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En un artículo publicado hace algún tiempo, dedicado a los "mundos encastrados", ya conté que en la inmensa biblioteca de mi padre había una estantería dedicada a lo fantástico en la que estaban los cuatro cuadernos de Los desterrados de la Tierra, de André Laurie, en la edición de Agustín de Jubera de 1889 que, lamentablemente, no recoge todas las buenas ilustraciones del original francés. Se trata de una gran novela que se reeditó poco después en España para caer luego en el olvido. De una conversación sobre ella arrancó la decisión de volver a sacarla por parte de Paco Arellano, que ya había pensado en ello, dentro del excelente trabajo de recuperación de antiguos textos que viene llevando a cabo. Me impuso Como sanción la de escribir esta introducción, pequeña sanción para un gran empeño.

André Laurie fue un personaje singular, de una vida apasionante, rica en avatares, aunque a veces aparezca como solo epígono de Verne: son frecuentes las ocasiones en que se encuentran más datos sobre sus colaboraciones con este autor que sobre su propia carrera literaria. Ciertamente no se quedó en escritor, fue igualmente hombre público, revolucionario, periodista y traductor. Escribe de él Hyacinthe Yvia-Croce en su Antología de escritores corsos: "Orador nato, polemista virulento, se significó muy pronto, tanto por sus actitudes exageradas como por sus artículos en los periódicos de oposición, principalmente en los últimos años del Segundo Imperio. Parecía atormentarlo una necesidad innata de hacer ruido, de espantar a los «burgueses». Un muy sincero y violento instinto de vida libre, también. Se podría definir su juventud como la de un bohemios fogoso, exasperado (...) y su carrera literaria fue también de lo más singular."

Se llamaba realmente Jean-François Paschal Grousset y había nacido el 7 de abril de 1844 en Corte, Corti en lengua corsa, hijo del señor Grousset, profesor de colegio, y de la señora Benedetti. Cursó el bachillerato en el liceo Carlomagno y después estudió por cuatro años medicina en París, publicando al tiempo artículos científicos en los periódicos L'Etendard y Figaro, luego sobre deporte y educación en Le Temps y, progresivamente, artículos políticos en publicaciones de izquierda, firmando entonces Philippe Daryl.

La prensa estaba severamente controlada y en Figaro, por ejemplo, y otros más, no se podía escribir de política porque el periódico no había depositado el cautionnement que era obligatorio para poder hacerlo: el problema radicaba en que el depósito se perdía con facilidad si no se era adicto. La prensa de izquierdas era frecuente que actuara fuera de la ley: Rochefort, de quien luego se tratará, exilado en Bruselas, llegó a vender cien mil ejemplares de La Lanterne en la clandestinidad.

En 1868 apareció el primer libro de Daryl/Grousset, La Renaissance physique, donde se muestra hostil a los deportistas de élite y sus récords y aboga por los más débiles, en esta ocasión en el plano físico, como a lo largo de toda su vida lo haría con los de cualquier orden. Propone una visión «communarde» de las prácticas físicas opuesta a la «versaillaise», pues desea vivamente que estas prácticas las realice el mayor número de personas posible y no se limiten a los campeones, con dedicación especial a los menos favorecidos. En 1888 creará la Liga Nacional de Educación Física que rechaza la competición deportiva como inmoral y políticamente nefasta. Es totalmente contrario a la competición y partidario decidido del ejercicio físico como higiene de vida, en favor de un ideal de fraternidad y educación popular.

Más adelante, sin embargo, escribió un tomo de la Enciclopedia de los Deportes de 1892, dedicado a los juegos de pelota y balón, y fue uno de los primeros artífices de la introducción del fútbol en Francia, debido a su larga estancia en Inglaterra. En algunos artículos, no obstante, y muy en su línea, desacreditó los deportes ingleses en favor de los franceses.

