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I. EL PARAÍSO REVISITADO, DE CLARÍN

Como más de una vez se ha dicho, hay cuentos que encierran más contenido que novelas enteras. Y, ciertamente, no les falta contenido a los que de seguido voy a comentar, al menos a los primeros, narraciones todas del fin del mundo. Otra cosa sería preguntarse si son precursoras o no de la posterior ciencia ficción apocalíptica. En el cuento inicial que vamos a ver laten los miedos al futuro que caracterizan al género y no tanto la prospección de ese futuro que acostumbra a estar presente en él, a menos que no sea el convencimiento de que vamos a acabar con nosotros mismos.

La conocida definición de que la ciencia ficción es lo que se vende como ciencia ficción está periclitada, no así la eterna que reza que la ciencia ficción es lo que los aficionados a la ciencia ficción entienden por ciencia ficción. De acuerdo con este sabio criterio, puedo decir que esto es ciencia ficción y que alguno de estos cuentos lo ha recogido alguna revistas de scientifiction, aunque fuera en el apartado de "los clásicos", para no desconcertar a sus lectores. El profesor Santiáñez Tió [1] los ha recogido los más significativos como tales y así fueron unánimemente aceptados. Es evidente que este posterior encuadramiento para nada preocupó a sus autores, cuyos propósitos eran del todo ajenos a la cuestión. Lo que más los distancia de la ciencia ficción convencional es su calidad y su estilo.

Viniendo sobre Soblejano, en una edición moderna de El señor y lo demás son cuentos [2],que recoge el "Cuento futuro" de Clarín, el cuento se caracteriza entre otras cosas por su brevedad, la unidad de tiempo, lugar, acción y personajes, la concentración en algún elemento dominante que provoca un efecto único y la suficiente capacidad para excitar desde un principio la atención del lector y sostenerla hasta el fin. Todas estas características se dan en el "Cuento futuro" y son fácilmente reconocibles en el.

A diferencia del novelístico, el tradicional cuento fabulístico transfigura el mundo en mito, expone una breve trama por la cual se logra trascender la realidad y lo que más importa en él es, a más de que esta trama sea buena, el choque moral, el humor, el vuelo imaginativo y los primorosos efectos. Todos estos elementos se dan asimismo en el citado cuento.

"Cuento futuro" o el Paraíso revisitado es una farsa distópica, farsa por lo mucho que tiene de cómica, distópica por el futuro absolutamente negativo que espera a la Humanidad. Volviendo ahora sobre el citado profesor Santiáñez-Tió [3], del que reitero que ha sacado a la luz pública con éxito varias narraciones de esta estirpe cientificticia, este cuento lo califica de magistral, diciendo que son elementos en él implícitos la decadencia de Occidente, la muerte de la Razón y el concepto de entropía, entonces novedoso, hoy elementos comunes en la ciencia ficción del holocausto y la desaparición de la raza humana.

En opinión mía, también habría que considerar la crisis fisiológica y emocional por que atravesaba entonces Clarín. Su salud no era la mejor y, en cuanto a sus creencias, se movía como de sólito entre la Fe y la Razón, entre el deseo de creer y la imposibilidad racional de hacerlo, de lo que se evade con el recurso del humor [4].

Leopoldo Alas, "Clarín" (Zamora, 1852 - Oviedo, 1901), el autor de La Regenta, no precisa presentación: sólo recordar, a cuenta de este relato, que fue un precursor de los noventayochistas, entre ellos del después reseñado Azorín. Para recrear su particular fin del mundo va a entroncar dos historias bíblicas, neotestamentaria la una y véterotestamentaria la otra, muy socorridas para la proto ciencia ficción. Son los mitos del Final y del Comienzo, el Apocalipsis y el Génesis. No falta quien luego sería el más común de los tópicos, Enoch, por una vez sin Elías.

Sus protagonistas son Judas Adambis y Evelina Apple, en obvias referencias al apóstol traidor en Judas y a Adán y Eva en Adam-bis y Eve-lina, a más de que, como se sabe, apple es manzana en inglés. En la reescritura de estas historias, Clarín expresa una actitud particularmente pesimista sobre la civilización moderna, cercana a la visión de Azorín en "El fin de un mundo". No presenta este final como un castigo divino, al delirante modo de algunas novelas posteriores del género, pero sí lo presenta como el merecido desenlace de una sociedad en exceso civilizada, decadente y cansada de sí misma.

