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“El banquete de Saturno refleja la explosiva situación por la que atraviesa el movimiento obrero. Asistimos en él a las reivindicaciones y luchas del proletariado contra el capitalismo. Desarrolla la utopía de una república de signo socialista de la que vamos conociendo las gestiones del nuevo gobierno en las diversas parcelas de la realidad, con una tensión que se alivia con una trama sentimental y termina con un enérgico alegato antibelicista. Lo más interesante es la plasmación de la problemática social de la época.”

Reproduzco estas líneas del Manual de literatura española de Pedraza Jiménez y Rodríguez Cáceres porque refleja lo que es la novela mejor de lo que yo lo hice en principio, tras una lectura poco feliz. Una vez más soy deudor de este Manual porque las otras cuatro narraciones de De la Torre que menciono no las he leído y he tomado de esta fuente el resumen de sus argumentos.

En El banquete de Saturno [1], al igual que el dios se comía a sus hijos, la Humanidad devora a los seres humanos. Es realmente una novela, con su acción y sus personajes, mas tiene mucho de ensayo. Después de los ensayos históricos o biográfico-políticos de años precedentes, El banquete es un ensayo novelado.

¿Por qué lo disfrazó de novela? Quizá por dos razones: la primera porque quería verter en la narración unos sentimientos apasionados que no tendrían cabida en la fría exposición de un ensayo; la segunda, que una novela vendería mejor y llegaría a más lectores que un ensayo.

No arranca de una utopía construida, sino que la va construyendo a un precio terrible de guerras y muertos devorados por ellas. Por eso, si como en todos sus escritos, lucha por las libertades sociales y los derechos de la mujer, lucha en El banquete por encima de todo por la paz... Es utopía y hasta anticipación, y así la reseño.

 A pesar de mi adicción a estos clásicos, su lectura, a veces interesante, se me hizo más de una vez fatigosa. Es muy negativa la opinión que le merece a José Domingo en La novela española del siglo XX, donde la califica de “un centón desencadenado de sucesos, de párrafos panfletarios, de disquisiciones en orden a la justicia
social al modo victorhuguesco, de ataques al centralismo madrileño, etc.”, con lo que estoy de acuerdo en parte.

Voy a reproducir algunos fragmentos de esta novela, ideal e ingenua. Va a estallar la terrible guerra mundial... con un bloque curiosamente conformado por los países que serán los enemigos en la guerra real de nueve años después.

«Francia, Inglaterra, Norteamérica, Japón, Alemania e Italia dispuestas a sacrificar de nuevo a sus hijos a la guerra capitalista por motivos insuficientes y falsos. Pedimos solidaridad en la protesta.»

-¿De quién es el despacho? –pregunta uno.

- De la Unión Internacional del Trabajo.

Al desencanto sucede el griterío:

-¡Abajo la guerra!
-¡Viva el pueblo trabajador!
-¡Abajo el socialismo racial!
-¡Muera el socialismo revisionista!
-¡Muera el socialism
o capitalista! (que lo había también).

Sin detenerme en la imaginable hecatombe bélica, voy a extraer un párrafo de la autora, de aquellas izquierdas, particularmente las de Negrín. De la Torre, por cierto, no habla aún de rojos y de azules, sino de rojos y de blancos).

El golpe genial de César Quirós, cuando la Republica Social-comunista española, bajo la garantía del Ejército Rojo, dio la unidad administrativa y sentimental al anterior Estado Burgués desarticulado y claudicante con las tendencias regionalistas...

Nos acercamos al final. España es una patria rebelde en la Paneuropa de las naciones industrializadas.

¿Puedo yo arreglar este demonial del socialismo europeo?

En España renace el optimismo franco de una esperanza fundamentada. En un arranque de patriotismo salvador, todas las clases sociales se han fundido en «masas obrera». Centenares de asociaciones se han impuesto a sí mismas lo que llamamos ya «Jornadas de Riqueza». Trabaja todo el mundo, es una especie de fiebre que lanza a los campos miles de labradores voluntarios, que ha sumergido en las minas a miles de obreros nuevos y ha asaltado las fábricas con densísimas brigadas de trabajadores que ponen sus brazos al servicio de la Patria amenazada de muerte.

