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I. LA CONQUISTA DE UN PLANETA DE GABALDÓN

A principios del siglo XX, quizá por una serie de exhibiciones de aerostación que tuvieron lugar en Madrid y que encontraron amplio eco en los medios de comunicación de entonces, se puso de actualidad el tema de los viaje espaciales y, en 1905, dos autores festivos, Gabaldón y Pérez Zúñiga, lo escogieron para sendas novelas de humor, a cada cual más disparatada, aunque el primero se reviste por momentos de cierta seriedad cuando hace un breve resumen de los intentos por volar del hombre desde el siglo I y en alguna ocasión más.

El viaje fantástico que éste escribió se titula La conquista de un planeta. Aventuras muy extraordinarias y está fechado en 1905, año en que lo publicó A.R. López del Arco, de Madrid (Don Ramón de la Cruz 18) en su colección de novelas festivas, en un formato de bolsillo de 16'5x12'5 cm., con 135 páginas de texto propio. Se completan hasta las 184 de rigor con un capitulo de cada una de las novelas del género corriente, colorista, histórico médico-psicológico, naturista y de viajes, que supongo que así se sacaban para que el lector adquiriese el número siguiente. Costaban 2 pesetas y estaban profusamente ilustradas, en este caso con grabados de Federico Montagud.

Luis Gabaldón Blanco nació el 15 de septiembre de 1869 y murió el 18 de mayo de 1939, siempre en Madrid, como Pérez Zúñiga. Estudió como él Derecho en la Universidad Central y colaboró asimismo en Madrid cómico, siendo igualmente autor teatral a más de periodista significado en el Blanco y Negro de Torcuato Luca de Tena.

El probo autor y su amigo jerezano Asensio, cuando pasean por las alamedas de la Moncloa se encuentran un aerolito cuyo interior contiene unas páginas de La Correspondencia de Marte, "eco imparcial de la opinión del Gobierno", donde aparece un gran anuncio de las fiestas que se van a celebrar en el Planeta Rojo, que se remata así: "Las empresas con proyectiles aéreos y cometas automóviles han establecido un servicio de ida y vuelta de Venus y Saturno a Marte a precios reducidos".
 
Como ellos nunca dejan de acudir a una fiesta por el hecho de que no hayan sido invitados, y la Tierra no va a ser menos que otros astros, deciden volar a Marte según la conocida fórmula newtoniana X(v) = ∏/4000 [1].

El problema económico lo resuelven ganando un millón en la lotería, con lo que encargan al sabio profesor Rodríguez Hijuela que les diseñe un precioso cohete cerrado por arriba con un grueso cristal de aumento y rematado por abajo con una plataforma a modo de terraza con barandilla.

Como sólo el viaje de ida va a durar 39 días (Zúñiga va a ir a la luna en cuestión de pocas horas), para el servicio de limpieza y cocina de a bordo contratan a las de Caín, la viuda Dª Candelaria [2] y sus dos hijas, que alquilaban sus dos gabinetes exteriores a sacerdote o "caballero estable". Dª Candelaria tiene un primo que es redactor de un diario de Betanzos al que presiona para que incluya en los ecos de sociedad del periódico noticias sobre sus hijas casaderas, de modo que el viaje le proporciona nuevas oportunidades de que aparezcan en los papeles.

Como uno quiere zarpar desde la Puerta del Sol de Madrid y el otro desde su Jerez natal, lo hacen los seis -el sabio también va- desde el Polo Norte, que alcanzan en un globo alquilado del que pende el cohete. El viaje está lleno de sorpresas y el Polo habitado. Su camino está perfectamente señalizado y dos globos de guerra los escoltan desde la frontera hasta la capital, una ciudad suspendida en al aire a doscientos metros de altura por medio de agujas imantadas, gracias a las propiedades electromagnéticas de la tierra polar.

Uno de los usos del pueblo nordpolitano que trae a colación el autor es el de que el matrimonio se contraiga por un período de cinco años, al cabo de los cuales se renueva o el marido recupera la mitad de la fianza que depositó el día de la boda. No se da la figura de la suegra porque la madre de la desposada, cumplida la tarea de su vida, ingresa en un convento.

