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II. El viaje a Marte de Benigno Bejarano
(El secreto de un loco ó El fin de una expedición sideral)

Benigno Bejarano es un autor olvidado, hoy casi desconocido. Cuando lo mencionan los Manuales de Literatura del siglo XX, incluidos los que se ocupan de la novelística social durante la II República, lo despachan con unas pocas líneas y el comentario de que apenas se conocen datos sobre él. Fue humorista y de izquierdas, quizá eso ayude a comprenderlo.

"Bejarano aparece de pronto, tras un breve período de aprendizaje periodístico, en la prensa obrera de tendencia anarco-sindicalista como narrador de gran vivacidad y de fácil sátira caricaturesca"

escribe Nora [1], aunque su período de aprendizaje ni fue tan breve ni estuvo reducido a la prensa obrera, como luego detallo. Gemma Mañá [2] le dedica un apartado en el que dice:

"Se sabe poco de la vida de Benigno Bejarano. En 1929 colaboraba en la revista Lecturas [...] a partir de 1931 pasa a colaborar declaradamente en Solidaridad Obrera, Cultura Libertaria y Sindicalismo. Anarquista moderado, en la división del movimiento se inclinó por el grupo "Treintista" de Ángel Pestaña [3] y abandonó Solidaridad Obrera".

Por su parte Abel Paz [4] lo describe así:

"Bejarano era un tipo delgado, sumamente delgado, alto, de cara alargada, como escapada de un cuadro de El Greco. Cabello negro ensortijado y una frente abombada, extremadamente abombada. En su mirada titileaba siempre una brizna de ironía que hacía difícil saber cuando realmente bromeaba o hablaba en serio. Gustaba de los juegos de palabras en un castellano elegante y muy bien hablado, pese a ser de origen extremeño."

De la lectura de Castañar [5], que se ha interesado mucho por él y por su obra, conocí que podría ser natural de Alburquerque (Badajoz) y envié una primera versión de este artículo -en la que sólo apuntaba el dato- a Eduardo Maya Robles, que me fue presentado como gran conocedor de los temas de esta población, quien lo reprodujo en la revista local solicitando información sobre su lugar y fecha de nacimiento. ¡Gracias!

Benigno Bejarano

Se puso en contacto con él, y después conmigo, Mertxe Antona Bejarano, quien me facilitó una copia de la partida de bautismo de su tío abuelo Benigno, hermano menor de su abuelo Epifanio, junto con la fotografía que reproduzco: también se lo agradezco. Eduardo me hizo llegar después su partida de nacimiento.
 
Benigno Bejarano Domínguez nació efectivamente en Alburquerque, en la calle de San Pedro, el día 22 de noviembre de 1900, hijo legítimo de Segundo Bejarano Cordero, de 44 años de edad y de profesión corchero, y de Petra Domínguez Pérez, de 40 y las labores propias de su sexo, también naturales de Alburquerque, lo mismo que sus abuelos, Regino Bejarano y Juana Cordero los paternos, y Jesús Domínguez y Teodora Pérez los maternos.

Por el Archivo General del Instituto de Historia y Cultura Militar supe de su hoja de alistamiento. Era de profesión periodista. Medía un metro y 715 mm., tenía el pelo y los ojos negros, nariz aguileña, tez morena y, como señas personales, se decía que presentaba un "aire marcial", lo que no estaba en consonancia con su débil constitución física, hasta el punto de que fue rechazado para el servicio en su primera revisión, aunque reclutado después [6]. Fue destinado al Regimiento de Infantería de Vergara, en Barcelona, de donde desertó, siendo encarcelado y más tarde beneficiado por un indulto [7].

Es de suponer que, tras ser puesto en libertad, buscaría trabajo, cosa no fácil para un periodista de izquierdas en la dictadura primorriverista, máxime recién salido de prisión, pero lo encontró.

El secreto de un loco [8] lo escribió en 1928 y lo presentó al director de una popular revista barcelonesa del corazón, quien lo aceptó a condición de que introdujera algunos cambios. Así lo hizo y, cuando se presentó con las nuevas cuartillas, se encontró con la sorpresa de que su original ya había sido enviado a la imprenta. Según explica Castañar, tenía amistad con este director de Lecturas [9], Manuel Jiménez Moya, con el que había colaborado cuando éste era redactor jefe del periódico El Progreso, órgano del partido radical de Lerroux.

Anteriormente, todavía muy joven, ya había colaborado en otro periódico de izquierdas, España Nueva, de Madrid, donde igualmente dio muestras de su vena satírica en duros artículos de denuncia. Varios de ellos están firmados en Alburquerque y se refieren con tanto detalle a la situación de la comarca y la ciudad -escribió incluso una narración titulada Historia de Don Silicio de Alburquerque- que de ellos nació la idea de que pudiera ser de allí.

