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I. El cordobés Lucano escribió en el siglo I
un cuento de terror fantástico

Contentus fama iacet Lucanus
in hortis marmoreis
Juvenal, Sat. VII, 79-80

Quelli è Omero poeta sovrano,
l'altro è Orazio satiro que viene;  
Ovidio è il terzo, e l'ultimo Lucano
Dante, Div. Com., Inferno IV, 88-90

El relato de terror fantástico más antiguo que conozco lo compuso en Roma, hacia el año 62 de nuestra era, el cordobés Lucano. Escrito en sonoros hexámetros latinos, pues se trata de un poema para ser declamado, contiene elementos propios del terror fantástico moderno: en él se hace revivir a un muerto inoculándole sangre caliente de un vivo, limpiándole la podredumbre de sus médulas y suministrándole el virus lunar. Para que el cadáver, que vacila en hacerlo, se anime a volver a la vida, se le azota enérgicamente con una serpiente viva.

Me refiero a La Farsalia, a la segunda mitad de su libro VI, versos 413 a 830, donde se describe esta espléndida y aterradora escena que la traducción perjudica, pero que mantiene en la prosa castellana un más que suficiente interés y vigor1.

Hac ubi damnata fatis telure locarunt castra duces...

"Desde el momento en que los jefes colocaron sus campamentos sobre esta tierra condenada por los hados...", así comienza nuestra narración. Lucano, particularmente desde que se alejó de Nerón, era pompeyano y no cesariano -republicano y no imperial-, pero aquí cuenta cómo un hijo cobarde de Pompeyo, en la víspera de la batalla de Farsalia2,, consulta su resultado a la hechicera tésala Ericto.

El poema tiene tres héroes, Pompeyo y Catón los positivos y César el negativo, ninguno de los cuales toma parte en este episodio. Sexto Pompeyo3, como suele hacer el autor con los personajes secundarios, es presentado con solo una pincelada, tan breve como aguda, es el "vástago indigno de un padre como el Magno". A la maga, en cambio, la va a describir con un detalle que no concede a ningún otro personaje femenino, que tampoco es nunca tan protagonista.

Marco Anneo Lucano, de la ilustre familia de los Anneo, nació en Córdoba el 30 de noviembre del año 39. Su padre era un hombre de letras, hijo de Séneca el Retórico y hermano de Séneca el Filósofo, y por parte de madre pertenecía a la familia de los Accilio, era nieto de Accilio Lucano, que alcanzó fama en Córdoba como orador y del que tomó su cognomen.

Cuando contaba tan sólo ocho meses de edad su familia se instaló en Roma, donde recibió una educación esmerada. Gracias a su tío fue admitido en la cohors amicorum de Nerón y, aún antes de contar con la edad legal para ello, se le nombró cuestor y, después, augur.

En el año 60 ganó el premio quinquenal sobre música, elocuencia y poesía con la composición Laudes Neronis4, y en el 62 publicó los tres primeros libros de La Farsalia, lo que parece que suscitó la envidia del emperador. Poco después, deseoso de vengar un agravio, se atrevió a competir con él en el gran teatro de Pompeya, declamando un poema propio sobre el descenso de Orfeo a los infiernos frente a la tragedia Niobe del César, arrebatándole la palma del certamen.

Así las cosas, Lucano siguió componiendo los siete libros restantes de La Farsalia y otras varias obras en verso y prosa, pero se comprometió además en la conspiración de Pisón. Cuando se descubrió la conjura, cuentan Suetonio y Tácito que descendió a las más viles humillaciones para salvar su vida.

Sea cierto o incierto, no le sirvió de nada, sino para arrastrar también a su tío Séneca a la muerte. El 30 de abril del 65, cuando contaba tan sólo 25 años de edad, recibió la orden de matarse y se hizo abrir las venas después de haber comido abundantemente. Cuenta Tácito que se desangró lentamente, recitando unos versos de La Farsalia en los que se describe la muerte de un soldado herido.

Poco antes se había casado con Polla Argentaria, que permaneció siempre fiel y a quien se debe la publicación de los siete últimos libros de La Farsalia. Del resto de su obra apenas se conservan algunos fragmentos de pocos versos.

Nuestro autor no creía en los dioses, sus contemporáneos romanos habían dejado de ser creyentes para convertirse en ateos supersticiosos. Lo maravilloso religioso, que había funcionado tan bien en una sociedad crédula que veía divinidades y prodigios por todas partes, había dado paso a la creencia en la magia, los encantamientos y los furores proféticos. Y a esto va a recurrir Lucano.