Dice Yvia-Croce: "Hay un aspecto muy particular de la personalidad de Paschal Grousset que ha permanecido ignorado del gran público: es su pasión pedagógica y particularmente su constancia en preconizar estudios más equilibrados (trabajo intelectual alternado con trabajos físicos y juegos), siendo de hecho un precursor de las actividades físicas y deportivas en la escuela (...) En 1888 crea la Liga Nacional de Educación Física y al año siguiente organiza en el Bosque de Bolonia el primer concurso de ejercicios físicos, abierto a los alumnos de los diferentes colegios y liceos de París. Es el principio de la Asociación Deportiva de Establecimientos Escolares.

"En 1931, en un Miroir des Sports,el reputado cronista deportivo Pierre Labarre lo consideraba, junto con el comandante Hebert y Pierre de Coubertin, «uno de los tres grandes nombres de la revolución atlética». Lo tenía además por un precursor, por haber sugerido y preconizado desde 1880 la renovación de los Juegos Olímpicos y haber incluso propuesto a ese propósito «una reducción del servicio militar para quienes estuvieran calificados como agonothètes, es decir, como organizadores de juegos públicos."

El mismo Labarre escribió que "es a Paschal Grousset a quien pertenece la primera idea, el nombre incluso de Juegos Olímpicos, así como la expresión, hasta entonces inusitada, de Educación Física. Nada más que el antagonismo de quienes querían ver en él tan sólo al hombre político y no al educador, ardiente patriota, fueron causa de este injusto y extraño silencio". Habría que reiterar aquí que los principios de su ideal deportivo eran absolutamente opuestos a los competitivos que después se impusieron.

La Evasión de Rochefort. Edouard Manet (1832-1884).

Grousset poseía una capacidad de trabajo excepcional, en 1969 publicó seis libros. Firmando ahora con su propio nombre, uno fue su primera obra de ficción, la utopía breve Le rêve d'un irréconciliable, en la que el narrador se queda dormido y sueña que lee el periódico La Revolution. Dice entre sus noticias que el inventor de una ametralladora en España ha sido puesto al margen de la Humanidad, que en Alemania no hay más que un uno por ciento de analfabetos, que todas las repúblicas latinoamericanas se han agrupado en los Estados Unidos de América del Sur y que Blanqui es ministro de Seguridad, Gambetta de Justicia y el citado Rochefort de Bellas Artes. Entre los anuncios por palabras figura uno en que el ciudadano Luis de Baviera, alumno de Wagner, se ofrece para dar clases de piano.

Por no citarlos todos -sería imposible, escribió 72 libros a lo largo de su vida-, los otros dos más importantes fueron La conspiration du général Malet y Les origines d'une dynastie: le coup d'Etat du Brumaire an VIII, que, a pesar de lo que pudiera parecer, no son una épica de Napoleón sino todo lo contrario. Yvia-Croce, sobre el que vuelvo, dice del segundo: "En contra de su subtítulo se trata menos de un estudio histórico que de una toma de posición como refractario vis a vis al gobierno, de un intento premeditado de marcar públicamente un antagonismo casi visceral, una firme y definitiva incompatibilidad de espíritu y de pensamiento. La intención reprobatoria y mancillante de estas páginas sólidamente formadas no les quita por lo demás ningún mérito. Incluso se le perdonan a la juventud del autor ciertos despropósitos que apenas rebasan en extravagancia a panfletos apreciados en nuestros días."

El 19 de diciembre de 1869 salió a la calle el primer número del diario La Marsellaise, editado por Henri Rochefort, hijo del conde de Rochefort-Luçay, quien nombró redactor jefe a su amigo Paschal Grousset, de sus mismas ideas, que ya se ha visto que no ocultaba una animosidad declarada a los Bonaparte y al Segundo Imperio. Tras una feroz polémica entre el semanario de Bastia La Revanche y L'Avenir de la Corse, órgano del príncipe Pierre, hijo de Luciano Bonaparte y por lo tanto primo del emperador, Grousset se sintió difamado en un artículo firmado por aquél y le exigió una satisfacción en el campo del honor.