Tornando a El secreto de un loco,son de destacar las lucidas ilustraciones con que apareció, que responden con fidelidad a las descripciones de Marte y los marcianos que hace el novelista, no siempre fáciles de interpretar. Su autor fue Serra i Massana [10].

A partir de entonces, y por un par años, Bejarano fue un asiduo colaborador de Lecturas, a quien Mª Trinidad Labajo González, en el libro que dedica a esta revista, califica de "el gran imaginativo".Poco después Lecturas relanzó la obra, esto es, puso una cubierta a los cuadernillos de los ejemplares no vendidos, sin recortar siquiera los que eran de un tamaño un poco mayor, que así se pudieron adquirir independientemente de la revista.

Algo más tarde otro editor, Diego Jiménez Letang, le ofreció reeditar la novela, tornando a exigirle que realizara algunas modificaciones. El autor tomó la segunda versión que había compuesto y la entregó sin más, publicándose con el nuevo título de El fin de una expedición sideral (Viaje a Marte) [11], ahora sin las ilustraciones que adornaron la primera edición y con los citados cambios, de los que la mayoría no fueron afortunados. La cubierta de Clavé daba como título Viaje a Marte y la novela se reentapó con otra cubierta, ésta de Tomás, que sí ajustaba su título al de portada, aprovechando para subir su precio de 2 a 2'50 pesetas [12].

No concluyeron aquí los avatares de la novela, cuya tercera o cuarta edición, titulada como la primera y otra vez sin ilustraciones -no corrían tiempos para lujos-, la sacó la editorial de la C.N.T. un año antes de la terminación de la Guerra Civil [13], con una cubierta de un cierto Viejo que representa el cadavérico rostro del espectro con una imagen semejante a la de Nosferatu. De su Nota Editorial he tomado algunos de los datos que anteceden, que en parte he corregido y completado con nombres y fechas a partir de los ejemplares de que dispongo, éste lamentablemente sin cubierta: jamás he visto otro ni sé de ninguna biblioteca que lo tenga, aunque alguno deberá haber, probablemente en algún archivo del anarquismo.

En la producción literaria de Bejarano se distinguen claramente tres períodos. El primero, el de España Nueva y El Progreso, arranca de 1915; el segundo, el de Lecturas, abarca desde 1928 hasta 1931, y el tercero, el de Solidaridad Obrera y luego Cultura Libertaria -en la que se integró en 1933-, se extiende desde mediados de 1931, a poco de proclamarse la República, hasta la caída de Barcelona.

Nunca le faltó el humor, ni en los momentos más difíciles: "Si no tuviera la válvula de escape del escarnio o de la crítica, habría que volverse loco. ¡Loco!", dejó escrito, mas en el tiempo en que escribe cuentos y novelas por entregas para una publicación como Lecturas, su humor se torna evasivo, con el solo propósito de entretener y divertir al lector, de provocar su hilaridad, sin que sus argumentos reflejen para nada la problemática nacional: es frecuente que su acción tenga lugar fuera de España -incluso en otro planeta, como es el caso- y en tiempos pretéritos. Reproduzco de Castañar:

"Bejarano llega al extremo de buscar unos finales que destruyen o anulan las ideas fuerza que han movido a los protagonistas [...] Así, en Fantasmas, el muchacho bohemio que busca por todos los medios el éxito literario, acaba como dependiente de ultramarinos; en Conspiradores, el joven poeta que busca entre los conspiradores el material para construir una novela reportaje, cuyo éxito popular le permitirá aspirar a la mano de la joven a la que platónicamente idolatra, dejará la novela sin escribir al enterarse de la boda de la amada precisamente con el personaje que él había escogido para protagonista de la novela."

Y tres cuartos de lo mismo sucede en El secreto de un loco. Describe a los protagonistas de sus narraciones con caracterizaciones extremas: el uno es la personificación de la holgazanería, el otro de la metodología en la vida cotidiana, otro más de la contradicción entre la valentía en la exposición de sus ideas y la cobardía a la hora de ponerlas en práctica, y el protagonista de El secreto es el vivo ejemplo del sabio loco. Las complicaciones de la trama son inesperadas y los finales surgen de improviso de acontecimientos inimaginables.
 
Sus mejores novelas de este período, a más de El secreto de un loco y/o El fin de una expedición sideral, fueron las citadas Fantasmas y Conspiradores.

