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I. Viage somniaéreo a la Luna, de Joaquín del Castillo

"La literatura [fantástica]", escribe Kagarlitski [1], "pasaba de los viejos proyectos a los nuevos no porque aquéllos se realizaran, sino solamente porque el pensamiento ofrecía otras ideas de mayor interés". Así, para el viaje a la luna, del sueño o el viento que levantaba casi por casualidad una nave, se pasó al vuelo a remolque de pájaros de Domingo González, a los cohetes por etapas de médula de buey de Cyrano y a la ascensión en globo, que fue la más frecuente.

En España, transcurrido trescientos años desde el Somnium de Maldonado, apareció nuestro primer viaje a la luna realizado por medios físicos, aunque fueran soñados, en una obra que ya era toda una novela de aventuras y no una utopía.

El Viage somniaéreo, de Del Castillo lo conocí por la Historia de la aeronáutica [2], de Vindel y Díaz Arquer, que sólo dice de él "relación fantástica con descripción del globo en que se habla de hacer el viaje". Después lo encontré parcialmente reproducido en una antología [3] sobre la proto ciencia ficción española y por su propio autor, el profesor Santiáñez-Tió, supe que se hallaba en el Archivo Histórico de Barcelona y pude leerlo entero.

Carezco en gran medida de datos biográficos del autor, del que alguien me ha dicho que podía ser de origen castellano, quizá hijo de militar destinado en Cataluña, pero en ningún sitio he podido verificar el dato. De la lectura de la decena de libros suyos que he encontrado, editados todos en Barcelona en los años 30 del siglo XIX [4], sólo he aprendido que era maestro de instrucción primaria y que, en sus propias palabras, dominaba la lengua catalana, valenciana y mallorquina. La Enciclopedia catalana sólo dice de él que fue periodista y escritor, de ideología liberal y romántica, activo en Barcelona en la década citada, y otros diccionarios de autores dicen aún menos. Una edición moderna de Las bullangas de Barcelona tampoco aporta ningún dato biográfico suyo.

El Palau registra catorce obras suyas, de diversa factura. La Historia de la literatura española [5], cuando trata de la novela romántica del primer tercio del siglo XIX, cita Ocios juveniles y Adelaida, o el suicidio, como las más destacadas de Del Castillo, al que encuadra entre los autores de segunda fila, esos veinticinco que hubo por cada uno de primera entre los que publicaron en el ambiente represivo, hipócrita y moralistón de la época.

Pedraza Jiménez y Rodríguez Cáceres [6], por su parte, mencionan Frailimosnia, o grande historia de los frailes y El fraile, o la reliquia entre ruinas, obras satíricas en las que su caballo de batalla es la Compañía de Jesús. Ferreras [7] las enmarca dentro de las novelas anticlericales, como obras que "basan su problemática en una visión del mundo anticatólica e incluso atea". Tengo mucho respeto por las opiniones de este profesor, mas ésta la matizo: Del Castillo es anticlerical pero no anticatólico, acepta la religión como buena y necesaria, y con lo que no está de acuerdo -y lo critica ácidamente- es con la manera de practicarla. Dice del tribunal de la Inquisición, por poner un ejemplo, que fue "odioso, ilegal, tirano y antipático" por "diametralmente opuesto a la doctrina del Salvador", y le repugna porque se desvió de su fin al no ocuparse de la defensa de la fe, sino que "su verdadero objeto fue la codicia de confiscaciones". Pero estas obras son todas posteriores al Viage y más cáusticas: el humor de nuestro autor se fue volviendo cada vez más amargo con el paso de los años y seguramente sólo se encontró en libertad tras la muerte de Fernando VII.

El Viage somniaéreo a la Luna, o Zulema y Lambert lo editó en Barcelona la Librería de M. Saurí y Compañía. en junio de 1832, en un tomo en 121 de 160 páginas. Viage era ortografía usual de la época, aunque Del Castillo escribiría después: "Sigo también el estilo moderno, dando a la j el señorío y preferencia en las combinaciones je y ji".

Al igual que alguna de las obras que la precedieron [8] se trata de un viaje imaginario y episódico, intercalado en una novela de aventuras convencionales, con algo aún de utopía, dos géneros -viajes y utopía- que marchan con frecuencia estrechamente unidos, sin colusión entre ellos. Y esta narración participa más de las aventuras propias del primero que de los elementos sociales que convienen al segundo.

