Presentación
Apuntes
Artículos Biblioteca
Contacto
 
 

Empezando por el Premio Nobel José Echegaray, son bastantes los Ingenieros de Caminos que han hecho alguna incursión en el mainstream de la literatura, menos los que han escogido el género de la novela. Uno de ellos es José Mesa Ramos, con su peculiar utopía La Isla de la Paz y de la Guerra.

A lo largo del siglo XVIII se escribieron en España varias utopías críticas con la sociedad de su tiempo, utopías cristianas de carácter conservador. En el siglo XIX aparecieron las no menos críticas utopías socialistas, de signo contrario, y en el primer tercio del siglo XX las utopías anarquistas o libertarias.

En esos años, uno antes de la guerra civil, publicó su utopía contra corriente el Ingeniero de Caminos José Mesa Ramos. Responde a las preocupaciones del autor -mayor, cercano a su fin-, expuestas de un modo simplista que tiene como telón de fondo la situación que se vivía en la España de 1935.

Como dice Calvo Carilla, la escribió con vocación de respuesta al presente inmediato, anunciando imprevisibles mutaciones de un tiempo de incertidumbres personales y colectivas. El autor se propuso escribir una fábula o una parábola de los desconcertantes tiempos presentes.
 
La isla de la paz y de la guerra, subtitulada novela social, se tiró en Madrid en 1935 en la imprenta de J. Sánchez de Ocaña, con 243 páginas de texto, más índice, y precio de 5 pesetas. La falta de toda referencia editorial podría significar que se trató de una edición de autor. El diario ABC se hizo eco de ella en su ejemplar del 10 de febrero de 1935, despachándola con unas líneas de cortesía que la calificaban de "una interesante y amena novela social, de gran actualidad". Hoy día es un libro raro, poco conocido y difícil de encontrar.

José Mesa Ramos nació en Vigo el 16 de abril de 1856. Terminó la carrera de Ingeniero de Caminos a la avanzada edad de 35 años. Fue por una década ingeniero de la Diputación de La Coruña y, luego, reingrsado en el servicio del Estado, sirvió en la Jefatura de Valladolid y en varios negociados de Fomento, como el de caminos vecinales o la División de Comercio. Tras pasar por Teruel, estuvo destinado en la División Hidráulica del Guadalquivir. Desde 1916 hasta su jubilación en 1923, al cumplir la edad reglamentaria de 667 años, fue Secretario de Sección en el Consejo de Obras Públicas. Según me informa Fernando Sáenz Ridruejo, su necrológica apareció en la Revista de Obras Públicas de 15 de enero de 1936, por lo que hay que entender que falleció a finales de 1935.

Desde 1907 se dedicó a la investigación sobre el alumbramiento y aprovechamiento de las aguas subterráneas, y fruto e ese trabajo son sus libros Pozos artesianos,que mereció dos ediciones en 1909 y 1912, y una tercera ampliada en 1924, Pozos artesianos y pozos de petróleo, que aún se encuentran en las librerías de lance.En el campo de la ficción fue un auctor unius libri, con la sola Isla de la Paz y de la Guerra.

Como tantas otras utopías de insularidad, arranca ésta con unos navíos que buscan nuevos mercados en territorios hasta entonces inexplorados, mas naufragan a causa de una tempestad. Su primera diferencia con la utopía clásica radica en que no se salva un solo viajero, sino un gran número de ellos. La otra, más significativa, es que no alcanzan un territorio habitado, donde se da la utopía, sino que arriban a una isla desierta, hermosa y fértil.

Se instalan en ella y, con el paso del tiempo, la población crece hasta formar una serie de pequeños estados, divididos por una cadena montañosa que recorre la isla de Norte a Sur. Los estados de la zona occidental viven en lo que para el autor es la utopía deseable, un régimen en que se da el estímulo, los trabajadores son remunerados según su rendimiento y pueden prosperar. No hay ricos ni pobres, sólo más ricos y menos ricos, con lo que se acerca peligrosamente a las seudoutopías en que todos tienen servidores y nadie sirve.

