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II. EL FILÓSOFO AUTODIDACTO de Abentofail

Abarca este relato muchas cosas
que no se encuentran en libro alguno ni
se oyen en las conversaciones corrientes.

No son frecuentes los ejemplos de proto ciencia ficción en España -el antes citado de la Farsalia no pasa de ser un cuento en versos latinos de terror fantástico-, hasta el punto de que Núñez Ladeveze en Utopía y realidad, la ciencia ficción en España, afirma con razón que no hay ninguno claro. Espigando aquí y allá se pueden encontrar alguno no claro, remoto precedente del género, que cabe citar casi como erudición. Es el caso del que voy a comentar.
El Philosophus Autodidactus de Hayy ibn Yaqzãn –aparece escrito con varias ortografías- lo menciona Versins en su Encyclopedie de l’utopie, des voyages extraordinaires et de la science fiction, y de ahí debió tomarlo Saiz Cidoncha para su Tesis Doctoral sobre la ciencia ficción española, donde lo califica como una vaga utopía precursora de las posteriores del “buen salvaje”, sin mayor interés que el histórico.

Yo leí a Versins cuando Carlos, después leí el libro y encontré información de la que hay hoy sobre el autor y su obra, empezando por la wikipedia, que no existía cuando escribió Cidoncha ni cuando yo inicié mis Apuntes para la historia de la ciencia ficción española. Se dice en ella que llegó a ser uno de los libros más importantes entre los que anunciaron la Revolución Científica y la Ilustración, lo que supondría un motivo más para incluirlo aquí, aunque la afirmación es exagerada, muy exagerada.

He de decir enseguida que Hayy ibn Yaqzãn no fue el autor de la historia, sino su protagonista; quien la escribió fue el andalusí Abu Bakr ibn Tufayl, castellanizado a Abucháfar Abentofail, nacido en Wadi-Ash, hoy Guadix, Granada, poco antes del 1110 y muerto en Marraquex en 1185. Vivió en un período de tolerancia filosófica y libertad cultural durante los segundos reinos de taifas, que precedió al posterior fundamentalismo islámico. El XII fue el siglo de oro de la filosofía hispano-musulmana.

Leo en Cerdá Olmedo en su artículo en la red “La fuerza de la experiencia y la razón. Sobre El filósofo autodidacto de Abentofail”, del que he tomado datos de los que siguen, que inicialmente el poder político estaba en manos de los bereberes del Norte de África, los almorávides (de al-morabitun, los del convento fortificado), que hacia la mitad del siglo fueron reemplazados por los almohades (de al-muwahidun, los unitarios). Ambos despreciaban a los andalusíes por débiles, afeminados y esclavos del lujo y el placer, pero no pudieron sustraerse a la magia de su cultura.

Abentofail tuvo una educación excelente y desarrolló una brillante carrera. Tras servir como secretario y médico del gobernador almohade de Granada, pasó a ser el médico personal del hijo del sultán Abd el Mumin, y después médico de cámara y visir de su sucesor, Abu Yusuf. Renunció al cargo de galeno a favor de su discípulo Ibn Rush, Averroes, cuya fama eclipsó la suya e hizo que sus obras cayeran en el olvido. Sólo se conservó de ellas esta Risala Hayy ibn Yazqãn fi asrar al-hikma al-masri qiyya (Epístola de Hayy ibn Yaqzãn sobre los secretos de la sabiduría oriental).

Fue uno de los falãsifa que florecieron en el mundo islámico cuando se tradujo la filosofía griega al árabe. Admiraba a Aristóteles y tenía intereses enciclopédicos que incluían la medicina.

El texto de que me ocupo es un tratado filosófico disfrazado de novela, cuyo contenido resuena en la obra posterior de Averroes, y puede que ocurriera lo mismo con las ideas de Abentofail sobre astronomía y medicina.

En 1671 publicó la historia el arabista inglés Eduard Ppcocke, profesor de la Universidad de Oxford, en versión original y traducción al latín, titulada Philosophus autodidactus sive Epistola Abi Jaafar ebn Tophail de Hai ebn Yokdhan, que alcanzó pronto gran difusión. Un año después se tradujo al alemán y al holandés, y en 16586 al inglés, conservando todas las versiones el título de de El filósofo autodidacto.

