Presentación
Apuntes
Artículos Biblioteca
Contacto
 
[1]   [2]   [3]   [4]

I. POR LOS ESPACIOS IMAGINARIOS

Nilo María Fabra Deas nació en Blanes (Girona) el 21 de febrero de 1843. Empezó a escribir versos (Poesías, 1860, y el canto épico La batalla de Pavía, 1861), teatro (la comedia Amor y astucia, 1860) y hasta una zarzuela (Las máscaras, 1860). Mas pareció tener claro  desde un principio que su verdadera vocación era el periodismo y ya a los dieciséis años trabajaba para algún diario de Barcelona.

Se trasladó pronto a Madrid y en 1865, cuando contaba sólo veintidós años, fundó el Centro de corresponsales que un lustro después se convertiría en la Agencia Fabra. Esta Agencia duró mucho tiempo, le siguió en su dirección su hijo Nilo Fabra Herrero (Madrid, 1882 - Madrid, 1923) y no desapareció hasta la llegada al poder de Franco, cuando éste unificó las tres Agencias de noticias entonces existentes en España y, aprovechando que el nombre de las tres empezaba por F (Fabra, Febus y Faro), creó la conocida Agencia Efe.

No es cosa anecdótica esta creación de Fabra, sino una muestra de su preocupación por la técnica, lo nuevo, los adelantos científicos y su aprovechamiento práctico. Mediado el siglo XIX, cuando ya se disponía de periódicos de información en Francia, Alemania o Inglaterra, en España se seguían publicando "páginas grises, monótonas, amazacotadas", sin el menor relieve tipográfico, repletas de artículos de opinión, financiadas por los partidos. Eran periódicos para leer, como dice Seoane [1].

A finales de siglo se habían convertido en periódicos para ojear, con titulares y noticias, con anuncios que permitían su financiación independiente. Esto fue posible gracias a las agencias de noticias y a éstas las hizo operativas el telégrafo. El telégrafo supuso una verdadera revolución, por lo que no es de extrañar que nuestros autores de proto ciencia ficción se ocuparan tanto del desarrollo y las posibilidades de este medio de comunicación. El otro adelanto científico que aparece en todos los títulos de Fabra es el ferrocarril, que era, entre otras cosas, el vehículo por el que llegaban los periódicos a sus lectores distantes.

En España el telégrafo se instaló en 1846 y el dispositivo eléctrico en 1852, sólo para usos oficiales, abriéndose al servicio público en 1855. El primer intento de crear una agencia de noticias y un periódico de información fue el que hizo en 1848 Manuel María de Santa Ana con La carta autógrafa, que no pasó de un intento frustrado.

Fabra se interesó muy pronto y de veras por este tema, hasta el punto de que es más fácil encontrar su nombre en un libro que /recoja la historia de la prensa que en un diccionario de autores. Tras fundar el citado Centro, en 1866 se desplazó al frente de batalla de la guerra de Prusia contra Austria, como corresponsal del Diario de Barcelona, al que estuvo ligado por muchos años. Y en cuanto creó su Agencia en 1870, se fue de nuevo, esta vez a los frentes de la guerra de Prusia contra Francia, manteniendo a su Agencia vinculada con la Havas, de París, y la Reuter, de Londres, además de asociada a la Federación de Agencias Telegráficas Mundiales.

Aunque parezca paradójico, a su regreso a España introdujo el servicio de palomas mensajeras para la transmisión rápida de noticias desde los puntos que no cubría el telégrafo y, así, por ejemplo, cuando en 1875 Alfonso XII llegó a España, envió por este medio sus crónicas al Diari desde la misma fragata Navas de Tolosa.

En 1867 publicó un Compendio de geografía universal y una obra titulada Alemania e Italia en 1866, la novela Ball-Park en 1879y El problema social en 1891, con un prólogo sobre el socialismo de Emilio Castelar. Fue correspondiente de la Real Academia Española, diputado en 1876 y senador en 1990 por la provincia de Alicante, y murió en Madrid el 24 de abril de 1903, a los 60 años de edad. El Ayuntamiento de Barcelona le ha dedicado una calle.

A sus cuentos les llamaba consejas y los tres libros que recogen los antes aparecidos en revistas, generalmente en La Ilustración Española y Americana,se inician con Por los espacios imaginarios (con escalas en la Tierra), editado en 1885 en Madrid, en la librería de Fernando Fe, que estaba en la Carrera de San Jerónimo nº 2; rústica, 159 páginas de 18x12 cm. Contiene un artículo y ocho relatos, el primero de los cuales reviste ya el carácter de una anticipación fantástica. Fiel a la literatura europea de la época -sólo en Francia se escribieron más de cien guerras imaginarias en el siglo XIX-, describe con veinticinco años de adelanto "El desastre de Inglaterra en 1910".

