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II. LAS CONFESIONES PROFÉTICAS DE CAYAC-HAMUACA

Existe una novela también interesante, Las confesiones de Cayac-Hamuaca [1], ubicada en un mundo futuro social y geopolíticamente distinto, en que la Humanidad sí llega a su completa extinción porque no puede enfrentarse a fuerzas naturales que la sobrepasan. Su diferencia singular con las narraciones más frecuentes no radica en los seres humanos, sino en la Tierra misma. En la antes citada Earth abides, que es su primera muestra, la Tierra resiste -mejor que permanece- y lo que falla es la masa crítica de población capaz de sostener la civilización. Los objetos funcionales, por ejemplo, pasan a ser míticos, lo que culmina en el antológico pasaje final en que el abuelo moribundo otorga un mudo testamento al entregar a uno de sus descendientes el martillo, que es ya sólo el símbolo del poder.

En la igualmente mencionada La carretera, en cambio, la Tierra no resiste, falla como soporte vital del hombre, no hay sol, no hay luz, no hay fauna ni flora. Cuando el padre y el hijo penetran en una granja y encuentran ahorcados en el granero a sus dueños, la mujer y el marido se colgaron cuando dejó de haber cosechas y se comieron las últimas simientes. El testamento final va a ser no menos hermoso, pero sí muy distinto.

Las confesiones está en la línea de La carretera, tampoco hay sol y la Tierra falla como soporte vital del hombre. Es obra de un autor nacido en España, aunque sus padres fueran franceses, y pasó, además, buena parte de su vida fuera de España, como virtual ciudadano de otros países. Tal autor fue un personaje relevante y en este su primer libro apunta ya preocupaciones políticas y sociales que nunca le abandonarán en su posterior literatura de compromiso. En cualquier caso, hoy es una novela tan olvidada como la anterior.

Es una novela laica de un absoluto fin de los tiempos en un Apocalipsis secular del que no se salva nadie. Está escrita por José (Andrés) Lión Dépêtre (Saulnier de Guilhen), cuyo padre, compañero de Eiffel, vino a construir ferrocarriles en España. Nació en Valladolid el 26 de septiembre de 1893 y tuvo una vida apasionante, ligada a la de un hermano veintiún años mayor que él. Ingresó en la carrera diplomática en 1922 y fue destinado sucesivamente a Berlín, a Buenos Aires como secretario de embajada a las órdenes de Ramiro de Maeztu, Amberes, Santos (Brasil), Sofía (Bulgaria), París y Méjico, donde fue agregado militar del Gobierno de la República para este país y Centroamérica durante la guerra civil española, tras la cual fue apartado del servicio por "muy rojo", "no adherido" y "colaborador activo con el gobierno marxista", exilándose en su último destino.

Se divorció de la esposa con la que había tenido un hijo, que murió en 1952 pilotando una avioneta, y se casó en segundas nupcias con una mejicana, con la que tampoco llegó hasta el fin de sus días, de la que en 1946 tuvo otro hijo varón, el escritor y cineasta Álvaro Lion-Depetre. Ese mismo año fue a París como ministro plenipotenciario del Gobierno de la República, todavía con la esperanza de que los Aliados acabasen con el régimen franquista.

Con el citado Gobierno en el exilio obligado a reducir gastos, en situación económica precaria, siguió escribiendo en Méjico hasta que publicó un libro no grato a su gobierno, recibiendo entonces el providencial encargo del Presidente Arbenz de Guatemala de fundar y dirigir la Escuela Diplomática de aquel país. Depuesto Arbenz, volvió por un tiempo a Méjico y, desmoralizado por la muerte de su primer hijo y el devenir de la política, un año después de la amnistía de 1952 regresó definitivamente a España.

Su nombre se vio en varios periódicos españoles y en el francés Le Monde, firmando con frecuencia la famosa tercera de ABC. Fundó y dirigió la Escuela Especial de Secretariado María Borkowska y se jubiló en 1963, falleciendo en Alcalá de Henares, por lo que he oído tristemente solo en una residencia de ancianos, en diciembre de 1976: tuvo tiempo de ver morir a Franco.

De vocación literaria, gran conversador y extraordinario cazador, en los primeros años 30 publicó en Madrid la novela que reseño, otra titulada Yo, leproso y el libro Cacerías en Europa y América, a las que ya digo que era muy aficionado: participó en más de una de dimensiones colosales. Durante su estancia en Méjico publicó algún libro de carácter histórico, en particular el problemático La tragedia de Méjico [2]. Ya en Guatemala, el Ministerio de Educación Pública editó un ensayo suyo sobre la influencia recíproca de las literaturas francesa y española. De nuevo en Madrid, en los años 60 dio a la imprenta dos útiles colecciones de respuestas a los temas de Literatura y Arte del programa de oposiciones a varios Ministerios y su libro postrero fue Chispazos y cicatrices [3].

