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Hay novelas, tanto modernas como antiguas, que son tangenciales a la ciencia ficción, esto es, que se pueden considerar dentro del género si éste se concibe con amplitud y fuera de él si se toma en sentido estricto. Una de ellas sería El extraño caso del Doctor Iturbe [1], de Rafael López de Haro, novela breve que apareció en 1912 con lucidas ilustraciones de Demetrio.

Nació nuestro autor en San Clemente (Cuenca) en 1876, noveno hijo de una familia que perdió pronto al padre y contó con escasos recursos. Empezó a estudiar el bachillerato a expensas de un hermano mayor que falleció también, por lo que hubo de emplearse de escribiente. Aún así, cursó por libre la carrera de Derecho y opositó con éxito a notarías, jubilándose como notario de Madrid. Falleció en 1966, dejando escritas más de un centenar de novelas, cerca de treinta comedias, versos, ensayos y artículos periodísticos.

Él mismo dividió su narrativa en "novelas de la vida", que tratan de temas sociales, "novelas de las almas", impregnadas de misticismo, y "novelas de la carne", escritas para ganar dinero. La obra que comento está adornada además de un fondo fantástico.

Su ilustrador merece unas líneas. Demetrio López Vargas (Lorca, Murcia, 1865 - Madrid, 1960), en 1912 estaba casi al principio de su carrera como dibujante, pero ya apuntaba lo que iba a ser. Con gran facilidad para el dibujo, se especializó en una especie de mujer provocadora, sofisticada y exuberante, que frecuentemente tenía como víctima a un hombre poco dotado físicamente, protagonizando con estos dibujos novelas y cuentos en las llamadas publicaciones galantes.  

El Doctor Iturbe es el médico más prestigioso del mundo, pues ha descubierto el remedio para el cáncer y la neurosis, hasta el punto de que ya no quedan ni cancerosos ni neuróticos en el mundo. Pero un día mata a su mujer y a su hijo casi recién nacido, siendo juzgado, condenado a  muerte y ahorcado, pese a los muchos que piden su indulto.

El día anterior a su ejecución escribe febrilmente su testamento, en el que dice que, si hubiera querido, se habría librado de la muerte, diciendo al mundo que poseía el tratamiento para que los jóvenes no envejeciesen, los mayores no muriesen e incluso para que los muertos resucitasen.

El ser humano está compuesto por una multitud de células y muere cuando éstas pierden su homogeneidad, que puede recuperarse mediante el magnetismo animal que le transmita otra persona, acompañado de una excitación que llegue al espasmo orgánico, expuesto brevemente y sin las tantas explicaciones que proporciona el autor.

La necesidad de la excitación hace que, en principio, sólo funcione entre hombre y mujer, mas, cuando su bellísima esposa Laura cae mortalmente enferma, Iturbe  toma a Luisa, una paciente a la que ha salvado la vida, y los tres se conectan mediante hilos de platino que, pasando entre las vértebras, alcanzan la médula. Todo arranca según lo previsto, los tres sienten los mismo y Luisa y el doctor perciben cómo la fiebre abandona a  Laura. Cuando menos se espera, Luisa fallece súbitamente.

Luego Laura se recupera con rapidez físicamente, aunque no anímicamente, comportándose como un animal que vaga desnudo por el jardín de la finca de su marido, engullendo la comida como un animal y profiriendo tan sólo gritos inarticulados. Su marido le suministra un narcótico con la última comida del día, aprovechando su sueño para lavarla, atender a las heridas que se produce y hacer el amor con ella, hasta que, al dar a luz, recupera la mirada inteligente, el habla y las costumbres de un ser humano.

Extraña todo cuanto ve y le dice a su marido: «¿Por qué me besa usted?» Su desapego hacia su bebé es todavía mayor, no quiere saber nada de él  y hay que entregarlo al cuidado de una nodriza. Un día ve a un señor por la calle, lo llama por su nombre, Augusto Favre, y se interesa grandemente por él. Tanto que un día le dice a su marido que es la querida de Favre, del que siempre ha estado enamorada.

Mientras estuvo embarazada luchaban dentro de ella Laura y Luisa y por eso se comportaba de un modo irracional, pero ahora es sólo Luisa en el cuerpo de Laura y la vida de ésta ha pasado al bebé. Ese mismo día el doctor la envenena y ella, sintiéndose morir, mata por venganza al niño, al que odia y que la odia.

"Hasta aquí el testamento de Iturbe. ¿Qué consecuencias tendrá al ser conocido su descubrimiento prodigioso? ¿Se implantará la compraventa de cuerpos humanos?"

Quizá se comprendiera mejor este final cientificticio si yo no hubiera hecho gracia al lector de varias explicaciones seudocientíficas, no sólo sobre la transmigración de las almas, sino sobre la no existencia de las formas o de la mujer misma, para la que la irradiación magnética que recibe su cuerpo finge que existe. Son consideraciones que, obviamente, ya no suponen lo que pudieron suponer para el menos instruido lector de hace cien años. Esta omisión bien puede ser que ampute el carácter de pretendida novela de proto ciencia ficción que pudiera encontrarse a la obra.

NOTAS

1. López de Haro, Rafael. El extraño caso del Doctor Iturbe, El libro popular, nº 13, Madrid, 3 octubre 1912, 32 pp. con cubs. e ilutrs., 20 céntimos.

 
 
 

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