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"Un país extraño" se publicó por primera vez en Blanco y Negro, de Madrid, el 28 de septiembre de 1919 [1]y después en La Novela Semanal argentina el 27 de julio de 1925, habiéndose reimpreso ace poco en ese país [2]. Su autor fue el ingeniero del ejército español Miguel Calvo Roselló [3], nacido en San Juan, provincia de Puerto Rico en 1878, hijo de Miguel Calvo Alonso y Hortensia Roselló Laforest.

A los dieciséis añoa ingresó en la Academia del Arma de Ingenieros, fue teniente a los diecinueve y se retiró en 1931 con el empleo de teniente coronel, aunque despupes de la guerra vuelve a aparecer brevemente ta como coronel. Se jubiló defitivamente en 1940, al cumplir la edad reglamentaria. Durante buene parte de su vida llevó a cabo una actividad literaria.

Blanco y Negro es de sobra conocido, al menos en España. La Novela Semanal argentina lo es bastante menos. Tomaba ésta a veces textos de publicaciones semejantes españolas a los que a veces se sometía a un proceso de "nacionalización" [4], según leo en Paula Labeur [5], modificando el escenario de la acción cuando no la nacionalidad de sus personajes, lo que aquí no es el caso. "Un país extraño" se presentó como un relato de amor en una sociedad de costumbres y leyes radicalmnente distintas de las nuestras, que su autor ya había racionalizado como obra de un demente para que mejor lo aceptara el lector.

La Novela Semanal, que salía cada lunes al módico precio de 10 centavos, vino a llenar un vacío editorial en Argentina, como publicaciones semejantes, de las que me he ocupado en otras reseñas, lo hicieron en España.

El malogrado escultor Pablito Orellana sufre un terrible accidente ferroviario, pierde el conocimiento y despierta en un país extraño, donde le suceden las aventuras que narra en el manuscrito que remite al autor de la novela desde el manicomio en que está recluido.

Se despierta en un lugar en que todo está automatizado. En cuando se incorpora, las sábanas se arrollan, la cama adopta la posición vertical y él es lavado y vestido por máquinas, que asimismo le reponen las energías perdidas. El obligado interlocutor que está preparado para atenderlo le informa de que se halla en la Ciudad nº 3 del País Libre, un país con unas libertades como nunca otro ha existido en el mundo. Corresponde al bolcheviquismo de 162 años de desarrollo de la revolución rusa, que en su origen fue sólo un balbuceo de lo que llegaría a ser.

El Consejo Directivo ha acordado traer periódicamente algunos "irredentos" e invitarlos a participar de su vida social por el tiempo que deseen, con la absoluta seguridad de que después preconizarán sus excelencias. Orellana ha sido uno de los elegidos y, como allí todo el mundo trabaja, se le invita a ejercer un oficio.  

Cada uno hace "lo que debe" y no "lo que quiere", no a pesar de las "máximas libertades", sino en virtud de ellas, como le explica a Pablito su interlocutor, llamado 57-4-11.3. Los ciudadanos no poseen nombres, sino cifras, según una convención muy utilizada en la literatura de anticipación de la época y de otras posteriores, incluido que, coloquialmente, se abrevie su cifra a los tres o cuatro primeros números. Este individuo, que ha sido designado para ocuparse del visitante durante su estancia en el país, ocupa el folio 57 en el libro 4 del estante 11 de la ciudad 3, donde se anotan cuantos hechos relevantes le acontecen.

Pablito ha de trabajar, mas no como escultor, que no es oficio útil al Estado, sino como mecanógrafo, pues que sepa escribir a máquina es lo más aprovechable de él. 57-4 le presenta a su hermosa mujer, 48-21, y los tres se encaminan al "comedero", donde unas máquinas ponen los alimentos sobre la mesa en otra convención usual en la literatura de anticipación. Ya no lo es tanto que bajo cada plato exista una báscula que pesa la comida consumida, que se paga a razón de tanto el gramo en bonos de trabajo, que sólo alcanzan a cubrir el nivel de subsistencia. Conoce allí a 12-6, la bellísima hija soltera de la pareja.

El matrimonio y la reproducción son obligatorios al alcanzar los veinte años de edad, pero no es para siempre: de hecho, 48-21 ha tenido seis maridos y no es de las que más. Nada es de uno, todo de todos, esto es, del Estado, así que los hijos habidos pasan a poder de éste, que luego los reintegra a una familia que no tiene por qué ser la de sus padres biológicos.

Los inventores gozan de prioridad a la hora de reclamar esposa, incluso si ella ya está casada. Los débiles, enfermos y deformes son eliminados en otra frecuente convención eugenésica, y para evitar la superpoblación los ciudadanos son eliminados al llegar a cierta edad y siguiendo determinados cálculos sobre otros parámetros. A 48-21, aunque todavía es joven, le llega su y dos empleados públicos se presentan en la casa y la electrocutan limpia y rápidamente en el cuarto de baño. Luego le preguntan amablemente al marido y la hija si desean quedarse con el cadáver o prefieren que se lo lleven,

Todo está regulado a silbo de sirenas, con palabras que hay que escuchar, instrucciones que hay que seguir y hasta ejercicios gimnásticos que hay que realizar. La Inspección Tutelar ve y escucha cuanto se hace y dice en las viviendas particulares, de modo que a Pablito, a pesar de su condición de viajero espaciotemporal irredento, le cuesta varias reprensiones y multas hablar con la desenvoltura con que lo hace,

"El amor es una pasión funesta que enlaza unos seres con otros, restándoles independencia y libertad", más Pablito y 12-6 se han enamorado y, como a ella la ha reclamado para sí un inventor con mejor derecho, deciden huir juntos por el camino que les mostrará 57-4. Para hacer sus planes desconectan los telefonoscopios que los vigilan, pero el sistema se recupera automáticamente y llegan a la casa unos policías que electrocutan sin más al padre y la hija.

Con cierta dosis de humor, más bien de feroz sarcasmo, el autor se ensaña con la absoluta falta de libertades del País Libre, en clara alusión al bolchevismo que ha triunfado en Rusia. Sin que falte su "Gran Hermano", se adelanta en veinticuatro años al 1984 de Orwell.

 

NOTAS

1. Con lucidas ilustraciones de Joaquín Valverde, que hizo un retrato del autor.

2. Id., La Novela Semanal, Buenos Aires, 27 julio 1925. Reeditado en Doce cuentos para leer en el tranvía, de Margarita Pierini, Universidad Nacional de Quilmes, Bernal, 2009, con introducción de Pablo Capanna.

3. Está firmado Miguel A. Calvo Roselló, aunque en su Hoja de Servicios figura siempre como solo Miguel.

4. Proceso que luego sería moneda de cambio común en España, Méjico o Argentina en las primeras novelas traducidas de ciencia ficción norteamericana.

5. I Congreso Internacional de CELEHIS, Mar del Plata, 6-8 diciembre 2001. Ver también "Científicos en La Novela Semanal", de Laura Cilento y Paula Labeur, en el fanzine Cuasar nº 35, de Luis Pestarini, Buenos Aires, noviembre 2003.

 
 

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