Las confesiones se inicia con una "Advertencia" preliminar en la que se presenta al lector a Cayac-Hamuaca, cacique de los indios bororós, una tribu salvaje que habita en la frontera entre Brasil y Colombia. Este cacique, que sabe que cuando muera su espíritu se reencarnará en el español Juan Antonio Reguera, cae una noche en trance y en un castellano perfecto revela el porvenir al autor.

Un porvenir en que aparece Reguera como protagonista y comienza en el otoño del año 2082. El mundo se presenta dividido en una Federación de Estados Europeos de régimen neo-comunista, unas Repúblicas Socialistas Chino-japonesas dominadas por los nipones y unos Estados Unidos imperialistas que han expandido su territorio hasta conquistar América Central en una guerra en que los gases más tóxicos y el rayo artificial eléctrico mataron por millones, el rayo a enormes distancias.

El clima de la Tierra ha cambiado radicalmente en los últimos cincuenta años, pues el planeta se está enfriando cada vez más deprisa porque el sol se está apagando y su extinción es cosa de poco. Regiones enteras son ya inhabitables y unas gentes se desplazan a los países cercanos al Ecuador y otras perecen en mayor número.

También las costumbres han cambiado mucho desde que la mujer alcanzó su completa liberación sexual. La natalidad ha descendido de tal modo que en algunos países se exigió de las mujeres aptas para la procreación que se apareasen con hombres sabios, artistas o atletas. En otros se obligó a toda mujer sana a tener al menos un hijo, que después mantendría el Estado. Y existían celosos voluntarios vigilantes in situ de que los apareamientos tuvieran lugar debidamente. El libro, una vez expuesto un tema principal que pronto se agota, se entretiene en la anécdota.

Han ido pasado los años y en el 2082 ya nadie se preocupa más que del frío. Como cabría esperar, hay quienes exhortan a prepararse para el inminente paso al más allá, aunque la mayoría de las gentes se entrega al placer de modo desenfrenado. Las religiones tradicionales han sido sustituidas por el neo-espiritismo, por más que no se haya conseguido que los espíritus revelen cómo es realmente el otro mundo, es el Gran Secreto.

No falta el enredo amoroso. El acomodado madrileño Juan Antonio Reguera, de treinta años de edad, está perdidamente enamorado de Mari Luz Montero Villares, de dieciocho primaveras, perteneciente a una religiosa familia castellana de rancio abolengo, de las que todavía quedan algunas. Su madre es de las que sólo piensan en disponerse para la muerte cercana, que considera justo castigo divino y necesaria purificación y no quiere ni oír hablar de matrimonios en esas circunstancias.

Cuando todavía resta algo de orden, los europeos pudientes emigran a Río de Janeiro, la ciudad más cálida del planeta, y así lo hacen tanto Reguera como los Montero Villares, instalándose en hoteles de lujo. Es imposible calefactar tanta casa particular, por lo que la gente se apiña en los hoteles.

Los brasileños del interior, más los emigrantes que llegan de los países vecinos, se instalan a su vez en las afueras de la urbe para morirse de frío, hasta que, como no podía ser menos, estalla la revuelta más sangrienta que se haya visto jamás. Tras verdaderas matanzas, se consigue un equilibrio entre habentes y carentes, con una distribución más equitativa de la energía para todos los supervivientes.

La energía no falta porque se toma de la atmósfera con los aspiradores inventados por un ingeniero español, pero las frutas y las legumbres sí que escasean por el abandono de la agricultura: la gente se mantiene del pescado, que acude en masa a las costas bañadas por las aguas menos frías, y de la caza de los animales que han abandonado su habitat natural en busca de un clima mejor.

Reguera hace una escapada a Madrid, a dónde llega en un trineo tirado por perros, lo que aprovecha el autor para describir una capital de España cubierta por dos metros de nieve, habitada tan sólo por algunos esquimales y españoles "esquimalizados", con un Retiro al que han talado todos sus árboles para hacer leña y un Manzanares poblado por renos, focas, morsas y osos polares. Son páginas dramáticas, bastante conseguidas.

Y la novela, reitero, se pierde en anécdotas, tal la de un amigo del padre de Reguera, de más de sesenta años de edad, que se hace implantar las "glándulas" que ha comprado a un pobre obrero de veintiún años que carece de recursos para mantener a su madre.

Por más que de pasada, insinúa Saiz Cidoncha [4] para el autor una ideología que no le corresponde, aunque a veces pueda parecerlo. Cuando habla de las modern girls o de la desaparición del recato y el pudor femeninos utiliza ciertamente el lenguaje de un conservador, lo que podría hacer pensar en un rechazo de la situación a que habría llegado la sociedad en el 2082 si a continuación no dijera que este recato y este pudor se consideran desviaciones espirituales o deformaciones psíquico-físicas, al modo de la timidez o la tartamudez.