El gobierno lo ostentan lunes, miércoles y viernes los unos, y martes, jueves y sábados los que el día anterior fueron oposición. Los periódicos han de publicar las noticias sin adjetivos, ganando mucho dinero con los reclamos, ya que unas tablas oficiales establecen las tarifas de llamar probo a un empleado, honrado a un político o bella y virtuosa a una señorita.

Los expedicionarios despegan con el cohete y llegan a Marte, cuyos habitantes no son los típicos marcianos verdes, sino rojos, y están conformados por dos cuerpos unidos por la espalda, con dos pares de brazos y piernas y dos caras, cada una con un ojo en medio de la frente y una sola oreja sobre la cabeza como "claraboya del cerebro". Uno puede ser guapo por un lado y feo por el otro, y una puede dar el pecho a un crío sosteniéndolo con dos manos, mientras hace medias con las otras dos.

Los recibe el gran Mauflas, un reyezuelo local que lleva consigo a sus esposas desnudas, con un número pintado que corresponde al número de hijos que le ha dado: así las tiene siempre a mano y conoce sus antecedentes, siendo de lamentar que no se faciliten detalles sobre las posibilidades que permitiría el empleo del doble juego de cuerpos. En el banquete que les ofrece degustan manjares tan exquisitos como pepitoria de murciélago, pastel de sanguijuela o riñones de esposa infiel salteados con los de su amante.

Este plato del menú no arredra a la reina, que destrona al rey y entrega el trono y sus dos cuerpos al terráqueo Gabaldón, quien, en la misma noche de bodas, huye despavorido junto con sus compañeros de fatigas. Tras atravesar un territorio salvaje en que un indígena está asando a fuego lento una pierna humana, donde son sometidos a prueba para ver si son o no verdaderos dioses, llegan a Kas-Kita, la capital de Marte.

Son recibidos apoteósicamente, el obispo carga con sus bultos y los ministros tiran de su carroza. Empiezan por visitar los cuarteles, enterándose de que, para entrar en el ejército, se precisan fuertes recomendaciones, pues el soldado se levanta a las diez, consume el desayuno que le trae un ordenanza y un chófer le da un paseo en coche por donde le pluga. El rancho del mediodía se compone de cuatro platos, pan, vino, café y ordubres [3]. Puede convidar a los amigos que desee y ofrecerles licores, cigarros o champagne con sólo pulsar un timbre.

Si estalla una guerra, siguen a las tropas camiones ortopédicos con brazos, piernas, ojos y demás órganos de repuesto. Sin embargo, las represalias bélicas son terribles. Los perdedores han de pagar todas las deudas de los ganadores y los solteros casarse con sus suegras y llevárselas consigo. Algunos prefieren suicidarse.

El autor se despacha a gusto con los cómicos, que no cobran los fabulosos sueldos de Europa, sino que viven en los propios teatros y trabajan por la comida. Las actrices sólo pueden tener novio con el consentimiento del director de escena y casarse cuando llegan a características.

El autor que fracasa en un estreno, ingresa de inmediato en el Asilo de Inútiles. Peor suerte corren los Presidentes del Gobierno que se equivocan, ya que antes de ir al Asilo son paseados por toda la ciudad con grandes orejas de burro. Los periodistas, en fin, sí que gana sueldos fabulosos, mas han de poseer muchos estudios e ingresar en las redacciones por oposición.

Nuestros complanetriotas acceden a un restaurante y un médico los examina por rayos X para decirles qué y cuánto pueden ingerir. Después conocen el programa de las fiestas, que no valen gran cosa, apenas una vulgar carrera de globos con obstáculos y una exposición de viudas que desean volver a casarse, con el compromiso por parte del Estado de hacerlo por su cuenta si no encuentran marido tras exhibirse.

Así que retornan a Madrid, donde son noticia hasta que un crimen sensacionalista los arroja al olvido.

 

NOTAS

1. El libro está plagado de chistes fáciles, de los que debió ser uno entonces que, si por encima de la raya estaba ∏, obviamente por Pi y Margall, los 4000 de debajo habían de ser federales.

2. Su marido había muerto del baile de San Vito en Tembleque, los chistes son de este jaez.

3. Es frecuente en estas narraciones el uso de palabras efímeras. Los ordubres eran los "hors d'oeuvre" franceses, así traducidos en El cocinero práctico, editado en Madrid a principios de siglo.

 
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