Bejarano, que había pasado con aparente facilidad de hacer periodismo comprometido a escribir historias para una revista de tinte conservador -por más que los contenidos de Lecturas fueran bastante eclécticos-, en cuanto se proclama la II República vuelve aún con más bríos a sus orígenes e inicia sus colaboraciones en "Soli" [14] -si se me permite la familiaridad-, artículos periodísticos en la línea ideológica de la C.N.T. en Cataluña, otra vez literatura de combate y denuncia en la que fustiga las muchas situaciones que le parecen injustas y, sin escatimar nombres propios, pone en la picota a numerosos políticos, no salvándose de su pluma ni el gobierno central ni el barcelonés: la República ha defraudado las expectativas del movimiento obrero. Estos artículos mordaces los firma con su propio nombre o con el seudónimo de "Dionisiere", el apellido del sabio loco de la novela que comento.

 

Sigue escribiendo cuentos y novelas que mantienen su compromiso antifascista, de modo que su gran obra Turistas en España (1933) se anuncia en Solidaridad Obrera como "el espíritu mordaz de Swift al servicio de la Revolución Social". Es una narración en la que pretende demostrar que el régimen no ha variado al pasar de la monarquía a la República: cuando el protagonista español pretende exponer a un inglés recién llegado a España los cambios en la política nacional, no lo consigue, se da cuenta de que no los ha habido

La política de la República en la cuestión obrera, por poner un ejemplo, la trata con el mayor humor negro. Llega a Sevilla una delegación de una Universidad americana con el encargo de aclarar sobre el terreno cómo es posible que, disparando siempre las fuerzas gubernamentales al aire, mueren cada día dos o tres obreros. Y, en lo tocante a la religión, otro ejemplo extremado es la aparición en un pueblo de Vizcaya de una Virgen a la manera de las de Lourdes o Fátima, con un letrero que dice: "No améis a la República".

Turistas en España vendría a ser la aportación de la izquierda a una novelística satírica hasta lo esperpéntico que hasta entonces había estado reservada a la derecha, con títulos como La República española en 191... [15], aunque la novela de Cirici Ventalló no alcanzó más que dos ediciones y ésta llegó a las seis, la primera a cargo del autor y las siguientes por cuenta de diversas editoriales. Su otra gran novela de este período fue Enviado especial (1938), edición propia publicada por Solidaridad Obrera.

Como por la época y el título se podría suponer, no es una novela sobre la guerra civil, aunque alguna vez se refiera a ella. Un periodista recorre Europa y escribe una serie de crónicas satíricas sobre la actualidad de una serie de países, muy en la línea del autor.

En la anticipación fantástica 1945. El advenimiento del comunismo libertario [16], Martínez Rizo sitúa a Bejarano en uno de los comités revolucionarios de Barcelona en ese año. No viviría para entonces: exilado en Francia tras la guerra civil, vivió en Burdeos, donde lo conoció Abel Paz, a él y a su mujer:

"Su mujer [17] era una madrileña muy echá palante, pizpireta, que llevaba a Benigno por la calle de la amargura. Sin quererla denigrar, vendía educación burguesa por todos sus pros, con poses mundanas. Nadie sabía cómo, ni el mismo Benigno, aquella mujer había logrado salvar de tanto expolio su ajuar, sus elegantes vestidos y sus zapatos de tacón alto, como se estilaba en aquella época. Todas las tardes se enfundaba en su ropa y se iba a pasear por la calle comercial de Sainte Catherine, se metía en todos los almacenes de ropa femenina para revolver todos los trapos sin poder, naturalmente, comprar ninguno, porque Bejarano, como todos nosotros, vivía a la quinta pregunta."

En 1942 fue detenido por la Gestapo y, tras pasar por varios encierros, a finales de 1943 terminó en el campo de concentración de Watenstedt, que era un campo satélite del más conocido de Neuengamme, cerca de Hamburgo, donde a veces se le sitúa. Javier Paniagua estaba con él y, por una carta suya a Abel Marinel, de fecha 23 de febrero de 1981 -dato que debo a Julia María Labrador- sabemos de sus últimos días.

Con su salud arruinada, minada por su irresistible adicción al tabaco, no pudo soportar el trabajo del campo y, por más que se intentó ayudarlo desde la enfermería por un médico polaco y un enfermero español, su estado no podía pasar desapercibido para los SS. Al no servir para un kommando de trabajos forzados, junto con otros en su misma condición se lo llevó un camión entre julio y agosto de 1944, "para trabajos menos pesados". En el propio "camión fantasma" fue gaseado y conducido al horno crematorio.

