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IV. EL EMBAJADOR DE LA LUNA DE EMILIO CARRERE

Un año después de la anterior apareció otra que poco tiene que ver con ella, tanto por la calidad de su autor como porque el viaje tiene lugar a la inversa, es un lunario quien alcanza la Tierra.

El embajador de la luna, de Emilio Carrere, fue el nº 183 de La Novela de Hoy, correspondiente al 13 de septiembre de 1925. Era ésta una colección semanal, con oficina en Mendizábal 42, de Madrid, que se tiraba en la Imprenta Artística de Sáez Hermanos, cuando todavía era cosa de Artemio Precioso, que la llevaba desde París [1]. Las mismas 64 páginas de siempre de 14'5x10 cm., aprox.: los formatos de la colección variaron ligeramente en el corte. Igual precio de 30 céntimos y cubierta e ilustraciones de Masberger [2].

En la medida en que la novela lo permitía, los portadistas de la colección gustaban de dibujar a la nueva mujer de entreguerras, de líneas estilizadas y vestir atrevido, tan desenfadada como para sostener un cigarrillo entre sus dedos o tan sportista como para apoyar sus manos en el volante de un automóvil deportivo.

El simpático y pintoresco Emilio Carrere Moreno, cronista oficial de la villa y corte de Madrid, nació en la capital el 18 de diciembre de 1881 y murió en la misma el 20 de abril de 1947. Dos pinceladas de Cossío sobre él fueron la una: "Hizo de la bohemia, una bohemia literaria y convencional, no tan sólo un tema poético, sino todo un estilo vital", y la otra: " En cuantos le conocimos de trato o de vista perdurará el recuerdo de su bondad ceremoniosa, de su dignidad altiva y de su traza bohemia, con el propio chamnbergo, la propia pipa y el propio manto que cantara en sus versos" [3].

A primera hora de la mañana, los traperos que se acercan a Madrid divisan un aparato que baja del cielo y se posa en tierra. Desciende de él un extraño ser cubierto de pieles, con una cara como de cristal en la que luce un pico de ave por nariz, un par de ojuelos bajo una especie de gafas y un tercer ojo encima, más grande y brillante.

Cuando abre sus vestimentas y se destoca, para saludar a la muchedumbre que se está congregando, se advierte que es de color almazarrón, que su cabellera y su barba son verdes, a modo de algas la una y de musgo la otra, que sus brazos son como tentáculos rematados en lo que se parece a un paraguas abierto y que sus pies son de palmípedo. Mide más de dos metros y posee unos grandes atributos sexuales, lo que, según el autor, le auguraba un brillante porvenir en una urbe cuyas gentes lo tienen por gran mérito.    

Corre veloz hacia el centro de la ciudad y en la primera frutería que encuentra despacha vorazmante un cesto de manzanas ante la mirada atónita de la rolliza frutera. A continuación, con la voluptuosidad que produce el estómago lleno, se abalanza sobre ella buscándole "la rendija de las deshonestidades". Huye cuando sus gritos hacen acudir a su marido con una tranca, tan herido en su honra como en su bolsa, pues se ha escapado sin pagar.
 
La persecución acaba con el ser en el calabozo, donde, gracias al Manual de conversación que trae consigo, la entabla con el otro detenido, al que confiesa que es un lunario, de nombre Selenito de la Blanca Isis y 352 años de edad, que se dedica a escribir graves discursos morales para hacer dormir a sus paisanos. Le explica que los terráqueos muertos pasan por la luna en su camino hacia otros astros y que últimamente se ha registrado la llegada de una insólita cantidad de Secretarios de Ayuntamiento suicidados, que es lo que él ha bajado a investigar.

En la luna, prosigue, se alimentan de los frutos de la naturaleza, que toman de donde los hallan, pues no existe la propiedad privada.El matrimonio al estilo del de la Tierra fue abolido hace tiempo por insatisfactorio, pues ni los hombres eran fieles ni las mujeres estaban contentas con su suerte. Ahora cada varón toma a la hembra que le place y lo acepta, unas hembras más ardientes que los machos y dotadas de seis grandes mamas. El Gran Dianida, su príncipe y sacerdote, se encarga de la prole.

Sigue en la línea habitual de sorprenderse de nuestras costumbres, como la de fumar, matarnos los unos a los otros a pesar de creer en un buen Dios o que las gentes de dinero se agrupen en asociaciones que dicen de orden y religión. Seguirán sátiras sobre el teatro -donde se duerme- o la hipocresía con que se trata la prostitución -de la que se disfruta largamente-.

Conducido ante el juez, éste reclama la presencia de un veterinario que determine su naturaleza: "Si bien no era un hombre, tampoco se podía asegurar que fuera lechuza y, aunque con indicios de plantígrado, también tenía algo de molusco".

La sátira sobre la ciencia oficial alcanza su límite cuando es llevado ante la Academia de los Inefables, a los que se paga para que no se equivoquen nunca. Son siete frailes oscuros cuyo presidente es un Hermano de los Pedigüeños Descalzos de las Cinco Llagas. Descartado su origen lunar, pues todo el mundo sabe que la luna no está habitada, discuten sobre si será la Bestia del Apocalipsis, un hombre artificial de los que fabrican con orgullo satánico los americanos en Nueva York para remedar la obra de Dios o el espeluznante aviso de que llega la República.
 
Terminan por coincidir en que, en cualquier caso, es un engendro de Satanás al que lamentan no poder quemar vivo como en los buenos tiempos del Santo Oficio, momento en que Selenito se lanza por la ventana y huye hasta el arroyo del Abroñigal, en una de cuyas riberas sigue estando su nave. Embarca deprisa y corriendo en ella y pone rumbo a nuestro satélite, con un poco de fiebre que teme se deba a algún mal que le ha transmitido una lebrina, como las llamó un Santo Padre. Estas mujeres, en particular las gordas por delante, y las fresas con nata son los mejores recuerdos que se lleva de la Tierra.

Una obra más del prolífico Carrere, en la que no falta su dominio del lenguaje ni gracia en la sátira, pero una obra menor, ciertamente. La Novela de Hoy publicó dos novelas más de clara ciencia ficción, Un mundo al descubierto, de José María Salaverría, y la gran La revolución sentimental, de Pérez de Ayala. De la primera me ocupo a continuación.

NOTAS

1. Publicó 526 números entre 1922 y 1932 y, como curiosidad, entre estas colecciones de novelas populares cortas, sólo fue superada por Los Contemporáneos, con 896,y La Novela Ideal, con 584. Preciso, exilado por enemistad con Primo de Rivera, pagaba un mínimo de mil pesetas al autor y otro tanto al ilustrador, aunque había autores que cobraban el doble o el triple y publicaban varias novelas al año.

2. Carlos Masberger (1902-1969) fue un pintor, dibujante, cartelista e ilustrador madrileño que alcanzó fama por sus interpretaciones de pueblos españoles, sus ambientes y sus calles. Colaboró en ABC, Blanco y Negro, Gente Menuda y otras publicaciones, destacando sus láminas para los almanaques de la Unión Española de Explosivos. Ilustró obras de Shakespeare, Zola y otros autores importantes y llegó a ser Presidente de la Asociación Española de Dibujantes. El Círculo de Bellas Artes de Madrid le dedicó una Exposición como homenaje a su memoria.

3. Lírico y autor de abundantes novelas cortas, contribuyó con 26 a esta colección. Lo he mencionado en relación a La torre de los siete jorobados en los Apuntes dedicados al capitán Sirius.

 

 
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