Para concertar las condiciones del duelo le envió a sus padrinos, sus colegas Victor Noir y Ulrich de Fonvielle. El encuentro fue muy violento y hubo un momento en que Noir llegó con su mano a la cara del príncipe. Éste sacó un revólver y le disparó a quemarropa, continuando con los disparos cuando ya Noir estaba malherido en el suelo, mientras Fonvielle salía gritando "¡Al asesino!", "¡Al asesino!": no era su primera víctima.

Corría el 10 de enero de 1970 y a las exequias que tuvieron lugar dos días después asistieron más de cien mil personas encolerizadas. Cuando la Alta Corte de Justicia vio el caso, aceptó la alegación de Bonaparte de que había actuado en defensa propia y sólo lo condenó al pago de una indemnización, mientras Grousset, Fonvielle, Rochefort y Pain eran castigados con penas de prisión por ultrajes al emperador durante el proceso. Rochefort tenía inmunidad parlamentaria, como diputado de la Asamblea Nacional que era, pero el gobierno lo desaforó sin más. Olivier Pain era -o al menos lo había sido- presidente del Consejo de familia de Rochefort y uno de sus directos colaboradores.

Entraron los cuatro en la cárcel de Sainte Pélagie, donde les trataron bien, tanto que siguieron dirigiendo La Marsellaise desde su encierro hasta que se produjo la declaración de guerra de Prusia y cerraron el gran órgano de oposición al gobierno por patriotismo y por prudencia. A pesar de sus convicciones, Grousset se alistó voluntario en el ejército.

Por hablar de todo un poco, durante la primera mitad del año en España, trono vacante desde la revolución del 68, Bismarck había casi conseguido que el próximo monarca hispano fuera el príncipe Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen, de la rama católica de la familia, y cerca estuvo de serlo, en vez de Amadeo de Saboya. Parecía contar con el beneplácito del gobierno español (y hasta del pueblo, que traducía el Hohenzollern-Sigmaringen a "Ole, ole, si me eligen") y se dice que sólo una indiscreción de Prim con el embajador francés en Madrid permitió a Napoleón III anticiparse al hecho consumado de una Francia pinzada entre Alemania y España.

Fue una de las últimas intervenciones de Luis Napoleón en política internacional, pues ese mismo año estalló la guerra francoprusiana. Si hubiera habido entonces casas de apuestas, la victoria prusiana se hubiera pagado cara, pero llegó rápida y contundente. Napoleón abdicó tras el desastre de Sedán y las tropas germanas cercaron París. Gambetta, por volver sobre otro nombre antedicho, escapó del "cinturón de hierro" en globo para acaudillar un movimiento de Resistencia, mas todo fue inútil. Prusia impuso a Francia condiciones de paz onerosas y humillantes y las tropas alemanas cruzaron la capital para desfilar ante Guillermo en Longchamps.

Por unos meses Rochefort pudo cultivar la amistad que le unía con el editor Jules Hetzel y se lo presentó a Grousset, lo que resultaría decisivo para su posterior carrera literaria.

Al siguiente año, los parisienses traicionados y hambrientos, que odiaban a la Asamblea y al gobierno conservador de Thiers, que se había trasladado a Versalles, se alzaron en armas y proclamaron la independencia de la Comuna de París, que duró del 18 de marzo al 24 de mayo de 1871. Fue un gobierno de bandera roja que tomó medidas que hoy se dirían progresistas y que terminó con la victoria de los versalleses de Mac Mahon sobre los comuneros, tras luchar sangrientamente barrio por barrio y casa por casa, batallas en las que tomaron parte muy activa las mujeres y revistieron una brutalidad inaudita, para terminar con un baño de sangre y el incendio de París. Los sublevados fusilaron a sus rehenes, entre ellos al arzobispo de la capital, y la venganza de los vencedores fue todavía más bárbara, con miles de fusilamientos en masa: se llegó a fusilar a niños porque les olían las manos a pólvora.
 