Me ha contado Mertxe que desde la guerra apenas mantuvo contacto con su familia, que pensé por bastante tiempo que se había exilado en Méjico y allí trataron de encontrarlo.

El secreto de un loco fue su primera novela y quizá la mejor, de un estilo verniano -hasta los protagonistas son franceses- y cercana al subgénero de la ciencia ficción que los americanos llaman "de inventor de patio trasero". Si no en el patio trasero de su casa, es en un solar que posee en las parisienses Canteras de América donde el sabio loco construye por sí solo su bólido interplanetario.

Su acción la narra en primera persona alguien no identificado que recibe en su casa de París la inesperada visita de alguien que ha inventado un vehículo en el que le propone viajar a Marte. Junto con dos sabios de su club, un astrónomo y un paleontólogo, acepta visitar el aparato, que es de acero bruñido y tiene la forma de una enorme bala de máuser rematada en punta por ambos extremos. Se mueve por la energía que toma del rayo y ésta lo impulsa a una velocidad de 3.000 kilómetros por segundo, lo que debería permitirle alcanzar el Planeta Rojo en unas pocas horas. El inventor, de nombre Paul Dionisiere, no sólo ha domesticado el rayo sino que sabe producir rayos artificiales cuando no encuentra los naturales.

En cuanto los tres hombres entran en el Rayo-exprés, éste despega sin previo aviso y se pone en vuelo hacia Marte, al que llegan en el tiempo previsto. Divisan atónitos desde el aire una masa de tierra roja, con flora roja, mares rojos y unos rectos canales rojos que forman una red de comunicaciones debida sin duda a la mano del hombre marciano.

Toman suelo alienígena y se topan con una gravedad menor que la terrestre, un aire más sutil, aunque respirable, y una temperatura muy fría para la que no están equipados, pues visten y calzan como lo hacían horas antes en París. Aún así se ponen en marcha para salir del desierto en que han caído -no parece que tampoco lleven provisiones consigo- y, sin hacer un solo reproche al loco, caminan por horas, discutiendo sobre la existencia de más de una luna en la Tierra y dos en Marte.

Se les une de pronto el criado del narrador, que se ha embarcado como polizón en el bólido, preocupado porque antes ha prestado sus servicios en el manicomio de que se ha escapado Dionisiere y sabe lo loco que está. Se había enamorado perdidamente de una señorita cuya vida estaba entregada con pasión a la lectura de folletines, entre los cuales El espectro de la caverna le había producido tan honda impresión que había tenido que recibir ayuda médica para superarla. Cuando le presentan a Dionisiere lo percibe como la viva imagen que se había formado del espectro y vuelve a caer enferma con sólo mirarlo. El joven ingeniero pierde la razón y sus amigos lo ingresan en el manicomio de que acaba de fugarse, ya que Marte y la Tierra van a entrar en conjunción y no puede esperar.

Cuando los cinco terrícolas salen del desierto encuentran a su primer marciano, que mide un metro de altura y presenta una rara forma. Sus piernas se rematan en pies de cuatro dedos con membranas interdigitales a la manera de los palmípedos y sus largos brazos, terminados en manos con tentáculos en vez de dedos, tienen varias articulaciones, -hombro, muñeca y cinco codos, según el ilustrador-. Su cabeza es todavía más extraña, con plumas multicolores en lugar de pelo, una trompa nasal y unos glóbulos laterales que le sirven de ojos.

No entienden lo que les dice pero sí los gestos de que le sigan. Camina a saltos de doce metros -después los verán desplazarse velozmente por los canales como patos-, deteniéndose luego a esperar a los terrícolas. Al cabo de dos horas de marcha alcanzan una pequeña elevación artificial del terreno y desde allí llama a sus congéneres por lo que hoy diríamos un teléfono móvil equipado con cámara fotográfica. Cuando llegan, uno coloca un "medidor de voliciones cerebrales" sobre el cráneo de Dionisiere, regocijándose al constatar que se trata de seres inteligentes. Les propone de inmediato un lenguaje gráfico en que cada figura -sol, árbol, persona, etc.- tiene debajo un número determinado de puntos y, así, alzando el brazo una vez por cada punto, empiezan a dominar los sustantivos.

 

Después se les ocurre que los verbos los pueden significar con movimientos que los reproduzcan y pasan a entablar el primer diálogo Tierra-Marte. Los marcianos no se han preocupado de los terráqueos porque pensaban que el nuestro era un planeta deshabitado, como Mercurio o Venus, mientras que mantienen comunicaciones radioactivas regulares con Júpiter.

