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Ya antes de 1969 hubo algunas pequeñas reuniones a las que Buiza llamó miniconvenciones, la primera la celebrada en Madrid en la noche del 9 al 10 de diciembre de 1967, como se cuenta en Nueva Dimensión nº 1, a la que, además del propio Buiza, de quien después sería su mujer, Mercedes Valcárcel, "Gaviota", y de su entonces inseparable Carlo Frabetti, asistieron Domingo Santos y Luis Vigil por la revista, Francisco Valverde Torné, Juan García Atienza, Alfonso Álvarez del Villar, Francisco Lezcano, Juan Tébar, Arturo Mengotti y José Luis Garci que era un prometedor novel como escritores, y Tere Díaz, José Luis Martínez Montalbán, Francisco Sánchez, Gerardo Bustillo y uno o dos más, como aficionados.

Acudieron Santos y Vigil desde Barcelona, pues se trataba de coordinar la colaboración de una serie de autores en la futura Nueva Dimensión, duró seis horas y puedo añadir a lo que cuenta Buiza que el sitio exacto donde se celebró fue Las cuevas del arriero, ya que las reuniones ordinarias tenían lugar los jueves a las ocho en el bar Azul, Atocha 10, y las extraordinarias en estas cuevas, Atocha 14, cosa bien lógica habida cuenta de que Buiza vivía en Atocha 12.

Carlos Álvarez Buiza de Diego, conocido simplemente como Carlos Buiza, representaba mucho en aquellos tiempos en el fandom español: acababa de ganar una Ninfa de Oro y el Premio UNDA en Montecarlo y su fanzine Cuenta Atrás era el más leído entre los iniciados del género. Además, los que vivíamos en Madrid, ya queda dicho que empezamos a reunirnos una vez a la semana cerca de su casa para terminar haciéndolo en ella, que era la casa del aficionado. En su salón, con balcón a la calle Atocha, había un gran perro negro, compañero fijo de viaje de Buiza y Frabetti, encajado entre los dos en la vespa en que se desplazaban: Carlo lo sujetaba y cuidaba de él con estimable esfuerzo. Había también un gato que hacía cosas con el rabo del perro y lagartos. A algunos no se nos han borrado de la memoria las reuniones en el salón de la casa de Buiza.

Luis Giralt, Presidente del Comité Organizador de la I Hispacon.

La segunda miniconvención tuvo lugar el 27 de enero de 1968 en Barcelona, en la cafetería Lesseps, inmediata a la plaza de ese nombre, para coordinar esta vez a los artistas, y asistieron los dibujantes Enrique Torres (Enrich), Alfonso Figueras, Carlos Giménez, Esteban Maroto y José Escolano, el poeta Santiago Martín Subirats, los tres hombres fuertes de Nueva Dimensión Pedro Domingo Mutiñó (Domingo Santos), Luis Vigil García y Sebastián Martínez Más, junto con el director periodista José María Armengol, los publicistas y relaciones públicas Jordi Prat y Andreu Romà, y el traductor Octavi Piulats, más Berit Sandberg, que después se casaría con Sebastián y ha fallecido hace ya tiempo -me sigo acordando de ella-, Virginia Caro y algún otrono citado en Nueva Dimensión nº 2.

El inicio remoto de una verdadera HispaCon tuvo lugar cuando Jaime Rosal publicó una carta en el nº 5 de Nueva Dimensión (septiembre-octubre de 1968) en la que se ofrecía a confeccionar una lista de todos los aficionados españoles a la ciencia ficción dispuestos a agruparse y a coordinar sus reuniones. Como fruto de esta carta se movilizó el fandom de Barcelona y el 8 de enero de 1969 se constituyó oficialmente el Círculo de Lectores de Anticipación, que evidentemente tomó su nombre a imitación del C.L.A. francés. Sus fines eran incrementar la afición a la ciencia ficción, el cómic y el fantasy, y la cuota de los socios se fijó en 50 pesetas al mes.

Jaime Rosal no estaba integrado en aquellos primeros grupos de gentes que ya se reunían, mas, al leer el primer número de Nueva Dimensión, localizó por teléfono a Luis Vigil, estableciendo con él una amistad que aún perdura y luego con otros, y pasando a ser una figura relevante del fandom.