Grousset fue nombrado Delegado de Relaciones Exteriores por la Comuna, cargo similar al de ministro de Asuntos Exteriores, y después juzgado por traición y condenado a cadena perpetua en recinto fortificado: lo sorprendente es que salvara la vida. Tenía 27 años cuando fue deportado al penal de Nueva Caledonia, de donde intentó fugarse sin éxito por dos veces, pero el 8 de diciembre de 1873 llegó Rochefort a Numea y, trasladado a Ducos, encontró allí a Grousset y Pain y organizó mejor las cosas: creo que era la quinta ocasión en que se veía encarcelado.

La vigilancia no era rigurosa porque la evasión se consideraba imposible, de hecho ésta sería la única fuga que lograría llegar a buen término. Al caer la noche del 19 de marzo de 1874, Grousset, Pain y Rochefort alcanzaron a nado el islote desierto de Kuairi, a donde fueron a buscarlos en un bote tres presos "libres", amigos y correligionarios, como representó Manet en uno de sus cuadros. Al amanecer los recogió un navío británico que los condujo a Australia. Grousset pasó sucesivamente a Sidney, San Francisco, Nueva York y Londres, ganándose la vida como profesor de francés y escribiendo con seudónimo para algunas revistas francesas simpatizantes.

En 1876 publicó el libro Les condamnés politiques en Nouvelle Calédonie: recit de deux evadés, y un tiempo después escribió una novela, El legado de Langevol, y se la remitió a un sacerdote conocido en Francia con el ruego de que se la hiciera llegar de su parte a Hetzel, que venía publicando los Viajes extraordinarios de Julio Verne. Hetzel la leyó y discurrió que podía ser útil para la factoría de novelas en que se habían convertido los Viajes, así que habló con Verne, contándole sólo la mitad de la historia. El gran Julio le dijo que la "novela del cura" era infumnable y que tendría que reescribirla por completo, lo que merecería plenos derechos de autor. El editor se puso en contacto con Grousset y le ofreció 2.000 francos por olvidarse del manuscrito y dejar que Verne lo firmara. Todos de acuerdo, apareció al poco Les cinq cents millions de la Bégum.

Un médico francés ha de repartirse un fabuloso legado con un profesor alemán que pretende ser el retrato de Alfred Krupp, el "rey del cañón", que había vendido armas a los alemanes en la guerra francoprusiana de nueve años antes: aquí edifica la ciudad subterránea de Stahlstadt con el propósito de construir un cañón que acabe con la Franceville del francés, una utópica ciudad de superficie del futuro. La novela da muestras de un patriotismo exaltado, muy del estilo de Grousset, que no le sería difícil mantener a Verne, también muy patriota. Me he quedado corto, ya no es patriotismo sino patrioterismo.

Apareció a principios de 1879 en el Magasin de Hetzel y a finales de año en forma de libro, alcanzando un éxito resonante. Gustaron las aventuras del buen Sarrazim y el malvado Schultze, completadas con los obuses de ácido carbónico líquido, uno de los cuales se convierte en satélite artificial de la Tierra, y las intervenciones providenciales del ingeniero alsaciano Marcelo, que quiere casarse con la hija del Dr. Sarrazim.

El 11 de julio de 1880 los diputados oportunistas de la Asamblea francesa -fue la primera vez que se empleó este término que luego haría fortuna- votaron una amnistía que permitió a Grousset regresar a Francia y en 1881 -el año de la muerte de Pierre Bonaparte- empezó a publicar él también con Hetzel, arrancando con La vie de collège en Angleterre, una novela que no tiene nada de fantástica si se exceptúa que en determinado momento se refiere a un alumno diciendo que es hijo de un ingeniero que trabaja en la apertura del túnel bajo el canal de la Mancha.

En las elecciones legislativas del 4 de diciembre de 1881 se presentó a diputado por la isla de Córcega, mas fue derrotado por un joven periodista de Ajaccio apoyado por Gambetta, que fue uno de los oportunistas.