Se sorprenden de que hayamos conseguido el vuelo interplanetario en la era de los fluidos, que ellos dejaron atrás hace doce millones de años para estar ahora en la de las "irradiaciones astrales", lo que supone que sus máquinas se mueven aprovechando la rotación de los astros, energía que nosotros desperdiciamos.

Embarcan en un gran navío esférico que se desplaza por el canal girando en torno a su eje vertical y arriban a la capital. Los 1.400 millones de habitantes de Marte se reparten en sólo doce grandes urbes, entre las que la capital, Hhhtop, alberga 194 millones en sus 130.000 kilómetros cuadrados de extensión.

Hemos asistido a un viaje interplanetario en un bólido movido por la energía del rayo que alcanza los 10.000 kilómetros por hora, hemos visto a unos marcianos de brazos de cinco codos, pies de pato y plumas en la cabeza que viajan en barcos que los conducen girando como en un tío vivo, y ahora nos encontramos con una ciudad que es como la cuarta parte de España y entre cuyos puntos extremos hay más de 400 kilómetros de distancia: es una concepción tan grandiosa como implausible.

No se trata por más de una ciudad de superficie sino aérea, levantada a una altura de entre 1.500 y 2.000 metros sobre colosales trípodes de mampostería, unidos por una muralla en sus partes más altas, de modo que desde lejos semeja un gigantesco acueducto. Ello se debe a que el deshielo periódico de los casquetes polares, que es la fuente de las aguas en un mundo en que no llueve, inunda por un tiempo la superficie del planeta.

Los marcianos visten uniformemente de negro y las marcianas -de plumas más largas y coloridas en la cabeza- de rojo escarlata, desplazándose por millones sobre la ciudad en unos ligeros aparatos conformados por una pequeña plataforma circular que sustenta un sillón individual y un volante que orienta el timón de vuelo, provistos de un botón para la conexión o desconexión de la energía de tipo gravitacional que proviene de los astros y suministran unos enormes acumuladores.

Nuestros complanetriotas son conducidos a sus habitaciones y, sabedores ya de la avanzada civilización científica de sus anfitriones, conocen también su avanzado desarrollo moral. Son sabios, pacíficos y bondadosos, no hacen la guerra ni matan siquiera animales, sean comestibles o no. El planeta entero constituye un solo estado regido por un mandatario supremo, nadie trabaja porque las máquinas lo hacen por ellos y alcanzan una media de vida de treinta años, ya que son una raza vieja y la longevidad de los seres es inversamente proporcional a la antigüedad de su especie: por eso los hombres de la Tierra vivimos más. Ni qué decir tiene que el autor no considera para nada la doble duración del año marciano con respecto al nuestro.

En la visita que realizan a la ciudad, una bella marciana llamada Dissi, que viste el corto traje rojo de las mujeres, explica que en el orden de los instintos son una humanidad primitiva, sin pecado, y que en las épocas en que el traje era más largo, la moral era más relajada.

Esta alusión a cuánto se tapan las terrestres y su moral hipócrita es uno de los comentarios suavemente irónicos que el autor dedica a la sociedad en que vive. En el mismo sentido está el hecho de que las marcianas tomen la iniciativa para proponerse como pareja a los marcianos, igual que hacen ellos con ellas. En otro orden de cosas, dice Bejarano que la emigración del mundo rural al urbano ha dado lugar a la desaparición del primero en Marte, en clara alusión a un fenómeno que ya se ha iniciando en la Tierra: no olvida del todo, aunque lo disimule, sus ideas y preocupaciones sociales.

Cuando visitan el centro de comunicaciones los terrestres dirigen un mensaje a los jovianos, "Salud y prosperidad, hermanos del espacio", que éstos agradecen, preguntando a continuación cuánto gastan las perfumarías de la Tierra en propaganda: por raro que parezca es el baremo que utilizan para estimar rápidamente la cultura de una raza.

El autor se complace a veces en sencillas ironías, tales la anterior o las de que el sabio loco lo está por culpa de una señorita enferma de leer folletines, que es lo que él escribe y publica la revista, o, incluso, cómo ridiculiza los nombres propios que imaginan los autores en los idiomas de otros mundos, y así la capital de Marte es Hhhatop, con tres haches: siendo muy generosos se podría entender considerando que los marcianos tienen una escritura complicadísima que reproduce todos los sonidos de su voz, incluidos los de entonación y otros más sutiles, para la que emplean cinco pentagramas unidos, ¿un icosapentagrama?

La última gran broma llega cuando Dionisiere se enamora de Dissi y se cree correspondido, lo que le hace recuperar la razón perdida y olvidar el secreto de la fabricación de rayos artificiales, necesarios para abandonar Marte porque en su atmósfera no se originan rayos naturales.