Estos estados occidentales se federan consensuadamente en una sola nación, lo que redundará en su beneficio, formando una próspero país en el que imperan la justicia y la libertad: es la isla de la Paz. En la zona oriental, en cambio, se da la igualdad de salarios, lo mismo para los trabajadores que para los holgazanes, y una carencia de estímulo que hace decaer la producción. Los gobiernos derivan en dictaduras y el estado más fuerte se anexiona a los demás por la fuerza: es la isla de la Guerra, cuya pobreza lleva a muchos a emigrar a la zona vecina y, cuando ésta cierra su frontera, los orientales le declaran la guerra.

El ejército del Oeste se impone fácilmente al del Este y los antiguos estados orientales se federan con los occidentales, pasando a haber una sola isla, la gran Isla de la Paz. Ya está plasmada la utopía, de tintes burgueses y liberales.

Esa sociedad se presenta con un esquematismo rudimentario, el autor no ofrece ningún dato concreto sobre sus instituciones, su funcionamiento y su desarrollo. Como dijo Jovellanos, es difícil concretar una sociedad tan quimérica. Pero cada individuo y cada tiempo tienen una concepción distinta del ideal utópico, lo que da lugar a utopías distintas, y ésta es la de Mesa en 1935. Preguntado el famoso conductista B.F. Skinner sobre si las utopías reflejaban las aspiraciones de la gente, respondió que sí las de quienes las escribían.

Son muchos los que opinan que el liberalismo es la distopía -la antiutopía-, empezando por su defensa de la propiedad privada, aunque pueda presentar elementos utópicos. Tal sería la opulencia universal que parece darse en la Isla de la Paz, una opulencia conquistada por los científicos que, además, librarían al hombre de sus dos grandes males, la enfermedad y la vejez.

Así lo sostiene por ejemplo Gregory Claeys en Searching for Utopia, que dice también que otro posible elemento utópico del liberalismo sería la formación de una democracia ideal, basada en la soberanía popular como alternativa a la monarquía, la aristocracia y la plutocracia.

Mesa, crítico con buena parte de la sociedad española de su tiempo, presenta una utopía final en la que ya no hay sólo más ricos y menos ricos, sino mayores diferencias socioeconómicas entre los individuos. Parece proponer entonces un a modo de compromiso entre liberalismo y socialismo para tomar lo mejor de cada uno de ellos: las clases más favorecidas están obligadas a la atención a las que no lo son tanto con sus impuestos. Y, dicho sea de modo incidental, incurre en los tópicos de costumbre en las obras de esta estirpe. La escasez de recursos con que cuenta el género de la ficción utópica crítica tiene como resultado la semejanza entre unas obras y otras, dando origen a una serie de lugares comunes.

En otro orden de cosas, escribe David Ketterer en New Worlds for Old que los otros mundos de la crítica existen en una relación racional con el mundo real. El valor literario de la ficción utópica es potencial que como mejor se concentra es por medio de la creación de mundos que son espejos distorsionados del nuestro. Pienso que son palabras aplicables a esta novela.

Y apostilla Northrop Frye en su Anatomy of criticism que la crítica requiere gran dosis de fantasía y un nivel de moral implícito que es esencial en una actitud militante frente a la experiencia. Es claro que nuestro autor militaba en uno de los bandos que se daban en la España de 1935. Escribe en su novela:

"¡Triunfo de la justicia sobre el derecho del másfuerte! En la guerra entablada entre la región oriental yla occidental e la Isla de la Paz y de la Guerra, haconseguido una victoria definitiva la región occidental,sufriendo el enemigo tan desastrosa derrota que la regiónoriental ya no existe, constituyendo ahora la isla una solanación."

Esta noticia, publicada por un diario neoyorquino, se lee con entusiasmo en el Casino de Worthing, un pueblo de la costa occidental de Irlanda, situado a 700 millas náuticas de la Isla.