En la tierra tesálica "nacen cosas capaces de hacer violencia a los dioses". Y, en su consecuencia, "los encantamientos impíos de estos pueblos siniestros atraen los oídos de los habitantes del cielo, sordos a tantos pueblos y a tantas gentes. Esta voz es la única que penetra hasta las profundidades del éter y lleva a la divinidad, en contra de sus deseos, palabras irresistibles..."5

Nos vamos encontrando con expresiones como "nefando murmullo" o "ilícitas llamadas" y nos vamos sintiendo cercanos a Lovecraft. Las divinidades son víctimas de los encantamientos de los hombres y el cordobés se pregunta por qué: "¿Qué clase de contrato han pactado los dioses para estar de tal forma encadenados?, ¿obedecen por obligación o les agrada hacerlo?, ¿es el precio de una piedad desconocida o es el poder conseguido mediante amenazas?"

Y describe algunos de estos encantamientos, que son tan poderosos como para hacer que la tierra detenga sus giros y el día no suceda a la noche, ante la estupefacción de Júpiter, o como para que el río remonte la pendiente de su lecho; que todo animal capaz de dar muerte suministre los medios de matar, por temor a los artificios hemonios6, o que los nudos de la víbora se suelden nuevamente después de cortado su cuerpo.

Mas la hechicera tesalia7 supera todo el horror imaginable: "Estos ritos criminales, estos encantamientos de una gente maldita, habíalos condenado la cruel Ericto como excesivamente piadosos y había aplicado su arte impura a nuevos ritos". La sacrílega no dobla su cabeza bajo el techo de una ciudad, porque "habita en tumbas abandonadas y ocupa los túmulos después de expulsar de ellos a las sombras".

Como al final se reproduce un fragmento que narra las impiedades de Ericto, no voy a abundar más en ellas, pero he de señalar la fuerza de dos versos que son todo un hallazgo:

Omne nefas superi prima iam voce precantis
concedunt carmenque timent audire secundum

"Ya a la primera voz de su plegaria los dioses le conceden todo lo ilícito y temen escuchar el segundo conjuro". (No dice que acojona a los dioses porque no era expresión de su tiempo). y el clima se sigue encendiendo, preparando al lector para todo lo que la maga es capaz de hacer a un vivo, obligando a la muerte a que se acerque a él contra su voluntad, o a un cadáver, al que le arranca los ojos y, si un nervio se le resiste, se queda colgada de él.

A las doce de la noche del día anterior a la batalla, el cobarde vástago de Pompeyo que no puede soportar no saber si va a ser "el hijo del jefe de un imperio o el heredero de un inmenso desastre", acude a interrogar a la hechicera. Ésta tampoco conoce el desenlace de la lucha, sobre el que no puede actuar porque no se trata de un hecho personal sino del encadenamiento de las causas procedentes del primer origen del mundo -casi se podría decir que Lucano hace un pinito de análisis marxista de la Historia-, pero se regocija la impía de toda la sangre de hombres famosos que va a tener, aunque no sabe si podrá arrancar los despojos del cuerpo yacente de Pompeyo o irá a precipitarse sobre los miembros inertes del cadáver de César.

Acepta el encargo halagada y decide resolverlo haciendo hablar al cadáver aún tibio de un muerto reciente, cuya boca resuene a plena voz porque una sombra funeraria de miembros ya calcinados podría murmurar a sus oídos algo ininteligible. Elige un cuerpo insepulto con la garganta atravesada, pero de pulmón sin herida, y lo arrastra con un gancho hasta un monte cavernoso que la funesta había dedicado a sus ceremonias impuras8.

Pectora tum primum feruenti sanguine supplet
uolneribus laxata nouis taboque medullas
abluit et uirus large lunare ministrat

"Entonces, en primer lugar, llena de sangre hirviente el pecho abierto con nuevas heridas, limpia las médulas de podredumbre y suministra en abundancia el virus lunar9. Prepara luego un brebaje con sustancias entre las cuales algunas tenían un significado para los romanos del que hoy carecen, pero otras son tan de actualidad como la espuma de perros rabiosos, brebaje al que incorpora "hojas impregnadas de nefando encantamiento y hierbas sobre las que su impura boca escupió cuando nacían",

A continuación, con voces muy dieferentes del sonido humano, pues tienen al tiempo el ladrido de los perros, el aullido de los loboos, el lamento del nocturno vampiro, el bramido de las fieras y el silbido de la serpiente, canta al Caos, ávido de confundir los mundos; a Perséfone (Proserpina), que odia al cielo y a su madre; al que en la puerta de la vasta morada arroja nuestras vísceras al perro cruel10 ; a sus hermanas, las Parcas, que han de destejer el hilo de la vida del desgraciado difunto, y a las demás divinidades del reino de las tinieblas.