El autor sabe mantener el suspense y éste lo prolonga por un tiempo, apenas interrumpido por la misteriosa desaparición del paleontólogo: a las tristes reflexiones del narrador sobre la imposibilidad de regresar a la Tierra se unen los planes que él y el astrónomo idean para que Dionisiere vuelva a enloquecer, planes en los que intervienen la bellísima Zess, hija del Jefe Supremo, Wimmg, el hermano de Dissi, y la propia joven, que siente una gran simpatía por el inventor y no quiere hacerle un desplante ni siquiera cuando la engañan diciéndole que está casado y tiene once hijos.

Al final consiguen que Kostes, el prometido de Dissi, le diga falsamente a ésta, en presencia de Dionisiere, que rompe su compromiso con ella porque tiene secuestrado en su casa al paleontólogo desaparecido y lo ha convertido en su amante. Dionisiere retorna a la demencia y al bólido, seguido por el narrador, su criado y el astrónomo: a los primeros les da tiempo a embarcarse pero el tercero aún está corriendo desesperadamente cuando despega el ingenio.

En el penúltimo capítulo el criado Rogelio confiesa a su señor que en realidad no es un sirviente sino que se ocupa de cuidar a Dionisiere por un problema de conciencia, ya que se considera culpable de su locura por ser el autor del folletín El espectro de la caverna: va a volver a acompañarlo en el manicomio.

No sabe con cuánta razón lo dice. En el último capítulo el Rayo-exprés se hunde en el Atlántico, aunque sus pasajeros consiguen ponerse a salvo y ser recogidos por un pesquero que los conduce a Francia. Ya decía Castañar que en Bejarano las complicaciones de la trama eran inesperadas y los finales surgían de improviso de acontecimientos inimaginables. Y así va a ser en esta historia que poco encierra de utopía y mucho de comedia espacial.

El narrador, su criado y el inventor son acusados en París de la muerte de los dos sabios desaparecidos, el astrónomo y el paleontólogo con quienes fueron vistos salir, y al insistir en que se quedaron en Marte, el juez los declara irresponsables y los hace encerrar en el manicomio en que ya había estado recluido Dionisiere, donde el primero pone por escrito esta historia con el propósito de que la opinión pública la conozca e intervenga en su favor para que sea dejado libre.

La segunda edición de la obra, la titulada El fin de una expedición sideral, es una reescritura completa de la primera. Conserva los mismos protagonistas terrestres, aunque se revela que el robiñano narrador no es francés. sino el español Ruperto Ortiz, que tiene en su mesilla de noche como somníferos tanto píldoras como versos de Campoamor, que le sirven por igual para dormir, y dice cosas como que Dionisiere sería un espécimen ideal para el Dr. Esquerdo.

Por cuanto se refiere al argumento, comienza y termina de la misma manera, aunque sus episodios se desarrollan de un modo más detallado y verosímil: pasa a narrarse un hecho increíble de forma más creíble. Estos episodios son el funcionamiento del bólido interplanetario, del que se ofrece un plano esquemático, el más accidentado viaje espacial, la detención y juicio final de los "irresponsables" y, largamente, el desengaño amoroso que sufre el sabio loco por parte de la lectora neurasténica de folletines; el director del manicomio le permite salir todos los días, vigilado por Rogelio, a trabajar por ocho horas en la construcción de su bólido.

Al llegar a Marte todo es diferente, empezando por los marcianos, que ya no tienen brazos articulados ni miden nada más que un metro, sino que dan la talla de un hombre de baja estatura. A lo que más se parece ahora su cara es a una radio de entonces, hoy sería a un robot. Cada órgano cumple sólo una función y así la boca sirve para comer, hablando por una trompetilla que llevan en la frente, y los ojos para ver, llorando por unos pequeños orificios situados detrás de las orejas por donde vierten sus lágrimas.

Cuando aterrizan y abandonan el desierto, se topan con un castillo roqueño desde el que se les grita "¡Alto! ¿Quién vive?" en correcto castellano; responden asombrados que son hombres de la Tierra y la misma voz les replica que ya se lo habían figurado.

Mientras aguardan a que los reciba el Emperador se enteran de que reciben bastantes viajeros de otros astros, particularmente de la Tierra, que es el planeta más cercano, hasta el punto de que ya conocen varios idiomas europeos. El castellano se lo enseñó Domingo González, a más del caló, que emplean en las corridas de toros, introducidas también por el sevillano. Éste visitó Marte después de la Luna y, si no lo contó el buen obispo Godwin, fue porque la existencia de los marcianos contradecía la teoría religiosa sobre los mundos del cielo.

