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III. LA CONQUISTA DE VENUS DE SÁNCHEZ CARRERE

Pasaron años hasta que apareció otro viaje semejante a un planeta, éste a Venus, que fue "Patatitas" por las nubes o La conquista de un planeta", subtitulado "Viaje completamente fantástico". Se publicó en uno de los últimos números de La Novela corta, el 465, correspondiente al 1 de noviembre de 1924. Tenía cuatro páginas de cubiertas y 32 de texto de 19'5x13'5 cm., aprox., un precio de 20 céntimos e ilustraciones de Hortelano que son lo mejor del librito.

La Novela Corta fue un ambicioso proyecto editorial de José de Urquía, sostenido por Prensa Popular (Calvo Asensio 3), de Madrid, que publicó 499 títulos en esta colección entre 1916 y 1925, a razón de uno por semana. Con baja calidad de papel e impresión, su precio de 5 céntimos, cuando publicaciones semejantes costaban 20 ó 30, le permitió llegar a tirar 200.000 ejemplares. Sin embargo, como comento en la reseña posterior, no pudo resistir la competencia de la más consistente La Novela de Hoy. Subió los precios, recurrió a autores de menor entidad y terminó por desaparecer.

Se conocen pocos datos biográficos de Sánchez Carrere, dice la Antología de cuentos cosmopolitas [1]. De su nacimiento se sabe que ocurrió en Valencia, posiblemente en 1883, y de su muerte que acaeció en 1941. Fue novelista, dramaturgo, periodista de humor, revistero taurino y autor de música popular y cuplés a principios del siglo XX. Las más conocidas de sus producciones teatrales son las sicalípticas El centro de las mujeres, establecimiento no docente de enseñanza femenina en tres aulas (1910) y el musical El órgano de las señoras, periódico femenino …en prosa y verso (1911). Otra novelita corta suya fue la anterior Estrellas y bólidos o cupletistas y mamás. Cuenta también con alguna obra seria, como una biografía de Marcial Lalanda, a más de sus grabaciones, que merecieron un álbum propio.

"Patatitas" por las nubes es una novela sin mayor interés, casi sin ninguno, firmada por Adolfo Sánchez Carrere, autor cómico y periodista, relacionado también con la música. Dicen las malas lenguas que Emilio Carrere le pedía que firmara siempre con sus dos apellidos, no fueran a confundirlos. Nació en Madrid en 1883 y murió igualmente en Madrid en 1941. Como periodista se especializó en la entrevista y como autor escribió muchas obras de teatro y algunas novelas cortas.

Don Modesto Pérez Lacuesta se ha hecho multimillonario con su industria de bastones y, al igual que sus colegas de fortuna yanquis, el "rey del acero" o el "rey del petróleo×, desea alcanzar un sobrenombre semejante. Comprende que el de "rey de los bastones" no es satisfactorio, así que, aficionado a la aeronáutica, se hace construir un extraordinario aeroplano con que surcar los espacios y alcanzar el planeta Venus. Así será el "rey del aire".

Decide por su sola cuenta que llevará por compañero a un hombre acostumbrado a arriesgar su vida y andar por los aires, que resulta ser el torero "Patatitas", llamado el Divino porque torea como Dios.

Lacuesta y un amigo común acuden al Palace, donde se hospeda Patatitas y, tras una serie de diálogos chuscos sin relación con la trama, de tan sólo el chiste por el chiste, le proponen el viaje. El diestro cree que le ofrecen un contrato para torear en Venus y pregunta en qué provincia está esa plaza. Deshecho el malentendido, termina por aceptar, aconsejado por su agente, que entiende que será una buena publicidad para él.

Al día siguiente se despide de manera agitada de la Casta y la Patro, dos mozas bravías que parecen tenerle sorbido el seso y el sexo, y se encamina al Hipódromo, donde le espera Lacuesta con su Blériot.

El autor nos ofrece unos comentarios sobre la rarefacción del aire al alejarse de la Tierra y unas tablas de temperaturas a diferentes altitudes que dice haber copiado de un libro científico. Mas nada de científico va a tener el viaje, enseguida confiesa el autor que se va a permitir la licencia de recurrir al absurdo.

El piloto despega con su pasajero y pronto desarrollan una velocidad vertiginosa. Patatitas pide una parada para evacuar una necesidad -lo que ya va pareciendo obligado en estas novelitas-, aunque no es posible y ha de aguantarse.

Los chistes que hace Patatitas, de los que yo hago gracia al lector, son tan malos que Lacuesta piensa seriamente en acabar con él. Llevan veinte horas de vuelo cuando se encuentran un jamón, que está por las nubes, y unos panecillos, que cada vez pesan menos y vuelan más alto. Y en ésas están cuando el motor deja de obedecer.

Tras veinticuatro horas y cinco minutos de ascensión van a alcanzar Venus, un planeta donde no hay hombres, sólo mujeres. A los ojos de un terráqueo su morbidez supone un peligro para el orden público y la paz social. Estas mujeres parecen vestir tan sólo medias, zapatos y un manguito, sin el menor entusiasmo por la hoja de parra, que pocas utilizan, aunque no se ven de tal guisa en las ilustraciones.

Como sólo hay hembras, que se las arreglan para reproducirse sin machos, las pasiones y los celos son tan desconocidos como la sinceridad y el desinterés entre los gobernantes de la Tierra. En otro orden de cosas, sus días duran veinticuatro horas, de las cuales las de luz se emplean para descansar, dadas las altas temperaturas originadas por su proximidad al sol, y las de oscuridad para trabajar.

A Lacuesta y Patatitas los reciben diez mil venusinos con tal entusiasmo que han de ser rescatados por la Fuerza Pública, que los conduce a la Inspección General de Objetos Perdidos. Son examinados por una comisión de profesoras de ciencias biológicas y llevados al parque zoológico. Después expertas en lenguas irracionales traducen al idioma local cuantas manifestaciones hacen los extraños.

Dado el entusiasmo que muestran por una espléndida sabia y que dicen algo así como que se la comerían, ésta llega a la conclusión de que son animales que se alimentan por la vista y, dos veces al día, posa largamente para ellos. Hubieran fallecido de hambre si antes no se hubieran matado recíprocamente al pelearse por si la sabia venía por el uno o por el otro.

Como todos los de su laya, el autor versificaba con facilidad y les dedica las últimas líneas de la novela:

"Cuando Juan y Modesto fueron difuntos,
las bellas venusinas tumba les dieron,
y en el sitio en que ambos yacían juntos,
grandes cucurbitáceos después salieron".

 

NOTAS

1. Antología de cuentos cosmopolitas (1900-1936), Consejo Superior de Investigaciones Científicas, col. Literatura Breve nº 21, Madrid, 1910.

 
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