"Si os invoco con boca bastante nefanda e impura, si jamás os dirijo mis conjuros ayuna de fibras humanas, si frecuentemente os he ofrecido senos fecundos, si he lavado con un cerebro todavía caliente las entrañas cortadas, si todos los niños cuya cabeza y vísceras yo colocaba sobre vuestros platos estaban destinados a vivir, dad cumplimiento a mis ruegos". (Es realmente gore).

No les pide un muerto antiguo, cuya alma esté ya habituada a las sombras, sino uno reciente, detenido todavía en la primera hendidura del pálido Orco. La sombra del muerto elegido se pone en pie, pero tiene miedo de volver a entrar en el cuerpo. Irritada Ericto de que se permitan los hados esta demora, azota al cadáver inmóvil, dándole de latigazos con una serpiente viva, y amenaza a los manes del infierno con que, si no proceden de inmediato, se deja de conjuros y los saca a la luz, abandonándolos en ella para siempre.

En el fragmento final se recoge completo el revivir del muerto. Éste habla triste y bañado en lágrimas para vaticinar la victoria de César y la derrota de Pompeyo, pero no lo hace directamente, sino que Lucano aprovecha para decir que los ocupantes de las felices moradas elíiseas y de las tristes mansiones tártaras las han abandonado en direcciones opuestas: en las primeras estaban los pompeyanos republicanos, defensores de las libertades romanas, y en las segundas los cesarianos imperiales, partidarios de la dictadura.

Asistimos a un repaso de la historia de Roma con una tópica división entre buenos y malos, entre senatoriales y demagogos. Así los Escipiones lloran la muerte del último de su estirpe, Metelo, suegro de Pompeyo11; Catón se apena por el suicidio de su nieto, que no está dispuesto a ser esclavo12; de los representantes del partido senatorial, sólo Bruto está contento entre las almas piadosas porque un descendiente suyo matará a César.

En cambio están jubilosos los Drusos, desmedidos en sus propuestas legislativas, y los Gracos, de una osadía desaforada13. Aún con sus manos atenazadas por eternas cadenas de hierro, una nube de cobardes aplaude desde las cárceles de Plutón.

También se conoce la próxima muerte de César, lo que reduce la incógnita del porvenir "a qué túmulo va a bañar la onda del Tíber y cuál la del Nilo", es decir, si César morirá en Roma y Pompeyo en Egipto, como en la realidad ocurrió, o sucederá a la inversa. Las palabras postreras del revivido son para los Pompeyo: "¡Oh familia infortunada, en todo el mundo no verás lugar más seguro que la Ematia!"14

La hechicera cumple por una vez lo prometido: levanta una pira hasta la que va el difunto por su propio pie y allí lo incinera, encantándolo para que nadie puede hacerlo volver a la vida. Sexto Pompeyo retorna al campamento sin decir nada, por más que cupiera esperar una reacción por su parte, y así concluye el libro VI de La Farsalia.

Quizá Lucano imaginó este episodio de cobardía de Sexto Pompeyo por su actuación posterior a Farsalia. No tomó parte en la batalla de Munda (Montilla), en la Bética hispana -de la que dijo César que en ella no luchó por la victoria, sino por su vida-, donde murió su hermano Cneo, y, tras conocer la derrota, huyó a las montañas.

Tras muchas peripecias se convirtió en pirata, haciéndose llamar "el hijo de Neptuno", y su flota hostigó y saqueó por años las costas de Italia y dificultó los suministros a Roma: todos los descontentos se le unieron. Derrotado en el 36 por Agripa, lugarteniente de Octavio, en una batalla naval frente a Mesina, abandonó a sus fuerzas terrestres y huyó al Asia Menor, donde fue capturado y ejecutado en Mileto por orden de Octavio.

Así concluyó la última resistencia de los republicanos, como cuenta Horacio, que atribuía las tres guerras civiles a la maldición que pesaba sobre Roma desde que Remo matara a su hermano Rómulo.