A fines del XIX y principios del XX, tras la imaginada guerra de Francia, Italia y Rusia contra Alemania y Austria, y la destrucción del imperio otomano por la coalición de Serbia, Rumanía, Bulgaria y Grecia, más el principado cristiano de Palestina, el mapa de Europa ha cambiado. Rusia se extiende hasta Siria, Alemania se ha incorporado los Países Bajos y Luxemburgo, que sólo gozan de un pequeño grado de autonomía, y España y Portugal han firmado un acuerdo aduanero que unifica sus intereses hasta el punto de que la primera ayuda al segundo en sus colonias ultramarinas y los lusos a los hispanos en el dominio de Marruecos.

El mapa social ha variado también. La paz estable permite reducir los gastos militares y potenciar la industria, que precisa de nuevos mercados. Éstos son sobre todo los de Oriente, cuyas puertas guarda celosamente Inglaterra, "atenta siempre al propio interés y sorda al ajeno". Por si esto fuera poco, los ingleses están en Gibraltar contra la voluntad de España, en Malta contra la de Italia, en Creta contra la de Grecia y en Gallípolis atacan a Rusia. No fue de extrañar que Europa entera se aliase contra la Gran Bretaña.

Ésta toma la delantera y, tras recibir un enérgico ultimátum continental, el 2 de diciembre de 1909 anega el ya existente túnel bajo la Mancha y corta toda relación con el resto de Europa. No se sabe nada nuevo hasta que una escuadra compuesta por 42 buques blindados de gran porte, varios avisos y 80 transportes atraviesa el estrecho de Gibraltar. Lleva 50.000 hombrees a bordo que van a reforzar el ejército de Egipto, compuesto por otros 50.000. Los británicos construyen sendas fortificaciones a la entrada y salida del canal de Suez e impiden el paso de los barcos de otras nacionalidades.

El autor sólo considera formaciones de cien mil hombres o la mitad, como poco. Alemania y Austria envían 100.000 combatientes cada una, gracias al desarrollo de los ferrocarriles, y países como Serbia, Grecia y alguno más mandan otros 50.000. España mantiene en principio su neutralidad, aunque torpedos disparados desde Cádiz echan a pique dos acorazados ingleses, detalle que salió a relucir en la segunda HispaCon de Cádiz, Gadir 95.

El Almirantazgo se irrita y bombardea de un modo cruel Alicante, que era plaza abierta. Entonces España concede patente de corso a todos los navíos que la solicitan -entre ellos muchos hispanoamericanos- y los corsarios perjudican notablemente el comercio británico, que es fundamentalmente naval. Poco después, tras la batalla de Tel-el-Kibir, las tropas europeas toman al asalto El Cairo, "la Cartago moderna", los ejércitos rusos consiguen asimismo victorias importantes en la India y la corte de Saint James se rinde, firmando una paz justa y honrosa, aunque nos devuelven Gibraltar, así como Creta a Grecia, Malta a Italia y Gallípolis a Rusia.

Al final del cuento el autor rinde homenaje a Inglaterra: loa rusos vencen en la India porque las tropas indígenas no luchan con el arrojo de las inglesas, que se baten heroicamente, igual que en Egipto, y se reconoce muy expresamente la contribución de este país a las formas políticas imperantes en el siglo XX.

El profesor Santiáñez-Tió, en el prólogo de su Antología de la ciencia ficción española (1832-1913), escribe: "El autor español que más destacó en los años finiseculares en el cultivo de la anticipación de mundos futuros fue el periodista Nilo María Fabra", de quien incluye tres cuentos entre las diecisiete narraciones que reproduce.

Hace ver el antologista la importancia que concede nuestro autor al desarrollo de la ciencia y de la técnica en el progreso de la sociedad. En "El desastre de Inglaterra en 1910" Fabra cuenta cómo los ejércitos alemán y austriaco se desplazaron con giran rapidez gracias a los ferrocarriles, lo que probablemente aprendió del despliegue de las fuerzas prusianas en la primera guerra a la que asistió; narra las mejoras en el armamento, a las que no debe ser ajeno cómo aquellas tropas luchaban con unos nuevos fusiles que ya no se cargaban por el cañón sino por la culata, y demás.

Y hay otras cosas. La idea de que la tensión de Europa nace de un problema económico es interesante y refleja las inquietudes de Fabra sobre el tema social, aunque sea desde un punto de vista personal. Y, sobre todo, hay que decir que la unión de la Península Ibérica fue ambición común del autor y demás escritores fantásticos conservadores de la época y de bastantes de los renovadores, aunque los primeros fueran los más, del mismo modo que con frecuencia los sedujo el dominio de España sobre el Norte de África. 

Otro cuento fantástico fue "Cuatro siglos de buen gobierno", que utiliza un artificio ucrónico para contar cómo no debió llegarse a la situación por la que atravesaba España a finales de siglo. Se trata de la primera ucronía española, un tanto en la estela de las de Geoffroy y Renouvier, carente de su grandeza en la extensión, pero que describe igualmente la historia como al autor le hubiera gustado que fuese. El infante Miguel, nieto de los Reyes Católicos e hijo del rey Manuel de Portugal, muerto en la realidad en 1500, cuando tenía dos años, llega a la edad adulta y se convierte en  monarca de Castilla, Aragón, Navarra, Portugal, Sicilia y el Norte de África hasta el desierto de Libia.

