. Ella, que hacía apenas dos minutos aparecía ante nosotros como la más encantadora, noble y espléndida mujer que jamás había conocido el mundo, yacía inmóvil, cerca de la masas de su propio cabello oscuro. No era mayor que un mono. Y repugnante... ¡Ah, demasiado repugnante para expresarlo con palabras! Y, sin embargo, pensado -en aquel mismo momento lo pensé- ¡era la misma mujer!"

Estas novelas, como escribe Serra, admitirían una segunda lectura, más profunda, que tuviera en cuenta una serie de teorías místicas cuya consideración entiendo que desborda los límites de este trabajo en que pretendo dar a conocer los argumentos de las novelas del Gran Ciclo y no demasiado más.

Ella es una de las creaciones más poderosas, no ya de Haggard, sino del género todo. La imagen de la inmortal Ayesha, "La-Que-Debía-Ser-Obedecida", deslumbradora y amenazante sobre las ruinas de Kôr, esperando el retorno de su amado muerto, ha cautivado a generaciones enteras de lectores. Así se la describe:

"¡Qué magnífico cuadro aquél! Allí estaba sentada, quiera y majestuosa como una perfecta estatua de mármol; solamente su pecho, creciendo y decreciendo bajo la blanca túnica, mostraba que vivía y respiraba como respiran los mortales. Otra cosa también denotaba la vida, y eran los ojos. Primero no pude verlos a través del velo, pero más tarde, sea porque me iba acostumbrando a la luz, sea porque brillaban como los de ciertos animales cuando vigilan intensamente, el velo dejó de ser un obstáculo para verlos. Ahora los veía claramente, grandes, negros y espléndidos, con un tinte de azul intenso en el gris; seductores y, sin embargo, terribles, en su augusto alejamiento que parecía ver a través de los objetos abarcándolo todo sin investigar, sin hacer esfuerzo alguno. Aquello ojos eran como unas ventanas de cuyo interior fluyera la luz, una luz del espíritu.

"A continuación levantó las manos y movió el velo, de modo que por un momento -sólo un momento- quedó descubierto su rostro. Muré, vi y si no hubieses sido por el respaldo del sillón me habría caído al suelo. En cuanto a lo que vi..., bueno, no puedo describirlo con ninguna expresión, únicamente diría que fue un rayo de gloria."

Parecería como si Haggard hubiera estado obsesionado con la mujer en sus diferentes roles -la propia Ella es otra mujer en su retorno- y con los aspectos míticos de la mujer como devourer and sustainer, como devoradora y sostenedora.

Ella retorna en Ayesha porque su muerte en las llamas de la Fuente de la Vida ha sido sólo aparente, el fuego consumió su envoltura carnal pero su espíritu fue transferido al cuerpo de una antigua sacerdotisa de Hes. En Ayesha, the Return of She, de vuelta en Inglaterra, Leo y Holly no pueden olvidar a la Reina de Kôr, no pueden creer que la inmortal Ayesha haya desaparecido para siempre y, cuando reciben un signo sobrenatural, se ponen nuevamente en marcha, esta vez para buscarla en el Asia Central.

Tras vagar por dieciocho años en una expedición que como siempre está plagada de aventuras y riesgos, alcanzan el país de Kaloon, en el este del Turquestán, que está habitado por descendientes de los soldados griegos del ejército de Alejandro y gobernado por un rey loco, casado con la hermosísima Atene, reencarnación de Amenartas.

En el interior del país, en lo más oculto de las montañas, está enclavado el Sagrado Monasterio de Hes, adonde llegan ayudados por los poderes sobrenaturales de Ayesha, que ahora es una mujer mayor, con su belleza deslucida. Leo tiene que escoger de nuevo, ahora entre Atene y Ella, y esta vez hace la elección correcta: con esta decisión, comienza el proceso de redención de Ayesha.

Cuando estalla la guerra entre el reino secular de Kaloon y el Monasterio Sagrado, los poderes mágicos de Ayesha deciden la contienda en favor del segundo, pero su victoria es efímera. Atene se suicida, jurando venganza, y Ella causa accidentalmente la muerte a Leo. Retorna entonces a Kôr y perece definitivamente en el fuego purifucador. El profesor Holly regresa a Inglaterra y narra la historia. La perspectiva ha variado absolutamente, puesto que Ella ya no es una mujer a la que hay que obedecer y temer, sino otra que pretende ser la leal compañera mortal de Leo//Kalíkrates, mientras Atene/Amenartas es ahora la intrusa.

Ayesha es una buena novela de aventuras, con muy buenos momentos, pero sin el sombrío encanto barroco de Ella. Y no quiero abandonar su comentario sin mencionar, al menos, la figura de Simbri, un viejo chamán, tío abuelo de Atene, que es un carácter dibujado con mano maestra. Hay muchos tipos de fondo en las novelas de Haggard, personajes secundarios que no son protagonistas pero están muy bien descritos, como este Simbri y particularmente varios otros que aparece en los relatos zulúes.

El relato está impregnado de visiones, premoniciones, poderes mágicos, control de los fenómenos naturales y de las personas, reencarnaciones y muertes voluntarias que invitan a una contemplación de la vida con un fondo mucho más complejo que la simple realidad que ven nuestros ojos en la superficie. Haggard tiene ocasión de incorporar a la historia otras versiones del misterioso origen de Ayesha, mientras se suman a la acción personajes que son posibles reencarnaciones de quienes fueron sus enemigos.
 