Tres años más adelante, a más de seguir con la serie "Vies de collège dans tous les Pays", de la que está vertida al castellano Mémoires d'un collégian russe, inició otra más, dirigida igualmente a un público adolescente, la "Collection d'Aventures". Estos libros los firmó André Laurie y los publicó casi por completo Hetzel: como escribe Versins, los de la segunda serie, la de aventuras, tienen casi todos algo de conjetura. L'heritier de Robinson (1884) supone que Crusoe existió realmente y que uno de sus descendientes encontró su cuerpo momificado y su testamento en una isla del Pacífico.

Pero sus colaboraciones indeseadas con Verne no habían terminado. Ese mismo año de 1984 había iniciado la redacción de una novela con intención de publicarla como suya. Cuando iba por la mitad le dio a leer el manuscrito a Hetzel y éste encontró que su acción se situaba en un país exótico, como convenía a los Viajes extraordinarios, y que era muy del estilo de Verne, que estaba un poco parado, así que se lo pasó, pagando otra vez 2.000 francos a Laurie/Grousset, aunque ahora por sólo media novela. De esta manera nació L'étoile du Sud, de la que Verne reescribió el argumento para que la intriga del diamante no se resolviera hasta el final.

El ingeniero francés Cyprien Méré descubre un diamante descomunal, "La estrella del Sur", que no sabe con seguridad si es natural o fruto de sus experimentos con gemas artificiales. Se lo regala a la joven Alice Watkins, hija del dueño de una mina, se pierde y finalmente aparece en el estómago de un avestruz domesticado que se ha tragado multitud de cosas. El criado indígena de Cyprien confirma que la piedra es natural y que fue él mismo quien la halló y la colocó en el horno de los experimentos de su amo.

Un año después, en 1885, volvió a facilitarle las cosas a Verne al escribir L'épave du Cynthia, aunque esta vez, ya más asentado, exigió que apareciera firmado conjuntamente por ambos. Un niño abandonado es recogido por un bondadoso marinero noruego y un perverso capitalista americano. Cuando la acción llega al Océano Ártico se encuentra un paso al nordeste y otro al noroeste del Círculo Polar, con aroma de los viejos tiempos del Capitán Hatteras. Como resume Lottman en Jules Verne, todo es demasiado previsible y la novela está inflada para alcanzar las páginas requeridas.

1887 fue el año de publicación de Les exilés de la Terre, Séléne-Company Limited, que es una novela de estirpe verniana por sus cuatro costados y fue su primer y gran éxito propio. Obviamente no voy a desvelar su argumento ni a hacer su juicio, cosas ambas que corresponden al lector, tan sólo voy a recoger un botón de muestra:

"Si eres nuestro enemigo, la naturaleza se encargará de vengarnos... ¿Crees que se me escapa algo de lo que toca al pueblo de Alá?", dice con terrible acento la voz que sale del sepulcro del santón. "Conocí tu proyecto a los tres minutos de que lo concibieras. ¡Tú quieres suspender el curso de la luna, acercarla a la Tierra y ponerla al alcance de la avaricia humana!"

También en 1887 apareció De New-York à Brest en sept heures, donde el transporte del petróleo americano a Europa se hace por un oleoducto bajo el Atlántico, primero, y en forma de ladrillos, al final. Está traducido al castellano y publicado por el mismo Agustín de Jubera. Le secret du Mage data de 1890 y en él un arqueólogo descubre un antiquísimo gabinete de física, lo que prueba que ha existido en la prehistoria una civilización técnica tan avanzada, o quizá más, que la nuestra.

Hubo de esperar hasta 1893 para ser elegido por el XII distrito de París como "socialista independiente y comunero", siendo reelegido por tres veces, hasta su muerte. Se mostró muy activo en la aprobación de la ley de separación de la Iglesia y el Estado y se batió denodadamente contra la loi scélénte que restringía la libertad de prensa. A él se debió la llegada de la luz eléctrica a bibliotecas y museos parisienses, lo que permitió que cerraran más tarde y que así los obreros pudieran acceder a ellos al concluir su jornada de trabajo.
 