Unos días después, el 20, Jaime se fue a la mili y quedó al frente del club Ángel Rodríguez Metón, quien inició la tarea de legalizarlo. Para este trabajo encontró la valiosa colaboración de Luis Giralt, el cual, al protocolizarse la legalización, el día 1 de abril de 1969, pasó a ser el primer Presidente de la primera Asociación de ciencia ficción que hubo en España.

Volviendo la vista aún más atrás, en la primera década de los 60 EDHASA pretendió crear algo semejante a una asociación de aficionados del género a través de su colección Nebulae, pero ésta era sólo de libros, sin cartas de los lectores ni cosa que se le pareciese, lo que la hizo inviable.

El policía androide en la representación de Sodomáquina. El otro policía,
Miquel Barceló, aparece al fondo a la izquierda, tras la cortina.

Por su parte, los autores españoles de relatos cortos de las Antologías de Anticipación de Acervo se agruparon de alguna manera como en peñas o tertulias alrededor del francés Jacques Ferron, casado con la granadina Vicky de la Cruz, editor del fanzine Le jardin sidéral, que, igualmente en la primera mitad de los 60, fue el primero en ocuparse de la ciencia ficción española. Resultó ser de gran importancia, pues puso en contacto a muchos aficionados hispanos, entre ellos a Domingo Santos y Luis Vigil, un encuentro que terminó propiciando la aparición de la revista Anticipación (1966), primero, y de Nueva Dimensión (1968), después. Vivía en Brive, y por eso el primer fanzine de Buiza, el antecesor de Cuenta Atrás, se llamó Crónicas para la Vía Láctea, Andrómeda y Brive.

También aparecieron algunas asociaciones locales, la primera que conozco, la creada por Francisco Lezcano Lezcano en Las Palmas de Gran Canaria, asimismo anterior al C.L.A.

La I HispaCon fue hace casi 40 años y ya hacía tiempo que el plural de fan había dejado de ser fen. Los fans se reunían periódicamente en Barcelona en La Pérgola, que tenía un piso alto habitualmente vacío y silencioso, como después lo harían en el bar Velódromo, en Muntaner 211. Y por entonces algunos empezaron a reunirse también en casa de Luis Giralt, en la calle Valencia 279, donde había un cuarto que se conocía como “la habitación del C.L.A.”.

La primera vez que entré en ella ya era coleccionista y no olvidaré la impresión que me produjo ver alineados todos los volúmenes de Nebulae encuadernados en color castaño, los de Galaxia en azul, todos los números de Más allá y colecciones completas de lo que parecía ser cuanto se había publicado de ciencia ficción en España y Argentina. Allí solían estar Carlos Giménez, Avelino Flores, Ángel Rodríguez Metón, Ramón Cordón y, ¿cómo no?, Pilar Giralt, y seguro que algunos otros con los que no coincidí.

En una Feria del Libro de Ocasión encontré una parte de la biblioteca de Luis, tal como la recordaba, con sus iniciales L.G. en el lomo de los libros, y ya me temí lo peor. Su hermana Pilar, alma del aficionado desde el boletín del Círculo, Ad Infinitum, me confirmó la noticia de su fallecimiento. Había nacido en Barcelona el 5 de mayo de 1936 y murió en esta misma ciudad el 4 de febrero de 1996. Era Gerente del Colegio de Graduados Sociales de Barcelona, quienes asistieron masivamente a su entierro; de sus viejos amigos del C.L.A. apenas se enteró alguno. Otro querido compañero de los inicios para el que ya ha terminado el camino: descanse en paz.

La HispaCon la propuso primeramente Vigil al C.L.A. en mayo de 1969, pero se consideró prematura. Después, en ocasión de la Semana Fantástica de Sitges (27 de septiembre al 2 de octubre), Rosal retomó la idea y esta vez Giralt se decidió y la propuso formalmente a los socios del C.L.A. en carta de 8 de octubre: «La SF da a sus aficionados un ansia de proselitismo, de convivencia e intercomunicación de ideas que necesita de realidades y hechos concretos». Ésta fue su justificación para la convención. Y la de Vigil: «Al haber sido casi siempre considerado como ‘maldito’, el aficionado a la SF tiende a formar grupos de ‘iniciados’, unidos ante la intolerancia exterior», que se lee en el Programa de la HispaCon 69.