En los astilleros de John se está terminando una embarcación de alto porte, destinada a cubrir con pasajeros y mercancías la travesía de cuarenta días de Worthing a Nueva York, y se decide que haga su viaje de pruebas a la más cercana Isla.

Hay en el pueblo dos armadores, John y William, cada uno de ellos enamorado de la hermana del otro, pero mientras Emma es la prometida de John, con el que va a casarse al regreso del viaje, Mary pospone su respuesta a William.

La bautizada Pretty Mary se hace a la mar y, en plena navegación, es alcanzada por un violento huracán que hace pensar que su hundimiento es inminente. Pasajeros y tripulación se ponen a salvo en los botes, excepción hecha de John y William, que deciden irse a pique con el barco antes que abandonarlo. Tras tres o cuatro semanas, con los restos de la arboladura y el velamen destrozados sobre la cubierta, sin gobierno y con el casco casi sumergido, son avistados por un bergantín y remolcados a Rockland, la capital de la Isla de la Paz.

La ficción utópica sólo se da al principio y al final del libro, una trama de amor y aventuras va a acompañarla sin entramarse con ella. En Mary despierta un gran interés Adam Turner, un pintor que ha venido a Worthing en busca de nuevas marinas para sus cuadros. Siguen las andanzas del linajudo artista en Dublín, quien, sin noticias de Mary, coquetea con dos mujeres. Una es la bella hija de dieciocho años de la baronesa de Simpson, con la que está a punto de comprometerse. La otra es la no tan joven, mas no menos bella, marquesa de Livingstone, prometida del embajador de Irlanda en Moscú, aunque dispuesta a dejar a su novio por Adam.

Por su parte John pone en cuanto puede sendos cablegramas a Mary y a Emma, dándoles cuenta de que está vivo pero que ha perdido cuanto tenía en el naufragio. Recibe enseguida una respuesta de Emma en la que le dice que trabajará cuanto sea preciso porque sigue amándolo y deseando casarse con él. William, tras haberse quedado a morir con su amigo del alma en la Pretty Mary, juega luego el papel del villano, manteniéndose apartado de John. Reaparecerá brevemente para no aparcar después ni en la boda de su hermana.

En tantos días juntos a bordo, William y John charlaban con frecuencia. Mantenía el primero que el orden establecido en la Isla sería permanente, pues todos tenían cubiertas sus necesidades y podían llegar a más, mientras que el segundo decía que no, que los que simplemente tenían cubiertas sus necesidades básicas se rebelarían contra quienes gozaban de mayores comodidades.

John fue más realista, en la Isla de la Paz había estallado la guerra. Un territorio del Norte había proclamado su independencia, había captado a los descontentos y a quienes fueran los caudillos de la Isla de la Guerra y había organizado un ejército. El Gobierno, dormido en los laureles, fue incapaz de reaccionar a tiempo. Ya dice el autor en el prólogo:

"Desde los tiempos primitivos hasta los actuales lavida ha sido una constante lucha de individuos contraindividuos, de tribus contra tribus, de pueblos contra pueblos [...] Actualmente nos hallamos ante un período de transición (entre sociedades de distinta constitución moral, material e intelectual), durante el cual, desde hacetiempo, viene elaborándose una transformación en laexistencia y en la organización de las naciones y de losindividuos. ¿Cuál será el desenlace?"

El dueño del bergantín que rescató a la Pretty Mary es el señor Richard Smith, poseedor de unos astilleros en Rockland, que repara el buque siniestrado, cuyo magnífico casco está aún en buen estado. Cuando el ejército insurrecto avanza arrasando vidas y haciendas, Richard y John se hacen a la mar con cuanto a aquél le queda y se ponen a salvo. Las mercancías son muy valiosas y su venta les reporta grandes beneficios, que invierten en la puesta a punto de los astilleros de John en Worthing.