Aún habría que decir que, si bien fue de ideas profundamente socialistas, no fue internacionalista, su adhesión a la izquierda no rebasó el marco francés, con un patriotismo que -torno sobre lo mismo- rozaba lo patriotero. Pero dio la vuelta al mundo, visitó Inglaterra, Alemania, Italia, Suiza, Grecia, España, los Estados Unidos, China y Japón.

Su intensa actividad política no fue óbice para que siguiera escribiendo novelas como  Le rubis du Grand Lama en 1894, que narra las evolucions de una gran isla aérea movida por vapor, un argumento bien verniano. Y un año después, en 1895, llegó su segunda obra maestra del género novelístico, Atlantis. En medio de una tremenda tempestad el océano se traga a un hombre entre el mar de los Sargazos y las Azores, que se ha agarrado a un cañón que lo hace descender en picado. Cree soñar que está en la Atlántida, cuidado por una hermosa joven, pero se trata de una realidad. Cuando se recupera y es enviado de vuelta a la superficie atado a un barril, de regreso a su mundo emprende la búsqueda de la Atlántida con un submarino eléctrico.

La historia de la Atlántida es original para la época. Era en su origen una a modo de península que fue separada bruscamente de África, convirtiéndose en una isla. Esta isla se fue hundiendo, aunque tan lentamente que dio tiempo a sus avanzados habitantes de construir una cúpula de cristal que protegiese la ciudad, con aire artificial además de electricidad y un sumergible con el que poder visitar la superficie de tanto en cuando. Construyeron asimismo un pasadizo que comunicaba su tierra con una de las islas Azores. Es una gran narración, una de las primeras de supervivencia de civilizaciones fabulosas.

Le géant de l'azur (1903) es un avión revolucionario y Le maître de l'abîme (1905) lo protagoniza un submarino sorprendente. Y en 1905-07 llegó Spiridon le muet, que fue su tercera obra maestra. El joven cirujano Aristide Cordat descubre accidentalmente, cerca de Córcega, una pequeña isla apartada de las rutas de navegación. Sus habitantes viven sumidos en un terror abyecto y no se atreven ni a acercarse a una sombría ciudad de la que ningún curioso ha regresado jamás.

Encuentra en una caverna una civilización de hormigas subterráneas cuyo rey es Spiridon, quien, como todos sus antecesores desde los orígenes mismos de la Historia, posee una talla igual a la de un hombre y una inteligencia no menor. Él personalmente se ocupa de los trabajos de disección de quienes se han aventurado a acercarse a l ciudad y, gracias a las sustancias proporcionadas por sus hormigas, ha desarrollado un suero de maravillosos efectos tonificantes y cicatrizantes. La caverna contiene también un espléndido tesoro allí escondido por los Fenicios.

Spiridon y el Dr. Cordat logran comunicarse telepáticamente y, bien abastecido éste de oro y diamantes, lleva a Spiridon a París, disfrazado de japonés, para que avance en sus estudios de cirugía. Spiridon mata brutalmnete a un cirujano que cree que amenaza su vida y Cordat lo abre para demostrar que no es humano y, por tanto, no responsable, aunque la operación lo deja privado de sus facultades telepáticas y de su inteligencia.

Es una novela cruel que destaca entre todas las de Laurie. Spiridon poosee una mente de investigador, curioso e implacable, sin la menor traza de humanidad, un buen retrato del científico que subordina todo a sus estudios e investigaciones.

Paschal Grousset, alias André Laurie, alias Philippe Daryl, alias Tiburce Moray y otros noms de plume más, murió el 10 de abril de 1909 en Saint Mandé, en las inmediaciones de París. Si existiera como ahora la jubilación a los 65 años, la habría disfrutado tres días.

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Este artículo se publicó como Introducción a Los desterrados de la Tierra, en La Biblioteca del Laberinto, Delirio ciencia ficción, de Francisco J. Arellano, Madrid, 2008.

 

 

 

 

 

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