DOS FRAGMENTOS DE LA FARSALIA

"...entonces la maga tesálica sale de los sepulcros abandonados y capta los fulgores nocturnos. Por donde pasa deja abrasadas las simientes de una fecunda mies y con su aliento infecta las auras que no eran mortíferas. No ruega a los dioses del cielo, ni llama en su auxilio con fórmulas suplicantes a una divinidad, ni conoce las fibras propiciatorias; goza colocando sobre los altares antorchas funerarias y el incienso que arrebató a las hogueras sepulcrales. Ya a la primera voz de su plegaria los dioses le conceden todo lo ilícito y temen escuchar el segundo conjuro. Almas vivas y que todavía gobernaban a sus miembros, ella las encerró en la tumba y la muerte se acercó contra su voluntad a unos hados que le debían años; trastornando la ceremonia fúnebre hizo levantarse de sus tumbas a los muertos y los cadáveres abandonaron su lecho. Sustrae de en medio de las piras las cenizas humeantes y los huesos ardientes de jóvenes e incluso la misma antorcha que sostenían los padres; recoge los residuos del lecho sepulcral que vuelan en el negro humo, los vestidos que caen en cenizas y las brasas que conservan el olor de los miembros. Pero cuando los cuerpos se guardan en sepulcros de piedra donde se embebe el líquido interior y se endurecen, vaciada la médula putrescente, entonces se encrudelece ávidamente sobre todos los miembros, hunde las manos en sus ojos, goza sacándoles las heladas pupilas y roe las excreecencias de la mano desecada. Rompe con sus dientes el lazo y los nudos que dan la muerte, despedaza los cuerpos de los que han sido colgados, roe las cruces, arranca las vísceras bañadas por los aguaceros y las médulas calcinadas por el sol que las penetra. Arranca el acero clavado en las manos, el oscuro pus que destila de los miembros putrefactos y la ponzoña cuajada; y si un nervio resiste sus dientes se queda colgada de él. Si en la tierra desnuda yace cualquier cadáver, se coloca a su lado antes que las fieras y los pájaros y no quiere despedazar sus miembros con el hierro o con sus manos, sino que espera a que los lobos lo muerdan para arrebatarles la carne de su garganta reseca. Sus manos no se abstienen de dar muerte si tiene necesidad de sangre viva que brote por vez primera de un cuello abierto y si los convites fúnebres reclaman vísceras palpitantes; así por la herida del vientre, no por donde la naturaleza reclamaba, extrae el fruto materno para colocarlo sobre ardientes altares; y cuantas veces son precisas sombras crueles y fuertes, ella misma se procura los manes: toda muerte humana entra en sus cálculos. Ella arranca de un cuerpo joven el vello de sus mejillas, ella, con su mano izquierda, corta la cabellera del efebo moribundo. Frecuentemente también en los funerales de un pariente la malvada tesalia se echó sobre sus miembros queridos y dándole un beso le truncó la cabeza, le abrió la boca oprimiéndole con sus dientes y, mordiéndole la lengua pegada a su seca garganta, lanza un murmullo sobre los labios helados y manda a las sombras estigias algún sacrílego arcano". (VI, 519-569).

"...¿Obedecéis? ¿o será preciso que llame a aquél del que la tierra no oye jamás el nombre sin que tiemble sacudida, el que puede mirar abiertamente a la Gorgona y castigar a Erynnis15 amedrentada por sus golpes, el que habita las regiones tártaras donde no penetra vuestra mirada, aquél para quien vosotros sois los dioses de lo alto y que puede jurar en falso por las ondas estigias?16 Al punto la sangre coagulada se recalentó, reconfortó las negras heridas y corrió por las venas hasta las extremidades de los miembros. Las fibras sacudidas trepidan bajo el gélido pecho y una nueva vida infiltrándose por las médulas desacostumbradas, se mezcla con la muerte. Entonces todos los músculos palpitan y los miembros se extienden, y el cadáver no se levanta del suelo poco a poco y miembro por miembro, sino que fue rechazado por la tierra y se irguió súbitamente. Ábrense los ojos y los párpados quedan al descubierto. Todavía no tiene el aspecto de un ser viviente, sino de quien está a punto de morir; continúa pálido y rígido y se muestra estupefacto de haber sido devuelto al mundo. Pero ningún murmullo resuena en su cerrada boca; la voz y la lengua le son concedidas solamente para responder: "Contéstame a lo que te ordeno", le dice la tesalia, "y te prometo una gran recompensa, pues si dices la verdad te haré inmune a las artes hemonias para todo el tiempo que dure el universo; yo quemaré tus miembros con un conjuro estigio en un sepulcro tal y con tales leños que tu sombra no escuchará más los encantamientos de ningún mago. Sea tan grande el precio de haber vuelto por segunda vez a la vida; ni palabras ni hierbas osarán turbar tu largo sueño del Leteo una vez que yo te haya dado la muerte. A los trípodes y a los sacerdotes de los dioses convienen las profecías oscuras: que marche con la certidumbre todo el que pide la verdad a las sombras y se acerca animoso a los oráculos de la inexorable muerte. No ocultes nada, te lo ruego: da a las cosas sus nombres, indica con claridad los lugares y emplea la voz con la que hablan conmigo los hados". (VI, 744-774), trad. Víctor José Herrero Llorente.