No demasiado largo, aunque sí más extenso y agresivo que otros, el cuento está dividido en cuatro capítulos, correspondientes a cada una de sus cuatro entregas. El primero se abre con la presentación de un libro francés, Heliphobe, cuyo autor muestra su hastío de la luz y su cansancio del sol y propone que la Tierra deje de dar vueltas alrededor de este astro burgués y se interne libre en los espacios siderales.

El libro hace furor y la ciencia discute si nuestro planeta sería capaz de abandonar realmente el sistema solar, primero, y sobrevivir lejos del sol, después. Las personas más religiosas advierten a quienes tienen afán de tinieblas que no llegará el fin del mundo hasta el momento y en la manera que se anuncian en el Apocalipsis. Y no les faltan motivos para ello, pues en Ap. 9, 6 se lee: "Y en aquellos días buscarán los hombres la muerte y no la hallarán; y desearán morir, y la muerte huirá de ellos". Pero se van a equivocar.

En una pequeña broma, Clarín hace un guiño a la carta del otro Judas, el apóstol bueno, cuando dice "queréis que la Tierra se separe del Sol, huya del día, para convertirse en la estrella errática, a la cual está reservada eternamente la oscuridad y las tinieblas (en cursivas Jud. 13)" [5].

Un acreditado sabio, el Dr. Judas Adambis, toma cartas en el asunto y escribe una Epístola Universal en la que propone que la Tierra rompa las cadenas que la atan al sol, quiebre ese yugo ominoso y sea del todo independiente. ¿Cómo?: en un suicidio civil colectivo. Por raro que resulte, tal era la secreta aspiración del orbe y la idea es acogida con entusiasmo por la inmensa mayoría de las gentes, todas aburridas de la civilización y todas aprendices de Schopenhauer [6]. Así que, a pesar de las reticencias de algunos, el suicidio universal se somete a votación en todas las asambleas legislativas del mundo y en todas resulta abrumadoramente aprobado, respetándose el derecho de las minorías a no suicidarse: serán suicidadas.

Según las previsiones de Judas Adambis, el día primero del año, a las doce horas en punto, todos los seres humanos quedan atrapados en una inmensa red de la que no es posible escabullirse. Cuando el doctor, vestido de luto riguroso, aprieta un botón negro, hombres y mujeres sienten una fuerte conmoción en la espina dorsal y de inmediato les estalla el cerebro.

Todos perecen excepto Judas y Evelina, porque ella, que tiene a su marido en un puño, lo ha convencido de que ambos sobrevivan. Suben a un pequeño globo dispuesto al efecto y pronto tienen su primera disputa. Judas, ateo convencido hasta entonces, descubre ahora que hay conciencia porque le remuerde la suya y no se atreve a descender entre los cadáveres de sus congéneres. En cambio Evelina, que iba todos los domingos a misa y de vez en cuando se confesaba, quiere tomar tierra cuanto antes para disfrutar de un buen almuerzo, rechazando la comida sintética que su marido ha llevado consigo.

Se ponen al cabo de acuerdo en buscar el Paraíso Terrenal, sobre cuya ubicación se había producido recientemente un acalorado debate teológico-geográfico, y como el Edén no ha vuelto a ser hollado por el pie del hombre, él podrá pisar una tierra que no será un cementerio y ella podrá regalarse con sus exquisitos frutos. Lo encuentran y, desde el globo, ayudados por anteojos, divisan una figura de luengas barbas blancas que se pasea por el jardín. Es Yová Eloim -ya dice el autor que se escriba como se escriba-, Jehová, el Señor Dios de sus mayores.

Al principio del capítulo cuarto el autor hace una intervención en primera persona para calificar el cuento de farsa y decir que todo es una broma, como así es. En una ironía más, Dios guarda un gran parecido físico con el líder conservador Antonio Maura y no aborda la situación como lo hubiera hecho un redactor de El Mundo Futuro,sino que la trata con una delicadeza que nunca tuvieron los nocedales en sus palizas a La Unión [7].

Se muestra muy comprensivo con lo ocurrido y los tranquiliza diciéndoles que lo pasado, pasado está, y que lo que hay que hacer ahora es poner manosa la obra e intentarlo de nuevo: si salió mal con la inocencia de Adán y Eva, quizá salga bien con la malicia de Judas y Evelina. Nada más que les pone una condición, que no prueben el fruto del árbol prohibido, sólo por mantener el principio de autoridad.

Como cabía esperar, el demonio en forma de serpiente se apresura a tentar a Evelina, diciéndole que la ingesta de la manzana no les haría conocer nada nuevo, ni menos aún ser como dioses, pero que en el Paraíso les esperan siglos de no hacer otra cosa que aburrirse y ella parir, por lo que lo mejor es que sean expulsados del Edén. Evelina come medio fruto y le ofrece la otra mitad a Judas.