Tras ser conocido influyó profundamente en la filosofía clásica islámica y en su novelística: García Gómez califica El filósofo autodidacto y El collar de de la paloma, de Ibnm Hazm de Córdoba, como las dos indiscutibles obras maestras de la prosa arábigoandaluza.

La vida de este “buen salvaje” atrajo pronto también la atención de los lectores europeos, que convirtieron esta novela en un clásico de la literatura universal en general y de la del hombre solitario en particular, ya que anticipa en cierto modo obras no ya como el Emilio de Rousseau, sino tanto o más como el Robinson Crusoe de De Foe y el Mowgli de El libro de la selva de Kipling. A los más clásicos bien les pudo llegar como el mito de la loba en la fundación de Roma (y, aunque no tenga nada de clásico y por eso no se diga, trocando la a gacela por una mona, al mito del Tarzán de Edgar Rice Burroughs).
 
Pese a haber nacido su autor en la Península, la traducción española tardó en llegar. Menéndez Pelayo deseó esta traducción de lo que él llana el Tofail desde que supo de su existencia y escribió un extenso prólogo para esta traducción cuando la consiguió. La hizo Pons Boigues en 1900 [1]. Nunca la he visto, mas es la que reproduce la popular colección Austral [2].

Así se inicia:

“Contaron nuestros piadosos antepasados, séales Dios propicio, que entre las islas de la India existe una colocada bajo la línea ecuatorial, en la cual nace un honre sin padre ni madre, y que en ella hay un árbol que en vez de fruto produce mujeres -y éstas son las que Almusadí llama niñas del Uac Uac [3]-; y sucede esto así porque aquella isla es el más atemperado de los países de la tierra, por su aire, y el más perfecto por su aptitud o disposición para recibir sobre sí mismo la influencia de la suprema luz (solar).

[...] "Hay algunos autores que admiten sin vacilación y afirman en absoluto que Hay Benyoclán fue del número de los que, en esta región, nacieron sin padre ni madre; otros, sin embargo, niegan tal aserto, y aducen sobre este particular la noticia que voy a referirte.

“Dicen, pues, que había frente a esta isla otra isla grande, de extensas costas, abundante en comodidades para la vida, poblada de gente, y gobernada a la sazón por uno de sus moradores, hombre muy soberbio y suspicaz, que tenía una hermana dotada de gracia sin igual y espléndida hermosura, a quien disuadía del matrimonio e impedía el casamiento, por no encontrar hombre de prendas suficientes para ella. Tenía también este rey un deudo o allegado, por nombre Yocdán, que se casó con ella en secreto, según los ritos nupciales vigentes a la sazón en la comunión religiosa de aquellas gentes. Quedó luego embarazada de él y dio a luz un niño.”

En 1934 González Palencia hizo otra traducción, partiendo no ya de los manuscritos de Pococke sino de los de la edición francesa de Gauthier, que se reputan por mejores [4]. Es ciertamente la mejor versión y la ha rescatado Maxtor en edición facsímil [5], gran prólogo incluido.
 
El tema de la novela lo resume bien García Gómez en Un cuento árabe, fuente común de Abentofail y de Gracián, que tomo del citado prólogo de la edición de Maxtor, acompañado de datos o comentarios de mi cosecha o de otras procedencias.

En una isla desierta de la India, por medio de condiciones particularmente favorables, nace un niño en el seno de la arcilla en fermentación, sin padre ni madre. Según otra versión, ha sido llevado a esta isla por una corriente marina, en un cofre que la madre, princesa perseguida que habitaba en una isla vecina, ha confiado a las olas para sustraerse a su deshonra y librar a su hijo de la muerte. Este niño es Hay ibn Yazqãn.

Una gacela que ha perdido a su cría lo amamanta y le sirve de madre, y él se siente inferior a las gacelas que lo rodean. A los siete años se viste primero con hojas de los árboles y después con las plumas y la piel de un águila muerta. Emplea varas para enfrentarse a otros animales. A las gacelas les tiene cariño, mas sabe que no es una de ellas, que en la isla, que es todo su mundo, no hay otro ser como él.