El profesor Santiáñez-Tió dice de ella: "Aunque de dudosa calidad literaria, el Viaje somniaéreo a la Luna resulta de cierto interés. La historia que enmarca el viaje onírico espacial a la Luna es simple: el argelino Ismael decide perseguir en globo a su hija Zulema y a su presunto raptor, un oficial francés llamado Lambert. Ismael se duerme en plena ascensión y sueña su llegada a la Luna. Ciertamente, Viaje somniaéreo se adscribe en parte a la ciencia ficción: el viaje a la Luna anunciado por tan atractivo título, aparte de su naturaleza onírica, comprende solamente la primera mitad de la novela [9]. Pero, quiero subrayar que en esa obra Castillo y Mayone brinda al lector tres componentes primordiales del género: el viaje al espacio, la descripción de seres extraterrestres (una de las primeras, por cierto, en la literatura europea del siglo XIX) y la presentación de una sociedad lunática más perfecta y justa que la de la Tierra".

La novela se inicia bucólica y casi diría que piadosaamente en una quinta que un jubilado de la Corte, el virtuoso D. Torcuato, posee en las afueras de Córdoba, a orillas del Guadalquivir, donde educa de forma ejemplar a sus tres hijos. Un día en que el río baja crecido observa que las aguas arrastran a un malherido anciano, asido a un madero, al que las fuerzas están a punto de abandonar, y consigue salvarlo.

Ambos se entienden en francés y D. Torcuato piensa que el viejo desvaría cuando le pregunta en qué astro o planeta se halla, pero éste le explica que, tras haber pasado por la luna y un cometa, desconoce en qué lugar del universo se halla. Es el argelino Ismael, descendiente directo de Abderramán, que se alegra sobremanera de encontrarse en la patria de sus antepasados. Y cuenta su historia.

Tenía dos hijos: el Mayor, Ibraim, fue reclutado por los turcos para luchar contra los rusos y nunca Ha vuelto a saber de él, y la historia de la menor, Zulema, es aún más triste. Un día salvó él también de la muerte a un marino francés, de nombre Lambert, cuyo bergantín había naufragado en una costa cercana. Lo condujo a su casa y allí se enamoró de la bella Zulema, hasta el punto de pedirla por esposa, pero su diferencia de religión hacían el matrimonio imposible.

Lambert ha construido un globo y una noche se embarca en él con Zulema con destino a la luna, para vivir allí juntos y felices, como dice en la carta que deja a su salvador y suegro, si se le puede llamar así. Éste no se conforma y encarga la construcción de otro globo a un ingeniero militar francés, en el que se embarca a su vez en persecución de Zulema y Lambert.

El vehículo aéreo, impulsado por "gaseosos mistos", se eleva hasta que el protagonista se queda dormido. Cuando se despierta, poco antes de alcanzar el punto medio entre la Tierra y la luna, el aerostato se da espontáneamente la vuelta y comienza a caer sobre nuestro satélite, al que arriba felizmente.

El viajero es conducido al Depósito de las Rarezas, junto con otros "misti-brutos" que han llegado a la luna desde otros planetas y a los que los lunícolas guardan por parejas, para que se reproduzcan y sigan poblando el parque. La descripción de estos seres extraterrestres comprende ordenadamente a los mercurícolas, siempre asustados, que tienen al lado del corazón una bolsa que se aprietan con una mano y cubren con la otra; los martícolas, siempre armados y con aire marcial, que infunden temor, aunque se dejan conquistar por el interés o la lujuria, mientras que los venícolas, que son almibarados y petimetres, llevan siempre prendido del cuello el retrato de Venus, pues tienen por blasón la concupiscencia.

Los jupitícolas son generosos y siempre prestos a socorrer a quien lo precisa, aunque el hecho de que sólo reciban menosprecio por su bondad termina por derribarlos de la alta posición que ocupan. Los saturnícolas manifiestan en una de sus caras un fingido y falso atractivo y en la otra un semblante enfadado y traidor, estando siempre dispuestos a vender a su mejor amigo, mientras que los uranícolas, en fin, se asemejan a bestias y el autor los hace ir siempre por agujeros y madrigueras, lo que es invención nueva, pues de los habitantes de los demás planetas ya habían tratado de esa laya varios autores -comenzando por Kircher- , pero de los de Urano aún no se había ocupado nadie, aunque no fuera más que porque este planeta no fue descubierto hasta finales del siglo XVIII.

Presenta a continuación Del Casrillo una utópica sociedad lunar que está escindida en dos, como ocurre desde Kepler con uno y otro hemisferio. En el que cae Ismael, el de la Tranquilidad, como terrícola que es, aprecian reunidas en él todas las maldades del universo, por lo que es arrojado al río que lo separa del hemisferio de la Intriga. En este río flotan por un año -lunar- los cuerpos de los inocentes, que son rescatados y retribuidos con honores y riquezas, mientras que los de los culpables son arrastrados a la otra región.

