Presentación
Apuntes
Artículos Biblioteca
Contacto
 
[1]   [2]   [3]

III. EL VIAJE A MARTE DE DOS CADETES ESPAÑOLES

Reviste un tono intencionadamente festivo, hasta el límite con lo burlesco, El viaje a Marte de K-Hito, seudónimo habitual del conocido dibujante y humorista Ricardo García (1890-1984), un cuadernillo que se asemeja mucho a un fascículo, de 16 páginas en tabloide de 12x16 cm., de las que las pares son de texto y las impares ilustraciones en color del propio autor, con una portada que sirve de cubierta. La edición es de Rivadeneyra, Madrid, sin año.

Pepito Binomio y Juanito Espoleta son dos cadetes de infantería que proyectan y construyen una máquina voladora que bautizan como el "biplano saltamontes", porque se mueve a grandes saltos. Se desplazan con ella hasta el frente de África y, allí, la explosión de una bomba los impulsa con tal fuerza que rebasan la órbita de la Tierra y se precipitan sobre Marte.

Encuentran unos extraños seres, sumamente delgados, cuya carne es como masilla que se va endureciendo con los años, mientras que sus huesos son de hierro, siendo su oxidación la única enfermedad que padecen: se cura comprando en el estanco huesos de recambio, fáciles de sustituir. Sólo comen metales, acero, aluminio o plomo para almorzar y mercurio líquido para desayunar, ya que su estómago es también metálico. No se mueren nunca porque, cuando llegan a un estado límite, duermen cinco años y se despiertan otra vez jóvenes.

Los aloja en su casa un general que habla español y les proporciona para dormir sendos tubos de hoja de lata. Cuando salen a la calle ven a los chicos todo el día jugando y es que no hay escuelas en Marte, se les imparten a los alumnos las asignaturas en polvo, abriéndoles unos cuadraditos en la cabeza para metérselas.

El palacio del dios del planeta está construido todo él de oro y piedras preciosas y se penetra a su interior a través de una puerta tan baja que hay que cruzarla a gatas, vigilada por un enorme e impertérrito león de tres cabezas al que hay que acariciar para que te deje pasar. Pero el dios es el tipo más flaco y raquítico que nunca hayan visto los cadetes. Los regalos que se intercambian son dos saltamontes amaestrados y un frasco de aceite de hígado de bacalao.

Al volver a la calle son arrollados por dos hijos del Ministro de la Guerra montados en grandes cerdos alados, de los que se libran arrojándoles polvos matachinches, que se desconocen en Marte. Los guardias los encierran en sendas esferas de hiero y los conducen rodando hasta la cárcel.

En fin, tras una terrible agarrada con Saturno, que se los quiere comer como hiciera con sus hijos, y alguna que otra peripecia más, a cada cual más disparatada, termina por caer sobre el toldo de la terraza del Casino Militar de Madrid, al grito, por supuesto, de "¡Viva España!".

"Y pocos años más tarde, Pepito y Juanito eran dos oficiales serios, arrogantes y pundonorosos, muy queridos y considerados por cuantos tenían la suerte de hablarles.

 
[1]   [2]   [3]

 

 

© Augusto Uribe. No está permitida la reproducción de los contenidos de esta web sin el permiso expreso del autor.