Los terráqueos son invitados a comer y cenar por su Majestad Imperial, de nombre Max Blimk, y al día siguiente a presenciar una corrida de toros. El palacio y la plaza son las únicas construcciones existentes en Marte, ambas levantadas según los planos de Domingo González, y aquellas portentosas ciudades aéreas que cautivaban al lector de la primera edición son ahora simples hileras de palos horizontales donde duermen los marcianos como aves de corral.

Marte y los marcianos pierden toda su grandeza y la acción de la novela se desenvuelve en episodios chuscos hasta lo burlesco. Antes del festejo taurino, por ejemplo, hay bailes regionales, lanzamiento de disco, boxeo, peleas de gallos y rigodón, rematándose la corrida de un modo completamente ridículo.

A todo esto, al tiempo que el emperador se emborracha, su esposa Dowa recibe las atenciones de Dionisiere que, al creerse correspondido, recupera la cordura y es incapaz de dirigir el bólido. No yerra en su apreciación pues, al cabo de unos días, la emperatriz se fuga con él a una isla remota que es el único territorio marciano que no está sometido al Imperio.

El emperador envía para su captura a seis destructores, con lo que nos enteramos de que esos marcianos que duermen en un palo horizontal a la intemperie -una dirección postal puede ser "travesaño 2394, distrito B"-, tienen buques de guerra y radio, es de suponer que construidos en astilleros y talleres al aire libre, aprovechando que en Marte no llueve nunca.

Uno de los destroyers da alcance al barco de los fugitivos y los detiene. Conducidos a presencia del emperador, la emperatriz se arroja a sus pies, miente y es perdonada, besándose y abrazándose los imperiales esposos, lo que arrastra de nuevo a la locura a Dionisiere.

Es condenado a morir ahorcado al amanecer del día siguiente y, en el último momento, con el patíbulo ya levantado, Ortiz recuerda que Max Blimk le dijo en una ocasión que a un emperador de Marte le sucede quien se hace con unas actas sagradas que el reinante mantiene escondidas. Las busca y encuentra el pergamino que es un documento al portador que vale la corona imperial. Haciendo uso de él por un instante, libera al sabio loco y de seguido restituye el poder a quien lo venía ostentando.

Lo que hacen al día siguiente es regresar a la Tierra el narrador Ruperto Ortiz, su criado Rogelio y el inventor demente Paul Dionisiere, pues el astrónomo decide quedarse en el Planeta Rojo como director de su Observatorio y el paleontólogo se ahoga pescando en un canal. Ya en París, los acontecimientos se resuelven como antes.

La última edición de El secreto de un loco, la inencontrable de Solidaridad Obrera, no sigue el texto de la primera, como se afirma en su Nota Editorial, sino que reproduce las partes inicial y final de El fin de una expedición sideral, más conseguidas que las de El secreto,y mantiene las aventuras en Marte de ésta, notablemente superiores a las que las siguieron.

* * *

Este artículo se publicó en el cuadernillo de Apuntes para la historia de la ciencia ficción española: Españoles que fueron a Marte, Madrid, 2004, y se revisó en 2008.

NOTAS

1. Nora, Eugenio G. de. La novela española contemporánea (1898-1967). Madrid, Gredos, Biblioteca Románica Hispánica, 1963-71.

2. Mañá Delgado, Gemma; García Heredero, Rafael; Monferrer Catalán, Luis; Esteve Juárez, Luis A. La voz de los náufragos: la narrativa republicana entre 1936 y 1939, Madrid, de la Torre, 1997.

3. Los faístas -de la FAI- deGarcía Oliver o Durruti procedían del movimiento obrero y eran radicales en sus planteamientos; los treintistas -del Documento de los Treinta- de Ángel Pestaña o Juan Peiró eran de origen intelectual y más posibilistas en sus propuestas de acción. Era lógico que Bejarano se fuera con los segundos.

4. Paz, Abel (Diego Camacho). Entre la niebla (1939-1942), AE (Edición de Autor), Barcelona, 1993. El autor dedica varias páginas a su encuentro con Bejarano, "el maestro", del que había leído todos sus libros, que le doblaba en edad, en su cuarto del hotelito que ocupaba en Burdeos, con un caballete y un lienzo a medio pintar junto a la ventana.

5. Castañar, Fulgencio. "Un novelista olvidado. La sátira política de Benigno Bejarano", revista Tiempo de Historia n1 20, Madrid, julio 1976, pp. 66-70. "Benigno Bejarano: periodismo de denuncia y literatura satírica. Perfil de un escritor extremeño olvidado", Revista de Extremadura 20 época n1 21, Salamanca, septiembre-diciembre 1996, pp. 151-165 (he tomado datos de estos dos artículos).