Los que abandonaron la Pretty Mary a bordo de los botes salvavidas llegan igualmente a Worthing tras una más que azarosa travesía. En principio fueron recogidos por un buque pirata que, falto de hombres tras sus últimos combates, pretendió reforzar con ellos su mermada tripulación. Se mostraron conformes hasta que conquistaron la confianza de los piratas y, una vez lograda, una noche oscura volvieron a tomar los botes para ser rescatados ahora por un barco de línea.

Y sigue la acción novelesca con nuevas intrigas. La marquesa de Livingstone hace creer a Adam que Mary se ha comprometido con Joseph, un amigo de su hermano que le ha dado trabajo cuenco el momento era más difícil -y por supuesto se la ha declarado, aunque sin éxito-. Y a Mary le escribe diciéndole que se ha comprometido formalmente con Adam. Hace incluso que un periódico de Dublín insinúe una información en ese sentido. Felizmente resplandece la verdad y en una misma ceremonia se celebran los matrimonios de John con Emma y de Adam con Mary. Aquí se remata esta trama, que quizá sea todo lo que interesó a alguno.

Ya he dicho que esta trama es sólo el acompañamiento de la que interesa al autor de la novela social. En la que era la Isla de la Paz se hacen con el poder los libertarios que conquistan a sangre y fuego la totalidad de su territorio, imponiendo la igualdad absoluta de salarios y anulando las deudas e hipotecas y hasta el dinero, de modo que los más válidos y trabajadores emigran a las islas vecinas. Sólo se quedan los ineptos y los holgazanes, a más de los soldados. Es la respuesta simplista a las utopías socialistas.

Tras el saqueo, con los campos asolados y las fábricas en ruinas, los que se han quedado sufren las estrecheces de la miseria y las penurias del hambre. Como solución desesperada atacan a una isla cercana que los derrota con facilidad y pasa a dominarlos. En esta isla, llamada de la Felicidad, hay estímulo y desigualdades de fortuna, limitadas porque las clases más acomodadas atienden abundantemente con sus impuestos a las más desfavorecidas. Es el ideal del autor, que ya lo propusiera para la Isla de la Paz y fracasó. Quizá con el tiempo fracase igualmente en esta otra isla.

Mesa se desahoga con una larga serie de reflexiones sobre la paz y la guerra que hay que tener en cuenta en qué momento se originan:

"Todos los individuos desean que la relaciones que seven obligados a tener con sus semejantes se realicen en paz y en buena armonía y no por procedimientos violentos [...] La guerra no es un instrumento de progreso entre los puebloscivilizados, pero ¿quiere esto decir que haya que rechazarlay reprobarla siempre como un crimen?

"Hay tanta exageración en la escuela de la guerra como en la escuela de la paz. Ni aquélla es el mal absoluto ni ésta es el bien absoluto. La paz es el estado natural de las sociedades, pero no hay que ver en ella el fin supremo de los esfuerzos humanos. Al realizar la paz a toda costa se va al despotismo, al sepulcro de la libertas..."

Se trata efectivamente de una novela rara que no aparece en los manuales de literatura. Sólo la he visto criticada en esa historia de la utopía española que es El sueño sostenible, de Calvo Carilla (Marcial Pons, Madrid, 2008), que la resume así:

"«Regeneración» es el mensaje más aireado en La isla de la Paz y de la Guerra, frente a la credulidad del ser humano en espejismos al margen de la cambiante y turbulenta realidad de la Europa de entreguerras. Allí estaba para confirmarlo aquella Isla de la Utopía [...] Como marco ideológico de fondo, el miedo a la turbulencia del presente y la propuesta de una «tercera vía» utópica de transformación moderada de la sociedad occidental, al margen de la aventura del comunismo ruso y de la desalmada e implacable lógica capitalista."

 
 
 

© Augusto Uribe. No está permitida la reproducción de los contenidos de esta web sin el permiso expreso del autor.