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Los socios del C.L.A. de Madrid que asistimos a la primera HispaCon fuimos José Luis Martínez Montalbán, coordinador, Francisco Elías —Pacho— Fernández Larrondo, coordinador adjunto, Carlo Frabetti y yo, a quienes se nos encomendó la tarea de organizar la segunda HispaCon un año después, junto con Luis Vigil por Nueva Dimensión y Antonio Martín por Bang!, al que le tiraba mayormente el cómic, pero le gustaba también la ciencia ficción, y del que hay que decir que había estado en Barcelona constantemente acompañado por el también desplazado desde Madrid Mariano Ayuso, que no era socio del C.L.A. pero estaba en la movida.

Igualmente asistió a la primera Con hispana José Antonio Villanueva Aranguren, que luego sería el primer presidente de la Sociedad Española de Ciencia Ficción, que trabajaba entonces en Cataluña, junto con su esposa, Ana de Miguel, que no me extrañaría que fuera la mujer que a más HispaCones ha acudido.

Para entonces los otros socios eran Ludolfo Paramio y Carlos Saiz Cidoncha, que no se pudo incorporar al C.L.A. hasta que no regresó de Guinea, donde trabajaba como meteorólgo. Solíamos reunirnos los domingos por la mañana, primero en la redacción de Cinestudio y luego en los altos de un bar que había en la plaza de Manuel Becerra. A veces venía alguien que no era miembro del Círculo, como José Luis Garci y alguno más.

El fanzine Bang!, de Antonio Martín

De esta Convención no se puede hablar sin haber estado en el ajo. El C.L.A. vivía del mecenazgo de Luis Giralt y éste tuvo obligadamente que cesar: una vez nos enseñó las cifras a un par de amigos y resultaba inviable. El fanzine del C.L.A., Ad Infinitum, conoció su último número normal en enero del 70 y el Círculo se fue apagando. Nosotros nos seguimos reuniendo e incluso Frabetti, Paramio, Monti y yo sacamos un critizine, Láser, pero ya no era lo mismo.

Las riendas de la organización de la HispaCon las tomó personalmente Carlo y la Convención se preparó en Madrid para los días que iban del sábado 5 al martes 8 de diciembre, con el apoyo de la Delegación Nacional de Cultura que cedió sus locales para ello, siendo Delegado de este organismo Juan Sierra y Secretario Juan Urbina, quienes, todo hay que decirlo, se llevaron un disgusto cuando pasó lo que pasó.

El permiso para los actos que tenían lugar en esta Delegación era pura rutina, pero en esta ocasión intervino la Dirección General de Seguridad y suspendió la Convención, esgrimiendo oficialmente el argumento de que estaba prevista la proyección de un documental sobre el alunizaje del Apolo XI que no había pasado la censura. Ni qué decir tiene que se ofreció suprimir esta proyección, pero se nos dijo con toda claridad de palabra que no se permitía celebrar una reunión organizada por Frabetti y que enviarían fuerzas de policía a la propia Delegación Nacional de Cultura y a Las cuevas del arriero, en Atocha 14 —al lado de la casa de Buiza—, donde se iba a presentar la HispaCon.

Sol 3 fue el primer nombre elegido para Nueva Dimensión

Se suspendió casi de un día para otro, por lo que no pudo darse que se celebrara una reunión sustitutoria en Barcelona: en Nueva Dimensión 65 Vigil o el linotipista se confundieron y apareció ‘70 por ‘71, lo que ha inducido a algún error, verbigracia el que aparece en BEM 47, que es lo que me movió a empezar a escribir de este asunto, primero, y a recuperar su documentación, después. Había algo más de cincuenta inscritos y se llegó justo a tiempo para avisar a los de fuera de Madrid que no se pusieran en camino. Varios residentes en la capital, más la gente de Nueva Dimensión que había venido con antelación, como doce o quince en total, nos reunimos apretadamente en casa de Buiza.

He dicho bien que no se puede escribir su historia sin haberla vivido. Nueva Dimensión la despachó con unas pocas líneas en su número 19, sección Se dice, apartado Convenciones: «Por no haber sido concedido el correspondiente permiso gubernativo, no pudo tener lugar la HispaCon 70, de proyectada celebración en Madrid los días 6 al 8 de diciembre, y a la que se preveía una asistencia y un programa más nutridos que los de la primera reunión de este tipo, celebrada en Barcelona en 1989».

Ciertamente no estaba el horno para bollos. Nueva Dimensión tenía abierto un expediente por la publicación de «Gu ta gu tarrak» («Nosotros y los nuestros») en su nº 14 y sus responsables se tentaban por entonces la ropa. Se daba el caso de que le abrieran un expediente a una revista y lo dejaran dormir, le abrieran después un segundo que corría la misma suerte, pero al tercero, resolvían los tres de golpe, calificándolos todos como faltas graves, lo que equivalía a una falta muy grave y suponía el cierre de la publicación.