¡Cuán extraño nos resulta ese nombre, la Patria! ¿Luego es cierto que aún sentimos el fetichismo de la «tierra histórica»? Sí, lo sentimos, yo lo siento.

Ahora no hay clases sociales, verdaderamente. Todos los españoles han fundido sus rencores en una sola aspiración: la Libertad. Creen haber averiguado donde está la libertad anhelada. Y han enunciado un silogismo: Trabajo es Riqueza, Riqueza es Libertad, luego Trabajo es Libertad.

[...] Paneuropa está formada por seis naciones, Alemania, Inglaterra, Francia, Bélgica, Noruega y Rusia. Las demás son espectadoras y demuestran sus afinidades y repulsiones en una prosa tan anticuada como su posición política.

Nuestra esperanza de salvación esta en lograr romper este bloque de las naciones industriales.

[...] Todo el mundo es socialista, según parece.

Nosotros, al frente de un Estado Social-comunista en pleno paneuroepeísmo, apelamos al remedio heroico de llamar a los Pueblos en nuestra ayuda contra los Estados.

¿Anarquismo? Eso nos dijeron. No era verdad. Cuando por medio de proclamas extraoficiales pedimos auxilio a los proletarios de Europa, la conmoción social se produjo.

Los Gobiernos represivos vacilaron un momento y este es el momento mismo en que estamos y que se caracteriza por un calderón musical en el concertante estruendo de los Estados cantantes.

Y este es el momento mismo en que se produce el definitivo golpe de Estado.

¿Habla Europa? ¿Qué dicen las comadres? ¡Ah, esto es distinto! ¿Qué dice usted, ciudadano Medina? ¿Un conflicto interior? ¿Cómo? ¿De veras? ¡Gracias a la Divina Providencia! ¡Alabada sea toda la clásica, antiquísima y socorrida Corte Celestial de los católicos, apostólicos y romanos!

Prat-Alenza se ha sublevado y es dueño de la Capitanía General de Urba.

El Jefe Militar del Movimiento es Morongo. ¡Aleluya, España es inmortal!

Suárez Vargas nos dice que escucha en Madrid el golpe de
Estado y Valencia dice que todo está bien con tal que nosotros nos vayamos…

¿Y quién tal oyó que no lo hizo?

Con lo que llegamos al último capítulo, titulado “Saturno ha celebrado su banquete”, como si ya no fuera a comerse más hijos. Ha llegado la utopía final.

“Pero una ola de optimismo parece que se levanta en el mar de las amarguísimas pasiones desencadenadas y apaciguada en este momento por falta absoluta de fuerzas. El Pueblo se incorpora maltrecho de su última catástrofe y parece darse cuenta de su imbecilidad congénita. Tenemos esperanza en el proverbio de que«mal conocido, medio curado».

“Este minúsculo papelito que nos lee Martín Zarja es como el primer latido del corazón niño: el corazón del mundo nuevo. Por él sabemos que este Tratado de la Paz Perpetua Proletaria, al que un pícaro entrefilete llama ya el Tratado de las Tres Pes, establece un nuevo Código Internacional por el cual se estiman delitos castigados con la pena de muerte en juicio sumarísimo...” y sigue la lista de estos delitos.

“Por la mente de los cuatro pasa el mismo sentimiento de piedad para los últimos muertos en la última contienda… ¡No habrá conmemoración alguna para ellos. ¡El mundo escapado a la horrible tragedia repudia hasta el recuerdo heroico de los sacrificados en aras del último desengaño! ¡Se defiende de la posibilidad siquiera remota de una nueva catástrofe fratricida.”

Recuerda el narrador al compañero que, armado de lápiz y cuaderno, fue muerto cuando apuntaba uno por uno los panes que iban saliendo del horno popular, o a los compañeros muertos cuando su Batallón de Iguales salió al campo raso a enfrentarse a los aviones enemigos, como Don Quijote a los molinos de viento, o a ... No pudo seguir, lo interrumpió cruelmente Lena:

“Creo que alguna vez se debe comenzar a hacer justicia. Si la guerra es un delito, delito debe ser el honrar a sus delincuentes.”