Crece, observa y reflexiona. Dotado de una gran inteligencia, no sólo provee ingenuamente a todas sus necesidades, sino que por el uso combinado de la observación y el razonamiento, llega a descubrir por sí mismo las más altas verdades físicas y metafísicas. El sistema filosófico al que llega es naturalmente el de los falãsifa.

Vuelvo a Cerdá Olmedo: El libro es una sorpresa absoluta. Tras una introducción en la que, al modo de las monografías científicas actuales, el autor manifiesta su intención y describe y critica las publicaciones que han sido sus fuentes, el libro se convierte en un tratado que recapitula en un solo hombre la historia de la ciencia y de la técnica hasta el nivel de la época de su autor.

El método científico aplicado se compone esencialmente de observación y razonamiento. Uno abstracto, del tipo que utilizamos para rellenar un sudoku o resolver una ecuación, otro analógico, como cuando asimilamos el átomo a un sistema solar en miniatura y hacemos las correspondientes deducciones.

Abentofail parece experimentado en disecciones y Hayy empieza por disecar el cadáver de la gacela que lo amamantó y sigue con los cuerpos de otros animales vivos, concluyendo que existe un principio vital que vivifica todos los órganos sensoriales y motores y abandona el cuerpo tras la muerte; este principio reside en el corazón. Se adiestra al tiempo en la caza y la pesca, y desarrolla herramientas, vestido, vivienda y armas sencillas, enciende fuego y lo mantiene, cocina sus alimentos y domestica animales como gallinas, caballos o halcones, y cultiva plantas útiles, como el esparto o el cáñamo, y árboles frutales cono el manzano.

Va avanzando de lo particular a lo general. Reúne a animales semejantes para llegar al concepto de especie, para lo que no considera los criterios de reproducción compatible, aunque hacía siglos que los conocían los ganaderos. Después aplica el mismo criterio para las especies vegetales. Hayy va descubriendo cuanto conoce Abentofail.

Descubre que animales y plantas comparten dos propiedades esenciales, la nutrición y el crecimiento, con lo que reconoce la unidad de la vida. Incluso las propiedades que pareen restringidas a los animales aparecen en las plantas de manera limitada, aunque no menciona la reproducción como propiedad común de animales y plantas, probablemente porque le parecieron muy distintas al desconocer la sexual en las plantas.

Los seres vivos comparten aun con los inanimados la ocupación de un lugar en el espacio. Ambos pueden cambiar de temperatura, color y otras propiedades, y sufrir transformaciones externas, como la conversión de un sólido en llamas, cenizas y humo. A excepción de este humo y del aire, que poseen ligereza, los demás cuerpos tienen pesadez y tienden a moverse hacia abajo; la gravedad aun era un misterio.

Sus descubrimientos son cada vez más elevados. Llega a la conclusión de que lo que nosotros decimos cosmos, la reunión de los cuerpos celestes, es esférico. Se pregunta luego si este mundo será eterno o creado, encontrado razones a favor y en contra de cada hipótesis, para concluir que ha tenido un creador ajeno a él.
Los animales y las plantas no lo conocen, mas sospecha que los cuerpos celestes, sí.

Trata de averiguar cuál será el destino del principio vital, que identifica como alma, después de la muerte del cuerpo que habitaba. Él se ve distinto de los oros animales y cree que su alma es distinta de la de ellos y semejante a la de los cuerpos celestes.

Su intención de imitar a los astros en cuanto le es posible le hace seguir sus movimientos circulares corriendo alrededor de su choza y de la isla. También lo convierten en un asceta; no puede dejar de comer como ellos, porque tiene que comer para sobrevivir, pero come sólo lo justo y necesario para hacerlo, cuando se siente débil y siempre siguiendo unas reglas. Elige las especies más abundantes, respetando las que podrían estar en peligro de extinción.
 