6. Estos datos biográficos, hasta ahora desconocidos, y todo el artículo e ilustraciones se los he pasado con mucho gusto a Julia María Labrador, de la Universidad Complutense de Madrid, quien, junto con un extenso trabajo de investigación propio -del que también he tomado algo-, los da a conocer con mayor amplitud en la revista Arbor, editada por el Conejo Superior de Investigaciones Científicas, a donde remito al lector interesado en este autor.

7. La Vanguardia, de Barcelona, 15 de agosto de 1925 y 31 de julio de 1927, respectivamente.

8. Bejarano, Benigno. El secreto de un loco, Barcelona, folletín de la revista Lecturas, febrero-octubre de 1929, 9 cuad. con 144 pp. de 21x15 cm., aprox., ilustr. de Serra Massana.

9. Lecturas nació en 1921 como suplemento literario de El hogar y la moda. Jiménez Moya quería incluir un cuadernillo de una novela por entregas en cada número y El secreto de un loco le resolvió nueve meses.

10. Josep Serra i Massana nació en Igualada en 1896 y falleció en Barcelona en 1980. Trabajó como ilustrador para editoriales y como dibujante de cómics para las revistas En Patufet, TBO, Chicos, Flechas y Pelayos y otras, firmando a veces "Yusuf", "Fausto" o "Plinio". Junto con Ramón Miret Baldé realizó las primeras películas de dibujos animados en España.  

11. Bejarano, Benigno. El fin de una expedición sideral (Viaje a Marte), Barcelona, D. Jiménez Letang (Barbará 13), Colección Popular de Aventuras, 1932, rúst., 110 pp. de 22x15 cm., 2 pta., reentapado a 2'50 pta. El título de portada fue El fin de una expedición sideral (Viaje a Marte), mientras que en la cubierta de Clavé se leía sólo Viaje a Marte, más a modo de frase publicitaria "La más extraña aventura interplanetaria". La cubierta de Tomás con que se reentapó titulaba El fin de una expedición sideral (Viaje al planeta Marte). Las páginas interiores se mantuvieron en su integridad.

12. Jiménez Letang apostó para estas cubiertas por dos dibujantes jóvenes. Antoni Clavé Sanmartí había nacido en Barcelona en 1913 y, a sus diecinueve años, simultaneaba su trabajo como vendedor en una tienda de ropa con su asistencia a las clases nocturnas de la Escuela de Bellas Artes de San Jordi. Más adelante, su decoración de las fachadas de los mejores cines de Barcelona con grandes carteles alusivos a los filmes que se proyectaban, de estilo sintético, fue un éxito tan rotundo que le abrió las puertas de la escenografía. Cruzó la frontera tras la guerra, instalándose en Francia, donde realizó creaciones de decorados y figurines que lo condujeron hasta el mismo Hollywood. Con los años fue cultivando cada vez más la pintura, empezando por el impresionismo pero investigando toda clase de estilos y técnicas, obteniendo numerosos premios y realizando numerosas exposiciones: sus cuadros están hoy colgados en muchos grandes museos. Falleció en Saint Tropez en 2005.

Jaime Tomás García era también barcelonés y un año mayor que Clavé. Colaboró en revistas satíricas y juveniles, como Pocholo Chicos y Tío Vivo: sus viñetas recuerdan a veces a las de Alex Raymond en Flash Gordon. Falleció en Barcelona en 1941, a la temprana edad de veintinueve años. Su portada reproduce la nave espacial que describe el autor y la cabeza amarillo verdosa de aspecto cadavérico es recreación de los rasgos del inventor de la nave, a juzgar por su semejanza con el espectro de la caverna.

13. Bejarano, Benigno. El secreto de un loco (Expedición al planeta Marte), Barcelona, Eds. Maratón, Solidaridad Obrera, 4ª ed., 1938, rúst., 224 pp. de 19'5 x 12'5 cm, 10 pta.; cubierta de Viejo. Supongo que dice 4ª edición porque entiende que en alguna de las dos ocasiones anteriores hubo realmente dos ediciones.

14. El primer artículo de Bejarano en Solidaridad Obrera apareció el 24 de julio de 1931.

15. Ver los apuntes dedicados al boom de la política ficción en España.      

16. Ver los apuntes dedicados a las utopías anarquistas españolas.     

17. Abel Paz me ha dicho personalmente que, aunque la llama su mujer, la tenía por su compañera, mientras Carmen, la madre de Mertxe y sobrina de Benigno, la decía la tía Conchita, "que había sido actriz".

 
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