* * *

Matilde de la Torre, política y escritora, nació en Cabezón de la Sal, Cantabria, el 14 de marzo de 1884, hija de Eduardo de la Torre, notario de la población, y Ana Gutiérrez Cuero, una familia liberal de clase media ilustrada.

Por cuando nació y por su formación pertenece a la generación del 14 (1914), aunque se la suele encuadrar en la novelística social, por el tema de sus obras.

El año 1917, con 33 de de edad, publicó su primera novela -medio novela, medio ensayo-, Jardín de damas curiosas, titulada como un cuadro de su prima María (Gutiérrez) Blanchard, y subtitulada Epistolario sobre feminismo. Es efectivamente un epistolario que recoge las cartas que una señora de edad dirige a sus sobrinos, en las que aborda cuestiones diversas. A través de esta señora mayor la escritora muestra su sistema de valores, por entonces más bien conservador, frente al más bien progresista de los jóvenes.

Los años veinte los inició con un período de silencio ñliterario durante el cual fundó primero la Academia Torre en su ciudad natal, donde se impartía la educación integral de la Institución Libre de Enseñanza, y después, muy dotada para la música y el canto, creó el Orfeón de Voces Cántabras y el Grupo de Danzas de Cabezón de la Sal, que recuperaron tradiciones populares de Cantabria que estaban a punto de perderse si no se habían perdido ya, como “La danza de Ibio” o “El romance del conde Lara”.

Su ideología había cambiado mucho cuando en 1928 publicó Don Quijote, rey de España, donde considera las causas de la decadencia nacional. Retoma los problemas que preocuparon a los regeneracionistas, a quienes reprocha su incapacidad para encontrar soluciones. Para ella, uno de los males de nuestra Historia fue la colonización de América –hoy diríamos la imperiofobia-, que desarrolló un espíritu guerrero y de conquista, en detrimento de otros valores. Denuncia el desinterés ciudadano por los problemas de España, tras el desastre del 98 (1898), de los que lo hace culpable. España se ha quedado atrás por no haber seguido la locura de Don Quijote, sino las ambiciones de Sancho. Ahora debe realizar un esfuerzo para recobrar el destino que le corresponde de de nación europea.

En 1930 publicó El ágora, muy crítico con la política de la Restauración, en especial del sistema de partidos que se turnan en el gobierno -de Cánovas a Sagasta y de Sagasta a Cánovas-, impuesto por éste y aceptado por aquél. Analiza los grandes errores de ese período histórico para alumbrar el futuro.

Don Quijote y El Ágora son sus dos ensayos más conocidos entre los muchos que escribió. Late siempre en ellos el espíritu socialista con un anhelo de justicia social.

Tras el final de la dictadura prmorriverista se comprometió con la Republica y, al instaurase ésta, se afilió al Partidos Socialista Obrero Español, siendo elegida diputada a Cortes en 1933; fue una de las cinco mujeres electas de la Cámara. Volvió a ser elegida en 1936 y ocupó la Dirección General de Comercio y Política Arancelaria con Largo Caballero entre 1936 y 1937. Fueron tiempos de colaboración asidua en El Socialista y La Región, donde publicó series de divulgación que conocieron el éxito.

Finalizada la contienda se exiló en Francia, donde en 1940 publicó Mares en la sombra, que es una mezcla de ficción y diario, que narra su dramática visión de la guerra en Asturias. Habla d sus experiencias dentro del partido socialista y presenta diversos sucesos históricos de los últimos tiempos de la Republica y en torno al golpe militar del 36. Algunos los vivió en persona y de otros conoció testigos que los vivieron.

Colaboró asimismo en Norte, la revista de los negrinistas, y ese mismo año marchó a Méjico, donde murió el 119 de marzo de 1946. Un mes después fue expulsada del PSOE, junto con otros 36 partidarios de Negrín, expulsión que fue revocada en el XXXVII Congreso del PSOE, en 2008.

NOTAS

De la Torre, Matilde. El banquete de Saturno, novela social, Ediciones Mentora, Barcelona, 1931, rúst., 316 pp.

 
 
 

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