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Gómez y Jalón fue autor de dosobras cortas, en 1870 de este librito, El sueño del cielo [1], y en 1871 de El derecho compendiado.

Escritor y abogado, nació el 29 de eneo de 1842 en Gumiel de Izán (Burgos), hijo de Ramón Gómes, el médico de la villa, y de Petra Jalón. Se licenció en Dereaccho administrativo, civil y canónico, ejerciendo su profesión en Burgos y oros lugares cercanos. Fue asesor del alcalde (juez ordinario) de Orduña y juez en la partre de Castilla dominada por D. Carlos de Borbón y Austria, el Carlos VII de la dinastía carlista.

Debió ser hombre religioso para imaginar tan piadosa utopía, y deseoso de darla a conocer, porque el precio de un real para un libro no podía ser mas económico. Se lee en el prólogo:

"Os hablo de un gobierno especial por el que se rigen los hombres de un gran mundo, y en virtud del cual son éstos tan felices que más no lo pueden ser sino en el celo; pues no conocen la tiranía de los reyes, ni tienen que temer ambiciones desastrosas, ni guerras que les priven de sus hijos, ni ejércitos que les arruinen y opriman; no tienen contribuciones ruinosas, ni pobres, ni crímenes apenas, y la libertad, la seguridad y el orden reinan en todo aquel suelo, donde el ángel hermoso de la paz bate sus doradas alas y derrama por doquier la prosperidad y la dicha."

Ya lo ha dicho todo, sobraba cuanto sigue de la utopía, aunque el relato no se queda en ella. Muere cristianamente el protagonista y su espíritu se remonta hasta encontrar una sombra resplandeciente que es el fiel compañero de su vida, su ángel de la guarda, que lo va a acompañar hasta el cielo para allí unir a las suyas sus plegarias a Dios y la Virgen María para que entre en la gloria de los bienaventurados.

Al pasar ante la luna el ángel acceda a que la vea de cerca. La rodean y contemplan un mar inmenso en que se reflejan los rayos del sol, torrentes impetuosos que rompen sobre ríos caudalosos, cordilleras imponentes de cimas nevadas, espesas arboledas o pelados roquedales y una gran llanura, con ciudades populosas de edificios majestuosos.

Los lunícolas practican todos una sola religión, semejante a la cristiana porque tuvo el mismo fundador; el jefe de esta religión gobierna el mundo, pues los reyes de las naciones están sometidos a él, que cuida de que no abusen de su poder. No conocen ya la guerra, que tanto mal produjo en tiempos; los hombres no se dedican a las armas, ni los capitales a los ejércitos, unos y otros están al servicio de la industria.

Todos los hombres tienen trabajo y los trabajadores de cada oficio tienen una sociedad, a la que todos contribuyen con una parte de su salario, que socorre a los enfermos y a las familias de los fallecidos. Si alguno no está protegido por una sociedad, la beneficencia se ocupa de él.

El juego, que es el vicio más pernicioso, está severamente prohibido y castigado, a más de que quien gane en él ha de restituir lo ganado, una obligación que alcanza hasta al dueño de la casa en que se ha jugado.

Concluida la utopía, el autor no da por terminada la narración, sino que hombre y ángel se remontan por el espacio hasta la morada misma de Dios. Cuando nuestro protagonista está siendo juzgado en la balanza del ángel de la justicia, que pone en un platillo sus obras buenas y en el otro las malas, y ha de esperar a ver hacia qué lado se inclina la balanza, se despierta temblando. Todo ha sudo un sueño.

En fin, si reseño El sueño del cielo es porque aparece en alguna lista del género de la proto ciencia ficción española, que cuenta con utopías y viajes por el espacio bastante más interesantes.

NOTAS

1. Gómez y Jalón, Pablo. Cuento. El sueño del cielo ó Viaje fantástico de un espíritu por regiones nunca vistas, Impr. de J.M. Pérez (Misericordia 2), Madrid, 1870, 29 pp., 1 real.

 
 
 

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