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1. Ucronía, la utopía de la historia. La Historia como no fue, tal como pudo ser

La Historia es una sucesión de
hechos que no debieron ocurrir

La temprana Ucronía de Renouvier supone que Roma no sucumbió ante el empuje de los bárbaros, entre otras cosas porque no conoció una religión oficial y excluyente. También porque no conservó para su supervivencia sino la parte más romanizada de sus territorios, las provincias occidentales del Imperio. Cabe preguntarse que si Roma hubiera conquistado aún más pueblos, ¿habría eso retardado su decadencia? Renouvier lo resuelve a sensu contrario en la primera ucronía que llevó ese nombre, Roma sobrevivió porque se extendió sobre un espacio menor.

El término ucronía, del griego "ou-cronos", en ningún tiempo, lo acuñó un filósofo francés en paralelo con la utopía de Moro, de "ou-topos", en ningún lugar. Este filósofo fue Charles-Bernard Renouvier, nacido el 1 de enero de 1815 en Montpellier y muerto el 1 de septiembre de 1903 en Prades. Inició sus estudios en la Escuela Politécnica, mas pronto abandonó las matemáticas para consagrarse a la filosofía y la economía social. Hombre de izquierdas, militante del partido radical y muy crítico con la política del Elíseo, se describió a sí mismo como "una especie de Swedenborg de la Historia, un visionario que no sueña con el porvenir, sino con el pasado".

Ucronía, la utopía de la Historia. Bosquejo histórico apócrifo del desenvolvimiento de la civilización europea, tal como no ha sido, sino tal como habría podido ser, es un título muy apropiado para tan ambiciosa obra, ya que el autor imagina verdaderamente la ucronía como una utopía de la Historia, la buena Historia alternativa que debió suceder en vez de la mala que acaeció realmente, la Historia que habría sido si él la hubiera decidido.

Charles Bernard Renouvier

El libro presenta como "cláusula de autentificación" el manuscrito de un monje del siglo XVI de los Hermanos Predicadores, del que no se dice si tuvo acceso a otro universo, lo que explicaría sus problemas con la Inquisición, de la que fue víctima en 1601. En cualquier caso, narra la Historia de los siglos I a IV. En el XVII lo completó un antideterminista galo con la Historia de los siglos V a IX.

El prólogo, las notas y los apéndices, muy técnicos y dirigidos a conocedores de la Historia de Roma, dotan de un aire de verosimilitud al manuscrito. Hoy se advierte que es la ucronía de un historiador al estilo antiguo, una obra que ha sufrido con el paso del tiempo hasta hacerse tan ejemplar como dura de leer por su ansia de cambiarlo todo para hacerlo todo mejor.

Su hecho fundador tiene lugar en el año 175, cuando llega a Roma la falsa noticia de que Marco Aurelio ha muerto y se proclama emperador a Avidio Casio. Cuando el primero regresa, su frustrado sucesor le escribe una carta detallándole cómo pensaba haber gobernado Roma y el emperador filósofo queda tan impresionado que lo adopta, extrañando a su hijo Cómodo, el degradado emperador que descendía a la arena del circo para fingir victorias: en ese mundo no se hubiera rodado Gladiator.

Renouvier conoce la historia sobre la que especula. Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio fueron emperadores sucesivos que legislaron sabiamente. Antonino, además de ingresar su cuantiosa fortuna personal en las arcas del Estado, sacó adelante la reordenación de las leyes liberalizadoras de sus predecesores, equiparó los derechos y deberes de los cónyuges, suprimió casi por completo la tortura y constituyó en delito la muerte de un esclavo. Marco Aurelio, en sus Pensamientos, nos legó el código moral más elevado de la Antigüedad clásica.

Gaius Avidius Casius (130-175) fue en la realidad un general severo y victorioso hasta que, cuando creyó realmente que Marco Aurelio había muerto, se proclamó emperador en abril de 175, probablemente con el apoyo de Faustina, que se creía a su vez viuda, con un hijo de 13 años. A pesar de sus antecedentes democráticos y de su anterior lealtad a Marco Aurelio y a pesar, incluso, de sus convicciones republicanas, desde las provincias orientales de Siria y Egipto continuó con su rebelión tras conocer que el emperador vivía. El Senado se puso rotundamente en su contra y fue muerto por un centurión en julio del mismo 175, antes de que el perdón de Marco Aurelio pudiera alcanzarlo.