Llegado a este punto, cuando ya tiene cincuenta años de edad, entra en relación con Asãl, personaje venido de la isla vecina para dedicarse en paz a la vida ascética en esta pequeña isla, que él cree inhabitada. Asãl enseña el lenguaje a este compañero tan singular como inesperado, que habría logrado el milagro de formular pensamientos tan complejos sin conocer las palabras, y encuentra con sorpresa en el sistema filosófico de Hayy una interpretación trascendente de la religión que él mismo profesa, y de todas las religiones reveladas. Le conduce entonces a la isla vecina, gobernada por el piadoso rey Salamãn, comprometiéndole a descubrir las verdades que ha descubierto.

Pero esta tentativa fracasa. Nuestros dos sabios se ven finalmente obligados a reconocer que la verdad pura no conviene al vulgo, encadenado en la servidumbre de los sentidos, y que para penetrar en estas inteligencias groseras y obrar sobre estas voluntades rebeldes, tienen que revestirse de los símbolos que constituyen las religiones reveladas. Por consiguiente abandonan para siempre a esas pobres gentes, y se vuelven a su isla desierta a vivir la vida superior, cuyo privilegio tienen bien pocos hombres.

Es interesante cómo expone dos modelos de vida religiosa, hoy resueltos en favor de la vida en comunidad, en los tiempos antiguos en la soledad del eremita o ermitaño. Asãl es partidario del retiro y Salamãn de la vida social.

La novela tomó su nombre del homónimo cuento alegórico y filosófico escrito por Avicena en el siglo XI en Persia. El cuento es muy diferente de posterior novela, ya que es esencialmente un experimento intelectual sobre el intelecto activo, personificado por una vieja saga, dirigida por un narrador, que representa el alma racional, sobre la naturaleza del universo. Lo que sí tomó la novela de Abentofail del cuento de Avicena fueron personajes.

La novela se escribió no tanto como continuación del cuento del que toma título, sino como respuesta a La incoherencia de los filósofos de al-Ghazali, que criticó a Avicena.

Refleja uno de los temas principales de los filósofos musulmanes -también más tarde de los pensadores cristianos-, la reconciliación de la Filosofía con la Revelación. Algunos de los pensamientos de Hayy llegaron tan lejos que encontraron eco en figuras como Newton o Kant.

Es curioso comparar El Filósofo Autodidacto con El Criticón de Gracián. Ambos comienzan con un hombre que ha crecido en una isla remota, pero Gracián no se fía de lo que pueda aprender por sí mismo Andrenio, criado asimismo por un animal en la isla de Sata Elena, al margen de la civilización.

Una tormenta arroja a la isla a Critio, un hombre culto que enseña a hablar a Andrenio y éste le cuenta cómo salió de la caverna en que había nacido y, cuando vio la hermosura de la naturaleza, comprendió que tenía que ser obra de un Supremo Artífice.

Son recatados por una flota española e inician una peregrinación por las cortes de Castilla, Aragón, Francia y Roma, en busca de Felisenda, la esposa deseada por Critio, que es la madre de Andrenio. En cierto modo como en Abentofail, es una irada amarga sobre el hombre y el mundo.

NOTAS

1. El filósofo autodidacto de Abentofail, novela psicológica, traducida directamente del árabe por D. Francisco Pons Boigues, con prólogo de Menéndez Pelayo, Comas, Zaragoza, 1900, LVI + 250 pp.

2. El filósofo autodidacto, reproducción del anterior, Espasa-Calpe, col. Austral nº 1195, Buenos Aires, 1954, 148 pp.

3. Según Reinand, el lugar más apartado hacia este lado de las costas orientales de África, del que habla Almusdí, son las islas Uac Uac, sobre las cuales los autores árabes han divulgado una porción de historiass. Almusadí dice que estas islas, que él reduce una sola, se llama así a causa de que el vulgo cree que se daba en ella un árbol cuyo fruto tenía la forma de una cabeza humana lanzando un grito, y que este grito era uac, uac.

4. El filósofo autodidacto, de Ibn Tufayl, Publicaciones de las escuelas árabes de Madrid y Granada, serie B, núm. 8, nueva traducción española por Ángel González Palencia, imprenta de Estanislao Mestre (Rozas 14), Madrid, 1934, 200 pp.

5. El filósofo autodidacto, facsímil del anterior, Editorial Maxtor, Valladolid, 2005.

 
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