Ilustración del boletín de suscripción.

El Comité Organizador lo encabezó Luis Giralt Gorina, que cubrió el déficit como Presidente del C.L.A., y lo completaron Jaime Rosal del Castillo como coordinador, Antonio Martín Martínez como director de Bang! y Luis Vigil García como director de Nueva Dimensión, ya que estas dos publicaciones fueron colaboradoras de la HispaCon. Eran objetivo de la misma la concesión de los premios C.L.A. de ciencia ficción en pro de la labor de su difusión en España, la fijación de las bases para la creación del Premio Nacional de SF, que se otorgaría anualmente, y la conmemoración del primer aniversario del C.L.A..

Las fechas elegidas fueron las del sábado 6 al festivo lunes 8 del mes de diciembre. Como entonces se trabajaba los sábados, al menos por la mañana, el primer acto se programó para las 7 de la tarde y, a medida que íbamos llegando, nos reuníamos en la sede de EDHASA, entonces en Infanta Carlota 129, donde recogíamos la acreditación, llamada la ‘galleta’, y el último número de Nebulae, con el que nos obsequió la editorial. También Nueva Dimensión nos regaló el nº 10 de la revista y Rumeu dos ejemplares de su colección del género. Todas las publicaciones lucían en su primera página el sello del C.L.A. y el logotipo de la HispaCon.

El citado primer acto tuvo lugar a las 6 en vez de a las 7 en los locales del club San Carlos, Gran de Gràcia 137, y consistió en un cóctel de presentación a la prensa y entrega de insignias de la HispaCon, más la charla de bienvenida a cargo del presidente. Asistimos más de cien personas, casi no cabíamos, pero muchas eran ajenas al tema, pronto se desinteresaron y se marcharon.

A las 10 de la noche estaba prevista una proyección cinematográfica presentada por Toni Segarra, que no tuvo lugar: había empezado a hablar cuando le advirtieron de que el pase de la película no había sido autorizado, quizá por haberse pedido tarde, e interrumpió su exposición recién iniciada, que luego me ha dicho que iba a ser bastante negativa para el cine de ciencia ficción. En el marco de una exposición de ilustraciones y tiras de cómic, creo que montada por Alfonso Figueras, hablaron José María Echevarría, director gerente de EDHASA, y Miguel Masriera, prologuista habitual de Nebulae, que acababa de publicar su obra Siempre. Cuando alguien nos advirtió de que tampoco aquella reunión estaba autorizada, pues no se había previsto, nos disolvimos sin más.

El acto siguiente, éste según lo programado, se celebró a las 12 de la mañana del domingo y consistió en una mesa redonda sobre el tema «¿Qué es la ciencia ficción?», a cargo de Carlo Frabetti, Domingo Santos, Jaime Rosal y Luis Vigil, que dio lugar a un animado coloquio.

A las 7 se proyectaron algunos cortos del género, recuerdo el Viaje a la luna de Georges Meliès (1902), y los demás fueron también añejos. Estos filmes se pasaron en la sede de la Unión de Cineastas Amateurs, Nàpols 64 donde se desarrollaron también los demás actos, a excepción del cóctel, el baile y la cena, y los presentó el Presidente de los Cineclubs catalanes, José del Castillo, que poseía una espectacular filmoteca de super8, al igual que hizo con las otras películas. No era persona conocedora de la ciencia ficción, pero se desenvolvió muy bien.