Pero a él le complace aquella vida y no la quiere perder, por lo que hace oídos sordos a las súplicas, las amenazas y los intentos de seducción de su esposa. Al día siguiente, cuando baja Dios a ver cómo van las cosas, le explican lo sucedido y Él decreta la separación del matrimonio -que no el divorcio-, arrojando a la mujer fuera del Jardín. Las leyendas no se ponen de acuerdo en si una vez fuera se dio al feo vicio de Parsifae o entregó sus encantos al demonio, aunque, conocida la habilidad del diablo para adoptar formas animales, no resultan incompatibles.

Judas permaneció por siglos en el Paraíso hasta que, solo y hastiado, no pidió a Dios que le fabricara una nueva compañera a partir de otra costilla, sino que lo trasladase a otro lugar, como así hizo. De este modo se fue del planeta su último habitante y desapareció con él la doliente Humanidad que había poblado la Tierra. Quizá alguna tildaría hoy a Clarín de machista.

Tiene el autor otro cuento con al menos ribetes humoríitco-religiosos, "Protesto" [8], en el que Don Fermín Zaldúa, prestamista adinerado, ganador en todos los negocios, no quiere perder el negocio de la salvación de su alma, por lo que, ya viejo, hace muchas obras de caridad y donativos eclesiásticos, pensando como Torquemada [9] que se puede comprar a Dios, que es el banquero de todo lo creado con la iglesia como sucursal en la Tierra8. Mas un mal día sueña que su director espiritual y administrador místico, D. Mamerto, le libra una letra de cambio, de la que su alma es tenedora, que le será pagada a su llegada al cielo.

"¡Ni pago ni acepto!", exclama San Pedro a su presentación, y el alma lleva la letra al protesto. Cuando despierta D. Fermín narra su sueño a D. Mamerto que se esfuerza por demostrarle que es un sueño falso, probablemente inducido por el diablo. Harto ya, le expone la última razón, que su alma no pudo hacer eso porque los usureros no tienen alma. "Tal creo", le replicó D. Fermín muy contento y algo socarrón. "Y como no la tenemos, mal podemos perderla".

* * *

Este artículo se publicó en la revista Arbor nº 751, mayo-junio 2011, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y en el cuadernillo de Apuntes para la historia de la ciencia ficción española: Novelas del fin del mundo, edición de autor, Madrid, 2002.

NOTAS

1. Santiáñez-Tió, Nil. De la Luna a Mecanópolis. Antología de la ciencia ficción española (1832-1913), Barcelona, Quaderns Crema, 1995.

2. "Cuento futuro" se publicó en cuatro entregas en los días 7, 16 y 26 de agosto y 3 de septiembre de 1886 en La Opinión y se reimprimió por primera vez en 1893 en Madrid por Manuel Fernández y Lasnta en El señor y lo demás son cuentos. Entre sus múltiples ediciones posteriores, la de Espasa-Calpe de 1989, Madrid, Austral A 43, contiene una introducción y notas de Gonzalo Soblejano, de dónde he resumido unas citas (pp. 18 y 19) y es libro recomendable al lector interesado en profundizar en los cuentos de Clarín.

3. Santiáñez-Tió, Op. cit., p. 25.

4. Su pequeño ensayo "Ciencia y fe" lo dedicó Azorín a Clarín.

5. Al apóstol Judas atribuye la Biblia la autoría de una Carta Católica o Universal de mensaje apocalíptico: "Al fin de los tiempos aparecerán hombres que se reirán de todo y que procederán según sus pasiones impías. Éstos se constituirán en casta de hombres que vivirán una vida natural, de instintos y sin espíritu".

6. En la influencia de las ideas de Schopenhauer coincide Clarín con el Azorín de "El fin de un mundo" de quince años después. También se advierte la influencia del naturalismo, que se estaba abriendo paso entonces en España y por el que se interesaba vivamente Clarín.

7. El carlista Claudio Nocedal, y después su hijo Ramón, dirigieron el periódico El mundo futuro, que más de una vez se ensañó con el más liberal La Unión, en el que colaboró con frecuencia Clarín.

8. Publicado en 1892 y recogido en el mismo El señor y lo demás son cuentos. Es una clara alusión a curas y frailes que, tras la desamortización de los bienes eclesiásticos de Mendizábal, procuraban un beneficio de las disposiciones testamentarias de los creyentes.

9. Pérez Galdós ya había publicado para entonces su novela Torquemada en la hoguera, donde el usurero de este nombre intenta comprar a Dios la curación de su hijo.

 
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