En la ficción, a la muerte de Marco Aurelio le sucede Avidio Casio y su programa de gobierno contempla una larga serie de medidas progresistas que fueron aprobadas por el Senado, votadas en los comicios y refrendadas por las diputaciones de las provincias. El autor enumera ocho principales:

Derecho de ciudadanía para todos los habitantes libres de las provincias occidentales, cesión de tierras sin cultivar a quienes se comprometan a trabajarlas, emancipación de los esclavos que hubieran tomado en arrendamiento perpetuo tierras de sus amos, supresión o racionalización de impuestos (el de sucesiones, por ejemplo, que establecido por César en 1/20, pasaría a variar entre 1/50 y 1/5 según la cuantía de la herencia), servicio militar obligatorio con supresión del soldado profesional, educación universal física y moral en la filosofía, los principios de Humanidad y las leyes del Estrado, extensión de los derechos civiles a mujeres, niños y esclavos, excepto a los cristianos, a quienes se requeriría formalmente para que manifiesten si su interés estaba en este mundo o en el otro.

El autor se interroga sobre la validez e interés de la ucronía. "Era difícil", escribe, "hacer algo mejor que enunciar en términos generales el pensamiento nuevo y el género insólito". Pensamiento nuevo porque se trata de las ideas de un hombre posterior a la Revolución Francesa, género insólito porque quizá no conocía el Napoleón apócrifo de Geoffroy o no lo consideraba, por implausible, como un precedente válido de "la utopía de la Historia".

"si los hombres hubiesen creído en cualquier época firme y dogmáticamente en su libertad, en vez de sólo ir creyendo en ella lenta e imperceptiblemente, en una progresión que es la esencia misma del progreso, a partir de esa época hubiera cambiado bruscamente la faz del mundo."

Roma, y con ella toda la Europa occidental, pasa a regirse por la filosofía, entendida como comprensión y tolerancia. Entre la realidad y la ficción, emperadores y acontecimientos se van sucediendo hasta llegar a Carlomagno, quien a finales del siglo VIII reina ya sobre una Civilización Europea, que dice el autor.

Hay en el libro ficciones relevantes, como la que imagina que Constantino es derrotado y muerto, con lo que el cristianismo sólo arraiga en Oriente. Roma tolera todas las religiones y el autor se muestra particularmente contrario a la cristiana, que impone al hombre la penitencia y el sacrificio, y lo somete para darle a la fuerza una salvación a la que él no se prestaría de grado.

La filosofía, en cambio, atiende al bien de los hombres por la justicia y la libertad, mediante el instrumento de la política. Si ésta es sabia, trabajará con los filósofos para la educación de la razón pública y la mejora de las instituciones del poder: la filosofía bien entendida es más eficaz que la religión. Renouvier no muestra la menor simpatía por ninguna de ellas, a excepción quizá de los Misterios de Eleusis, en lo que curiosamente coincide con varios autores modernos de ciencia ficción, aunque haya que leerlos con atención para advertirlo.

Son los cristianos de Oriente quienes van a las Cruzadas a conquistar los Santos Lugares, la ciudad en que está sepultado el apóstol Pedro, "la piedra sobre la que se edificó la Iglesia", en un ejercicio de historia que yo llamo "especular" porque sustituye a la real como mirándola en un espejo.

La ucronía se remata en el siglo XVI de las Olimpiadas, según la datación del libro, con lo que nuestra Historia se anticipa en un milenio, pues para entonces ha concluido ya la Edad Media y el Imperio romano es verdaderamente una Unión Europea. Fechar los acontecimientos según un calendario distinto es moneda de cambio común en estas obras, como manera de establecer un "orden de diferencias" con la realidad: ab urbe condita para Silverberg en Roma eterna, etos kosmou para Turtledove en El agente de Bizancio (ambas reseñadas más adelante).

Al final Renouvier detalla descubrimientos científicos ya conocidos o imaginados en su tiempo, que adelanta en mil años, desde los cristales que corrigen los defectos de visión hasta las alas artificiales que permiten volar a los hombres, desde el alumbrado con antorchas que no se consumen hasta los barcos tripulados por un solo hombre que navegan más rápidos que si los moviesen centenares de remeros. Menciona honestamente cuánto ha tomado del De Mirabili Potestas et Naturae (1260 ca.), del simpático franciscano Roger Bacon. Mencionaremos nosotros honestamente cuánto hemos tomado de la Encyclopédie de l'utopie de Pierre Versins.

Este texto, fundador de la ucronía, precedente y guía de las posteriores, tan sólo carece de los hoy frecuentes “cameos”: no aparece en él ningún Astérix convertido en personaje real.

* * *

Renouvier, Charles. Ucronía, la utopía de la Historia (Uchronie, utopie dans l’Histoire, 1872), Losada, Buenos Aires, Biblioteca filosófica, 1945, trad. José Ferrante Mora, rúst., 370 pp. + nota e índice.

 

 

 

 
 

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