A pesar del título, la acción concreta apenas sobrepasa el reinado  de este soberano, que toma las medidas necesarias para que España no llegue al estado al que cuatrocientos años después ha llegado. Recupera a los judíos expulsados, convierte a los moriscos tratándolos con gran benevolencia y, sin que quede muy claro cómo, hace de Iberia la potencia hegemónica del planeta en todos los órdenes, supremacía que conserva a finales del siglo XIX. Tiene su capital en Toledo, Barcelona es el primer puerto del mundo y también Lisboa es ciudad importantísima. Hay autores a los que ha seducido una tricapitalidad de Madrid, Barcelona y Lisboa para figurar una Iberia federada por Castilla, Cataluña y Portugal, mas Fabra se contenta con dar gran relevancia a las dos últimas y sacrifica Madrid en aras de Toledo.

Entre los adelantos científicos destacan los tan traídos ferrocarriles, que se desarrollan en nuestro país inverosímilmente pronto, la canalización del Tajo desde Toledo, el Guadalquivir desde Córdoba, el Ebro desde Zaragoza y otros muchos ríos más. En lo político, Don Miguel alcanza ya unas cortes con representación popular; en lo económico, toma medidas para impulsar el comercio internacional, siempre con adelanto sobre las demás naciones; en lo religioso, tras proclamar la inquebrantable fe católica del monarca y la lealtad inamovible del pueblo ibérico a Roma, empieza por moderar el funcionamiento de la Inquisición y termina por prohibir las donaciones testamentarias a la Iglesia.

Esta disposición evita obviamente que haya de producirse la desamortización de Mendizábal y, en general, cada una de las decisiones que toma el rey sirve para que no se llegue a una situación preocupante para Fabra en la España de su tiempo.

En la segunda mitad del cuento, sin un nombre ni una fecha concretos, todos los gobernantes de la Península proceden igual. No faltan árboles porque se ha cuidado muy bien la repoblación forestal, no nos afecta la Revolución Francesa porque aquí se habían implantado, por medio de una serie de evoluciones lentas y progresivas, derechos y libertades que en otras partes sólo se pudieron conquistar por la violencia.

De todos modos, cuando los galos pretenden exportar sus ideas revolucionarias a la América latina, Iberia otorga la independencia negociada a estas naciones y además conquista el Sur de Francia y lo incorpora a la Corona peninsular. Es una guerra excepcional, pues habitualmente sólo combatimos la barbarie islámica: llegamos con facilidad a África por el túnel que hemos construido bajo el estrecho de Gibraltar, de modo que nuestras locomotoras van desde el Garona hasta el Sahara.

Al término de la ucronía -no falta en ninguna, incluso el Napoleón excepcional de Geoffroy se estremece cuando navega triunfador ante Santa Elena- el autor vuelve sobre la realidad histórica para asustarse de cómo pudieron haber discurrido los acontecimientos:

"¡Cuán grandes infortunios no lloraríamos ahora si la muerte, arrebatando en flor a D. Miguel I, último vástago varón de las dinastías nacionales, hubiera elevado al trono español a la casa de Austria, convirtiendo a la nación señora de tantos pueblos en feudo de una familia ajena a nuestras costumbres...!"

En "El mundo de la igualdad", en fin, se cuenta cómo el Parlamento aprueba la igualdad de fortuna de todos los españoles y las consiguientes dificultades para repartir la riqueza, explicadas a un nivel elemental y en forma más de artículo que de cuento,  y en "Del cielo a España" se narra cómo el apóstol Santiago, con un permiso especial de Dios para obrar un gran milagro en nuestro favor, baja del cielo a nuestro país, averigua qué es lo que más ansían los españoles, que resulta ser vivir del presupuesto, y hace que el Rey y el Consejo de Ministros concedan a cada ciudadano una pensión de 30.000 pesetas anuales. 

De modo burlesco se expone desde cómo los barrenderos tiran las escobas y se entregan a las más copiosas libaciones, o los prestamistas hacen su agosto adelantando dinero -el interés alcanza el cinco mil por ciento-, hasta cómo todo el mundo deja de trabajar y aparecen el hambre, con asalto a tahonas y otros lugares de comidas, el desorden y el caos. Santiago se ve obligado a anular el milagro.

 

NOTAS

1. Seoane, María Cruz. Oratoria y periodismo en la España del siglo XIX. Madrid, Fund. Juan March/Ed. Castalia, 1977.


 
[1]   [2]   [3]   [4]

 

 

© Augusto Uribe. No está permitida la reproducción de los contenidos de esta web sin el permiso expreso del autor.