El fanzine Uuuuh, Federico Sánchez

Me contaron —a veces me gastaron alguna broma, pero no creo que éste fuera el caso— que sometieron voluntariamente a censura previa el nº 17, que incluía el cuento «La batalla», de Robert Sheckley, porque en el Armageddon final, donde Satán y sus ángeles caídos se enfrentan a los robots que se baten esforzadamente por la causa de los humanos, Dios interviene para salvar a los autómatas y llevárselos consigo. El censor leyó el relato y les dijo que no presentaba mayor problema, pero que la batalla esa que tenía lugar en el desierto del Sáhara lo mismo podría tener lugar en cualquier otro desierto, y que el general que mandaba el ejército humano era lógico que se llamase generalísimo, aunque para qué mentar su nombre en vano, y menos en un cuento de humor: perfectamente podía quedarse en simple general, sugirió, como así ocurrió.

El programa de la HispaCon ‘70 no llegó a imprimirse y apareció en BEM con veintisiete años de retraso. Ahora, ya casi cuarenta años después, vuelve a hacerlo junto con las poesías que se iban a recitar y la pieza teatral Erobótica, de Frabetti, que él mismo iba a protagonizar en el papel de paria —que era lo suyo—, junto con la gran Teresa Inglés en el de Nefelia, José Luis Porras y los androides Luis Espinosa y Mari Carmen de Prado. Hay también datos sobre las charlas que iban a dar Alfonso Álvarez del Villar sobre «La ciencia ficción, un nuevo humanismo», Rafael Llopis sobre «Lovecraft y su escuela», Ludolfo Paramio sobre «El mito de Frankenstein» «y una vez más Carlo Frabetti sobre «La ciencia ficción como coartada».

Esta HispaCon tuvo ya un combozine, que asimismo se acompaña, no como una reseña de la Convención, sino un combozine en su sentido original, una colaboración de varios faneditores para sacar un zine común de la Con a razón de cuatro páginas por barba: fueron por orden alfabético el Ad Infinitum del C.L.A., que por última vez levantó la cabeza para la ocasión; el Bang! de Antonio Martín, que era la revista-fanzine de los tebeos españoles; el Cuenta Atrás, Compte à rebours, Count-Down de Carlos Buiza, el único fanzine que no era miembro del C.L.A y así lo decía en todos sus números; el Cyborg de Juan José Cagigal, de Reus, que tenía como coeditor e ilustrador a José Luis Galiano; las Fundaciones del ínclito Jaime Rosal, «primera Fundación», «segunda Fundación»..., que se numeraban en ordinales —con la duodécima obsequió a los suscriptores con unas «tapas»— y que, con una longevidad entonces inconcebible, llegaron hasta la vigésimonovena; el Epsilon Eridani de Rodolfo Guillamón, José Luis López, Joaquín Sabaté —en off— y Fernando Sáenz, que se decía fanzine decano de Canarias; el citado critizine Láser; Sol 3 —el primer nombre elegido para Nueva Dimensión—, uno de los efímeros de Vigil, que sacaba título tras título de uno o muy pocos números para el intercambio internacional, algunos en inglés con una incursión en catalán; el one shoot que fue el Tránsito de José Luis Gorrochategui, de La Coruña, y el Uuuuh! de Federico Sánchez, de Barcelona, que solía incluir terror.

Faltaron a la cita el Homo Sapiens de Jaime Palañà, de Molíns de Rey, porque Jaume estaba haciendo la mili; Svintus, de Juan Espejo, porque no salió a tiempo, y el Fantástico y científico Torito Bravo, también de Vigil, una hoja de tamaño folio prolongado plegada longitudinalmente en dos, porque Luis ya tenía bastante con uno. Ésta es la relación de todos los fanzines existentes, porque los de Vigil en inglés Spain Fan, A Spaniard at the (SF) Works, según la canción de los Beatles, y The Friendly BEM habían desaparecido tras su único número, al igual que el Space Rat de Rosaldejando a un lado su Minifundación por falta de entidad—, el mítico Dronte que daría nombre a la editorial de Nueva Dimensión, y aquel Crónicas para la Vía Láctea, Andrómeda y Brive, escrito a máquina con tres o cuatro copias, con el que empezó su andadura de fábulas Buiza.

Lluís Vigil y Andreu R. Parra sacaron en la primavera del 67 el primer fanzine en catalán, Constel·lació, que también fue de un solo y breve número, y que prácticamente no se reseñó porque no se repartió entre los castellanohablantes.

Tras la frustrada Con se redactó e imprimió a ciclostil una hoja titulada «HispaCon 70. La Convención que no pudo ser», que poca difusión llegó a alcanzar. Es la más completa fuente de información escrita, la sola significativa de la HispaCon que murió antes de haber nacido: como el resto de la documentación, la reproduzco para que no se pierda para siempre.

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Al igual que el anterior, este artículo se publicó en la revista BEM nº 59, octubre-noviembre 1997, como parte de otro más extenso que obtuvo el Premio Ignotus. Posteriormente apareció en la carpeta del mismo título, que incluye el material al que se hace referencia y del que aquí sólo se reproducen algunas ilustraciones.

 
 

 

 

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