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Alejandro Larrubiera Crespo nació en Madrid en 1869 ó 70 y murió en esta misma capital en 1936 ó 37. No cursó estudios superiores por las estrecheces económicas de su familia, mas antes de cumplir los 20 años era ya un periodista autodidacta. Fue asimismo escritor de cuentos y novelas cortas en la tendencia del realismo, lo que no le privó de hacer alguna incursión en el campo del fantástico. Escribió también sainetes y libretos de zarzuelas.

Hombre modesto y de trato afable, fue un autor entre tantos de su generación, con grandes simpatías entre el elemento femenino por su línea literaria. Vivía en Madrid, en el segundo piso de una vieja casa de la calle de Malasaña, y tuvo tres amigos entrañables, el músico Federico Chueca y los escritores Juan Pérez Zúñiga y Antonio Casero. Solía asistir a las tertulias del café Comercial, de Fornos y otras, así como a los muchos eventos literarios que se celebraban.

Se dio a conocer en los semanarios La caricatura y Madrid Cómico y después fue colaborador asiduo de La Ilustración Ibérica y La Ilustración Artística de Barcelona, y Blanco y Negro de Madrid. Pasó a figurar seguidamente en los principales diarios españoles, como El Globo, el Heraldo de Madrid, El Liberal, El Imparcial y La correspondencia de España, así como en los semanarios festivos Gil Blas, Madrid Alegre y Sancho Panza. Escribió también para Cartas y cuentos de Buenos Aires y el Mercurio de Nueva Orleáns.

Para el teatro lírico escribió libretos de zarzuela, en su mayoría en colaboración con Antonio Casero, entre los que cabría citar el de Las mocitas del barrio, obra póstuma de Federico Chueca, y otros para músicas de Ruperto Chapí y José Serrano.
 
Fue autor de diversas novelas, tales Márgara, Feúcha o Mimosa, y colecciones de cuentos, como Historias madrileñas o El dulce enemigo, donde apareció el cuento que nos importa, "La mujer número 53" [1], una historia muy corta que tampoco necesita más para su desarrollo.

Una mañana, leyendo su periódico favorito, Thon Bullg se sorprende con el siguiente anuncio:

El Doctor Volsk, que reside en el Hotel Universal, participa al honorable público que ha encontrado el procedimiento infalible para la transmutación psíquica.

Los avatares de hombres a mujeres son a precios módicos.Los de mujeres a hombres a precios convencionales por lo costosodel procedimiento.

Se garantizan las operaciones.

Al señor Bullg le falta tiempo para ir a ver al Doctor Volsk. En su presencia le dice que estaba completamente decidido a que su espíritu se trasladara al cuerpo de una mujer. Ya desde hacía años, conociendo la espiritualidad masculina, quería conocer la femenina.

El Doctor le pasa un álbum, lujosamente encuadernado, con los retratos de un centenar de mujeres y una serie de indicaciones al pie de cada retrato. Tras hojearlo con calma, Thon Bullg señala a la mujer nº 53 y dice simplemente:

-Éste.

-Magnífico ejemplar -responde el doctor-. Mañana a esta hora puede usted pasar por mi estudio.

La operación fue un éxito y el Doctor, frotándose las manos, despidió a la señorita en el cuerpo del señor, diciéndole que podría gozar de la libertad omnímoda del hombre, y al señor en el cuerpo de la señorita diciéndole a su vez que podría experimentar sin trabas la exquisita espiritualidad femenina, como era su deseo.

El autor se excusa con el lector por no seguir la marcha de los acontecimientos posteriores, hasta que un día el señor Bullg se presenta de nuevo en el estudio del médico para decirle que halla insoportable su actual estado y desea regresar al anterior.

-Desde el primer día de mi cambio corporal me sentí cohibido en presencia de mis compañeras, las mujeres, se me antojaba ridículo cuanto a ellas atañía. Mi otro yo corporal ha sido una mazmorra para mi espíritu en la que mi alma se debatía a la desesperada.

-Uno más -murmuró Volsk, como si respondiera a sus meditaciones-. Todas las mujeres están satisfechas con el cambio y los hombrees, ¡ninguno! Es de todo punto imposible acceder a sus deseos.

-¿Imposible? -replicó con doloroso acento Bullg.

-Imposible, sí. La ciencia no alcanza aún a repetir con un mismo espíritu una nueva transmutación.

-¿Y he de ser in aeternum la mujer número 53?

-¡Para siempre! -respondió el doctor con amarga ironía.

Y el señor Thon Bullg, mejor dicho, el ahora la señorita Virginia Clars, lanzó un gran suspiro y dejó caer abatida su cabeza sobre el pecho.

ADDENDUM

La prensa humorística y satírica fue numerosa en España en la segunda mitad del siglo XIX, particularmente en los períodos en que hubo libertad de imprenta, debido a la gran agitación política que se vivió por entonces; casa periódico estaba al servicio de una causa política. Escribió precisamente Larrubiera, en La prensa madrileña político-satírica del siglo XIX que son innumerables los periódicos que recorren con mayor o menor fortuna el camino que va desde la ironía a la injuria,

Y como vengo tratando con frecuencia de cuentecillos de esta guisa, aparecidos en periódicos de esta laya, aprovecho que estoy hablando de Larrubiera, para citar estas palabras suyas.

NOTAS

1. Larrubiera, Alejandro. "La mujer número 53", en El dulce enemigo, Sucs. de Rivadeneyra, Madrid, 1904; 2ª ed. 1911.

 

 

 
 
 

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