Ismael es culpable, por descontado, y para alcanzarr esa otra región, viaja por la noche a la luz de la Tierra y atraviesa la llanura de los Restos o campo de la Verdad, donde están conservados como en mármol y ordenados por familias, los cxuerpos de todos los que que han habitado la luna, con su nombre grabafo en bornce sobre el pecho. Así, cuando surge una diferencia sobre la ascendencia de alguien, se aciude a este pàrque y se resuelva la cuestiñon, cin qye haya como en la Tierra oerganinos que se borran o dovcumenhtos que se pierden.

En ésta los unos forjan calumnias, los otros maquinan cómo quedarse con la hacienda ajena y todos nadan en la abundancia, entre ellos Lambert y Zulema. Cuando el protagonista intenta recuperar a su hija, en cuya busca ha partido, es absorbido por una columna de fuego que lo conduce a un cometa, depósito común de quienes son desterrados de la región de la Intriga. Lambert tampoco lo quiere allí, por lo que lo hace despeñar desde lo alto de una torre, terminando por precipitarse en lo que resultan ser las aguas del Guadalquivir.

Concluida la historia, durante cuya narración nadie le interrumpe, D. Torcuato hace ver al moro que lo que dice es imposible, tiene que haberlo soñado. El globo, le explica, no podría ascender por encima de la altura en que la atmósfera enrarecida iguala su densidad con la del aire caliente del aerostato y, además, esa misma falta de aire lo asfixiaría. Por otra parte, careciendo el globo de dirección de vuelo, por más que ascendise no llegaría a la luna, se perdería en el espacio.

Ismael, que es hombre culto, entiende estas razones y, cuando encuentran el globo en un recodo del río, se convence de que todo ha sido un sueño y acepta la invitaciñon de su salvador para quedarse con él.

En ésas, D. Torcuato recibe la visita de un amigo viajero, D. Emeterio, quien cuenta cómo, a su regreso de Constantinopla, termninada la guerra entre turcos y rusos, transportó a un argelino que encontró la casa paterna abandonada y los criados le informaron de que su hermana primero, y después su padre, habían partido en globo y no habían regresado.

Ismael se emociona cuanto cabe esperar y se disopone a partir de regreso a su patria, cuando D. Emterio vuelve a la quinta, en esta ocasión con una pareja de náufragos que a su vez ha salvado. El varón cuenta cómo infló un globo y lo hizo subir sin pasajeros para engañar al padre de su aconpañante, con la que luego se fugó a pie. Tras múltiles peripecias y avatares que omito, resulta ser hijo de un tal Lambert, casado con la española Doña Leonor Carbajal y Chaves, ¡hermana de D. Torcuato!

Este virtuoso caballero le emrega de inmediato la dote de su madrem que ella no habñia percibido en su día, y Lambert y Zulema se instalan en sus propiedades: ella ha abandonado el dogma musulmán y se ha hechi cristiana, lo que le impide tormar a Argel, pero su padre la abraza antes de marchar.

El viaje a la luna, pues, es un pasaje de naturaleza distinta a la del resto de la novela, que el autor aprovecha para asomar la oreja de lo que serán sus futuras ceaciones y le sirve, addemás, para dar un título atractivo a la obra.

* * *

Este artículo se publicó como separata del futuro cuadernillo de Apuntes para la historia de la ciencia ficción española: Viajes espaciales en globo del siglo XIX, Madrid, edición de autor, 1999.

 

NOTAS

1. Kagarlitski, Yuri. ¿Qué es la ciencia ficción?, Madrid, Guadarrama, 1977.

2. Vindel, Pedro, y Díaz Arquer, Graciano. Historia bibliográfica e iconográfica de la aeronáutica en España, Portugal, Países Hispano-Americanos y Filipinas, Madrid, Librería de Pedro Vindel, 1930.

3. Santiáñez-Tió, Nil. De la Luna a Mecanópolis. Antología de la ciencia ficción española (1832-1913), Barcelona, Quaderns Crema, 1995.

4. Aún publicó en 1853 un par de libros de poesía en París y La Habana, que no ofrecen mayor interés para el caso.

5. García de la Concha, Víctor (director), Carretero, Guillermo (coordinador). Historia de la literatura española, Madrid, Espasa-Calpe, 1997.

6. Pedraza Jiménez, Felipe B. y Rodríguez Cáceres, Milagros. Manual de literatura española, Tafalla (Navarra), Cénit, 1982.

7. Ferreras, Juan Ignacio. Los orígenes de la novela decimonónica (1800-1830), Madrid, Taurus, 1973.

8. Ver los Apuntes dedicados a los españoles que fueron a la luna.

9, En realidad manos, veinticinco páginas de un total de ciento sesenta.

 

 
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