Su supuesto conservadurismo se acentuaría cuando expone detenidamente el religiosísimo pensamiento de la madre de Mari Luz, si no fuera porque ahora advierte claramente que responde a las creencias de una minoría, pues las religiones tradicionales, a cuyos fieles llama a veces sectarios, casi han desaparecido, sustituidas por el mentado neo-espiritismo. Como un detalle más, cuando se refiere a la mezquita de Córdoba dice que es un templo profanado por el culto cristiano.

Por si fuera poco su trayectoria vital y la imaginación de anécdotas como la de las glándulas trasplantadas, propia de una literatura libertaria [5], dice que los Estados Europeos, de régimen neo-comunista, componen una gran Confraternidad, con la vida dulcificada y metódicamente dirigida hacia el reparto equitativo de las comodidades, mientras que los Estados Unidos, donde impera el capitalismo salvaje, constituyen un feroz imperio injusto y agresivo.

En lo que tiene razón Saiz Cidoncha, que suele ser un buen guía -casi el único en ocasiones-, es en que se percibe que se trata de una novela escrita en los últimos tiempos de la monarquía, literatura anterior a la proclamación de la República, por más que apareciera después.

Llega un momento en que se hace imposible alimentar a los millones de habitantes de Río, por lo que el gobierno de Brasil concede plenos poderes al canganceiro Euclides Santos para que extermine a los que malviven en los suburbios, gaseando económicamente a los periféricos y electrocutando con un mayor coste a los más interiores, cuyo gaseamiento no podría llevarse a cabo sin poner en peligro la vida de algunos residentes del centro. La población se reduce así en dos terceras partes, con más posibilidades de comer y calentarse para el tercio restante.

Todo es en vano. Cuando la temperatura sigue descendiendo desaparecen los servicios públicos y el dinero pierde todo su valor. No se puede salir a la calle, plagada de cadáveres, y si no aparecen las plagas es porque los cuerpos insepultos están absolutamente congelados. Las gentes han de alimentarse de las reservas que hayan podido acumular en sus hoteles, donde ya no se distinguen los clientes de los antiguos empleados.

Al morir sus padres, Mari Luz se casa con Juan Antonio: alcanzan penosamente una iglesia, pero no llegan a alcanzar a la salida su refugio. Y las páginas finales sólo presentan aterradoras estampas de desolación y muerte, estampas en las que no falta ni la posesión del cadáver desnudo de quien fuera la mujer más bella del mundo por parte de un vagabundo, ni la muerte de Nari Luz en brazos de Juan Antonio tras un único y último beso.

"Y el Sol, moribundo, no era ya sino un disco blanquecino que apenas se destacaba sobre la atmósfera helada, alumbrando el inmenso frigorífico con luz opalina de funeral..."

La Humanidad se extingue por una causa exterior, un fenómeno cósmico que la Tierra no puede enfrentar, aunque no deja de darse un juicio sobre la Humanidad que perece.

* * *

Al igual que el anterior, este artículo se publicó en la revista Arbor nº 747, enero-febrero 2011, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y en el cuadernillo de Apuntes para la historia de la ciencia ficción española: Narraciones del fin del mundo, edición de autor, Madrid, 2002.

NOTAS

1. Lión Dépêtre, José. Las confesiones de Cayac-Hamuaca, Madrid, Imprenta d Sáez Hnos. (Martín de los Heros 61), 1931, rústica, intonso, 169 pp. en 8º marquilla (19x13 cm.), 5 pta.

2. En la reedición de La tragedia de Méjico,que publicó en 2009 Akrón en su colección Testimonios, cuenta Álvaro, el segundo hijo de José, que en 1955, cuando un general mejicano vio este libro en el escaparate de una librería de la calle Preciados de Madrid, sacó la pistola y le descerrajó cinco tiros. El incidente se silenció entonces.

3. He tomado sus datos biográficos del Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores y de la amable colaboración de su sobrino D. Andrés Lión, primero, y algunos más, después, de la Introducción a la citada reedición de La tragedia de Méjico, obra de D. Luis Arias González, quien, al tener conocimiento de este artículo, me puso un amable correo, que agradezco, en que decía que bien merecería este autor una película o una gran biografía.

4. Saiz Cidoncha, Carlos. La ciencia ficción como fenómeno de comunicación y de cultura de masas, tesis doctoral, Madrid, Facultad de Ciencias de la Información, Universidad Complutense, 1988.

5. También en 1945. El advenimiento del comunismo libertario, de Alfonso Martínez Rizo, publicado un año después que Las confesiones, un acaudalado viejo decrépito alcanza la potencia sexual de un joven al hacerse injertar los testículos de un chico que apenas había alcanzado la pubertad.
 
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