E intencionadamente he dejado para el final Ella y Allan, otra novela que no está en Centauro y que es el lazo que une todos los subciclos, la obra en que Haggard quiso hacer coincidir a sus dos grandes creaciones, Ella y Allan, Ayesha y Quatermain. Si Ella y Ayesha las leí de bien chico porque había en casa sendas ediciones de los años 20, Ella y Allan no cayó en mis manos hasta el 46, cuando la sacó Bruguera en su colección Estela, un libro encuadernado en tela y bien caro para la época. Dice de él Serra:

"Esta novela es el pivote alrededor del cual giran todas las demás; en ella confluyen todos los ciclos y se dan cita todos los personajes en una especie de resumen y explicación. Con la misma imaginería de siempre, cacerías, batallas, etc., aquí usada como mero pretexto, aprovecha Haggard para explicarnos sus teorías sobre la composición de la psique, o alma humana, la muerte y el más allá. A pesar de la incoherencia de algunos trozos, la excesiva verbosidad de otros y el cansancio general que planea a lo largo de toda la obra, es quizá una de las dos mejores, junto con Nada, el lirio, de la que es la perfecta contrapartida."

Cronológicamente se desarrolla trece años antes de que Vincey y Holly emprendan la expedición que se relata en Ella. Quatermain experimenta de nuevo dudas sobre la naturaleza de la vida y la muerte e interroga a Zikali sobre estas cuestiones. El brujo admite su ignorancia y su falta de poderes en esta área y le habla de una excepcional figura con la que ha entrado en contacto telepático y que no es sino Ella.

Zikali pretende conocer también la respuesta a estas preguntas y propone a Allan que se dirija a Kôr, acompañado por el fiel hotentote Hans, que le seguirá hasta más allá de la muerte, y por el campeón zulú Umslopogaas, que igualmente quiere saber de su propia muerte, de la de su amada esposa Nada y de la de su hermano de sangre Galazi y sus hombres lobo. Como de sólito, el viaje está lleno de peligros, aquí acrecentados por la presencia del misionero loco Robertson y su hija, que va a representar un papel secundario en la escena.

La situación en Kôr no es la misma que se encontraron a su llegada Vincey y Holly, porque Ayesha está en guerra con Rezu, un gigantesco macho kôriano que también se ha bañado en las llamas de la Fuente de la Vida y es igualmente inmortal y casi invulnerable; se ha proclamado dios del Sol y reclama para sí sacrificios humanos.

En pago a la proeza de Umslopogaas, que lo mata en cumplimiento de una antigua profecía, Ayesha envía a los viajeros más allá de la puerta de la muerte, donde el inglés y el zulú encuentran lo que estaban buscando. Ella les revela asimismo la respuesta que desea conocer Zikali.

Los personajes principales del subciclo de Ayesha, cuyos atributos son la inmortalidad y la sabiduría, la belleza y la seducción, son Kalíkrates, que en su reencarnación como Leo Vincey se presenta hermoso pero estúpido, el profesor Holly, feo pero listo, que está calladamente enamorado de Ella, Amenartas, la eterna rival de Ayesha por el amor de Kalíkrates, y las diosas Isis y Afrodita, que rigen los destinos humanos con sus poderes, incomprensibles e indiferentes, crueles y benévolas.

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Serra, es de justicia terminar con él, con la capacidad de análisis y de síntesis que le era propia, señala los rasgos más característicos de estas novelas de Haggard, que ya han quedado expuestos pero aquí se sintetizan.

  • Odio y miedo hacia las mujeres reales; idealización de los tipos femeninos en la mujer perfecta, como Ella.
  • Admiración hacia el modo de vida de los pueblos de raza negra, teñida de un desprecio de hombre blanco; respeto por las élites como los reyes zulúes y la aristocracia inglesa, que era su clase; racismo subyacente de tipo apartheid: "lo bueno y lo negro no se mezclan bien".
  • Influencia de la fantasía clásica, como las sagas nórdicas o las odiseas bíblicas.
  • Brujería y superstición como desencadenantes de los hechos; presagios y profecías, hechizos y maldiciones.
  • Misticismo: inmortalidad, reencarnaciones, figuras divinas emblemáticas como Isis que es la Sabiduría y el amor espiritual, o Afrodita, el amor corporal, el sexo.
  • Influencia del hado: la maldición a través de los siglos, el amor que ha de acabar siempre en tragedia.
  • Carácter inglés: vergüenza al describir las relaciones afectivas, exceso de pudor puritano, ausencia de sexo explícito por represión y concesiones al decoro.

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Cuando escribí un corto artículo con este o parecido nombre, no quedó clara la adscripción a casa subciclo de las novelas que le correspondían. Ahora lo he ampliado a varias veces su extensión original y lo resuelvo mejor.

Por otra parte, a más de haber leído en tiempos las novelas, he de reiterar mi compromiso con el artículo de Emilio Serra que ha sido mi guía, sobre todo para su clasificación, y manifestarlo con el Checklist de Bleiler para el resumen de argumentos y con la Encyclopedia de Clute y Nicholls para la datación, así como con los buenos estudios de José Agustín Mahieu en las ediciones de Anaya, el prólogo de Salvador Bordoy Luque en la de Aguilar y las propias novelas de Centauro: todos han trabajado para mí.

 

 

 
 

 

 

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