 

NOTAS

1. Este episodio fue ignorado o valorado en poco por los críticos de Lucano, hasta que en 1928 Bourgery publicó un artículo en la Revue d'Études Latines titulado "Lucano et la magie", en el que lo reivindica enérgicamente, destacando tanto su valor en sí mismo como el papel que juega al encender el ambiente para la descripción posterior de la batalla.

2. La batalla de Farsalia tuvo lugar el 9 de agosto del año 48 de la Era Antigua, el 705 ab urbe condita, en la región griega de Tesalia, y es bien sabido que en ella César aplastó a Pompeyo, que se salvó a uña de caballo para ser apuñalado poco después por la espalda, cerca de la isla de Faros, ante los ojos de su esposa y su hijo.

3. Pompeyo tuvo dos hijos, ambos de su tercera esposa, Mucia Tertia, que fueron Cneo y Sexto.

4. El premio tenía tres modalidades, el concurso ecuestre, el gimnástico y el de música, entendido éste en el amplio sentido citado. Los tres los ganó Nerón por aclamación, pero los vencedores reales fueron coronados, entre ellos Lucano.

5. He consultado varias versiones españolas de La Farsalia y de todas he sacado algo, mas las citas textuales corresponden casi siempre a la primera que leí, la de Víctor José Herrero Llorente (Barcelona, Alma Mater, 1957), publicada en texto bilingüe.

6. Hemonia fue el nombre primitivo de Tesalia.

7. El Diccionario de la Academia admite hasta cinco formas para este gentilicio: tesalia, tesaliense, tésala, tesálica y tesaliana, con preferencia por las dos primeras.

8. Un promontorio de Lacoonia donde el mito situaba una caverna por la que se descendía a los infiernos.

9. El Oxford Latin Dictionary define el virus romano como una secreción venenosa de serpientes y otras criaturas, o de plantas y otras cosas, un veneno, un fluido ponzoñoso preparado para su uso, etc. Pone también ejemplos del uso del término en sentido figurado, como el virus de la espada y otros, lo que permite interpretar el virus lunar por analogía.

10. Hermes (Mercurio), de quien se decía que acompañaba hasta allí a los muertos.

11. La cuarta esposa de Pompeyo fue Julia, hija de César, y la quinta Cornelia, hija del último Escipión, de nombre Metelo por haber sido adoptado por un miembro de esta familia. Fue siempre un fiel pompeyano y, tras ser derrotado en Tapso (cerca de Cartago), dos años después de la batalla de Farsalia, se quitó la vida cuando iba a ser capturado.

12. Mario Poncio Catón, Catón de Utica, era en realidad bisnieto de Catón el Censor. No participó en la batalla de Tapso porque mandaba la retaguardia en Utica, pero se quitó igualmente la vida tras leer los últimos momentos de Sócrates en el Fedon. Fue el primer mártir de César.

13. Livio Druso propugnó que se concediese la ciudadanía romana a todos los habitantes de Italia, y fue víctima de su esposa y del favorito del emperador. Los hermanos Tiberio y Cayo Graco, tribunos del pueblo como lo fue César, fueron asesinados por defender reformas sociales: Lucano los sitúa entre los demagogos.

14. Región próxima a Tesalia que parece la misma para quien habla, o que la una comprende a la otra, pues vaticina que en ella no morirá ningún Pompeyo, que cayeron los tres en otros lugares.

15. Las erinias griegas, Alecto, Tisifón y Megera, eran monstruos infernales, semejantes a las Furias romanas. e

 16. Pasaje muy imitado siglos más tarde, así Juan de Mena en su Laberinto:

Obedecedme, sinon llamaré
a Domogorgón, el cual invocado
teme la tierra, ca tiene tal fado,
que las Estigias non mantienen fe.

o Alonso de Ercilla en su Araucana, en el episodio del encantamiento del mago Filón, donde los cuatro últimos nombres son los de los cuatro ríos infernales:

¡Oh Domogorgon, tú que lo postrero      
habitas del tártaro reino eterno
y las hirvientes aguas de Aqueronte,
de Leteo, Cocito y Flegetante!

y otros varios más.

 

 
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