A las 10 de la noche, también con una hora de adelanto sobre el horario previsto, acudimos al baile, en una discoteca ubicada en un sótano, donde se representó la pieza teatral Sodomáquina, de Frabetti. Como el pie de la foto publicada en el nº 59 de BEM induce a error, aclararé que Carlo fue el protagonista, el terrestre inadaptado, y el resto del reparto lo compusieron integrantes del Grupo de Teatro aficionado del Colegio Mayor Chaminade de Madrid, donde estaban los estudiantes de ingeniería aeronáutica Miquel Barceló y Domingo Jaumandreu, que era muy alto y tenía de por sí unos andares al estilo robot, por lo que hizo de gran androide. El contacto se estableció a través de Mari Cruz Prado, que fue la joven extraterrestre, novia entonces y esposa luego de Jaumandreu, alumno entonces y creo que hoy Director de la SONY para Europa. El posterior coloquio fue decepcionante para el autor: una señora lo cabreó bastante cuando le dijo que era bueno que hubiera mártires para que los demás pudiéramos vivir tranquilos...

El lunes hubo más de lo mismo. A las 12, la segunda mesa redonda, esta vez sobre «El fandom español», a cargo de Antonio Martín, Luis Giralt, Luis Vigil, Carlo Frabetti, Jaime Rosal y José Luis Martínez Montalbán. La posterior discusión resultó menos animada que la del día anterior: el que más y el que menos ya habíamos gastado las ideas con que habíamos acudido a la Convención y eso se notó. No faltó quien comentara el éxito que estaba teniendo Star Trek ni quien preguntara por la diferencia entre ciencia ficción y fantasía, pero, como resumen de los coloquios, resultaron inesperadamente inteligentes.

Menú de la cena, ilustrado con unos dibujos.

A las 7, un corto brasileño sobre la historia del cómic, más bien flojo, y Metrópolis, de Fritz Lang, y a las 11, en el restaurante La Pérgola, situado en la avenida María Cristina frente a las fuentes luminosas de Montjuïc -creo que hoy es la plaza Kennedy-, la cena de despedida por todo lo alto, con mucha asistencia, muchísima comida y bebida, orquesta y demás. Nos despedimos a lo grande y Giralt pudo decirnos adiós, ¡hasta Madrid el año que viene!, en un ambiente de entusiasmo.

Los primeros premios de una HispaCon fueron para EDHASA por la labor pionera de Nebulae, para Carlos Giménez por su obra gráfica en el campo de la SF y para Jaime Rosal por su trabajo de faneditor y en la fundación del C.L.A..

La documentación que se entregó consistió en el Programa, una lista de autores españoles clásicos y contemporáneos de ciencia ficción que incluía al inexistente M. Laguna, que así firmó Novelas y Cuentos una novela de Murray Leinster, y tres hojas de vocabulario técnico redactadas por Vigil y Rosal con la ayuda del Filostrated Fan Dictionary de Elliot Weinstein, en las que se explicaba, por ejemplo, lo que era un fan, un fanzine o un one shoot: entonces todo era nuevo y gustaba aprender el lenguaje de los iniciados. La inscripción fue gratuita y sólo hubimos de pagar 500 pesetas quienes asistimos al baile y la cena.

En Nueva Dimensión nº 13 se recoge parte de lo que he contado. Me interesa destacar, porque me parece que aún podría ser de actualidad, lo que escribió Frabetti en el sentido de que las mesas de trabajo se dejaron casi por completo al azar, sin avisar con tiempo ni detalle a los especialistas y sin pedirles sugerencias para elaborar un esquema previo de los puntos a tratar, y, quizá por eso, quienes las integraron no las prepararon debidamente, dejando demasiado a la improvisación.

Como escribí en su momento en BEM, he conservado los nombres catalanes en castellano, que era como entonces aparecían, por miedo a cometer errores. Avelino era sin duda Avel·li, pero había Antonio y Antoni, Luis y Lluis. No creo que importe mucho

Diverses són els homes i diverses las parles,
i han convingut dos noms a un sol senyor

me atrevería a parafrasear a Salvador Espriu.

* * *

Este artículo se publicó en la revista BEM nº 59, octubre-noviembre 1997, como parte de otro más extenso que obtuvo el Premio Ignotus. Posteriormente apareció en la carpeta del mismo título, que incluye el material al que se hace referencia y del que aquí sólo se reproducen algunas ilustraciones.

 

 
 

 

 

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