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Ucronía, la utopía de la historia. La Historia como no fue, tal como pudo ser

La Historia es una sucesión de
hechos que no debieron ocurrir

Aún dejando de lado por poco tiempo las ucronías napoleónicas, al Napoléon apochryphe de Geoffroy ha de seguir obligadamente la Uchronie de Renouvier, textos opuestos desde la perspectiva ideológica, pues la del primero es totalitaria, basada en el culto casi religioso del soberano y la del segundo hace desaparecer el absolutismo y el fanatismo espiritual.

Imagina Renouvier que Roma no sucumbió ante el empuje de los bárbaros, entre otras cosas porque no conoció una religión oficial y excluyente. También porque no conservó para su supervivencia sino la parte más romanizada de sus territorios, las provincias occidentales del Imperio. Cabe preguntarse que, si hubiera conquistado aún más pueblos, habría retardado su decadencia y Renouvier lo resuelve a sensu contrario en la primera ucronía que llevó ese nombre.

La metodología de Geoffroy fue sistematizada dos décadas después en una serie de artículos del filósofo Charles Renouvier que luego se recogieron en un libro. Es nuevamente la expresión de un deseo, como lo será en tantas ucronías posteriores.

Charles-Bernard Renouvier nació en 1815 en Montpellier y murió en 1903 en Prades. Inició sus estudios en la Escuela Politécnica, mas pronto abandonó las matemáticas por la filosofía y la economía social. Hombre de izquierdas, militante del partido radical y muy crítico con la política del Elíseo, se describió a sí mismo como "una especie de Swedenborg de la Historia, un visionario que no sueña con el porvenir, sino con el pasado". Filósofo influyente, su principal aportación fue un sistema ideológico completo a partir del pensamiento de Kant.
 
Ucronía, la utopía de la Historia. Bosquejo histórico apócrifo del desenvolvimiento de la civilización europea, tal como no ha sido, sino tal como habría podido ser, es un título muy apropiado para tan ambiciosa obra, ya que el autor imagina verdaderamente una buena Historia alternativa que debió ser en vez de la mala que fue.

Charles Bernard Renouvier

 El libro presenta como clausse d’authentification el manuscrito del siglo XVI de los Hermanos Predicadores, que fueron víctimas de la Inquisición en 1600, que narra la Historia de Roma de los siglos I a IV. En el XVII lo completó un antideterminista galo con la Historia de los siglos V a IX.

El prólogo, las notas y los apéndices, muy técnicos y dirigidos a conocedores de la Historia de Roma, dotan de un aire de verosimilitud al manuscrito. Hoy se advierte que es la ucronía de un historiador al estilo antiguo, una obra que ha sufrido con el paso del tiempo hasta hacerse tan ejemplar como dura de leer por su ansia de cambiarlo todo para hacerlo todo mejor.

Su point de scission tiene lugar en el año 175, cuando llega a Roma la falsa noticia de que Marco Aurelio ha muerto y se proclama emperador a Avidio Casio. Cuando el primero regresa, su frustrado sucesor le escribe una carta detallándole cómo pensaba haber gobernado Roma y el emperador filósofo queda tan impresionado que lo adopta, extrañando a su hijo Cómodo, el degradado emperador que descendía a la arena del circo para fingir victorias: en ese mundo no se hubiera rodado Gladiator.

Renouvier conoce la historia sobre la que especula. Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio fueron emperadores sucesivos que legislaron sabiamente. Antonino, además de ingresar su cuantiosa fortuna personal en las arcas del Estado, sacó adelante la reordenación de las leyes liberalizadoras de sus predecesores, equiparó los derechos y deberes de los cónyuges, suprimió casi por completo la tortura y constituyó en delito la muerte de un esclavo. Marco Aurelio, en sus Pensamientos, nos legó el código moral más elevado de la Antigüedad clásica.

Gaius Avidius Casius (130-175) fue en la realidad un general severo y victorioso hasta que, cuando creyó realmente que Marco Aurelio había muerto, se proclamó emperador en abril de 175, probablemente con el apoyo de Faustina, que se creía a su vez viuda, con un hijo de 13 años. A pesar de sus antecedentes democráticos y de su anterior lealtad a Marco Aurelio y a pesar, incluso, de sus convicciones republicanas, desde las provincias orientales de Siria y Egipto continuó con su rebelión tras conocer que el emperador vivía. El Senado se puso rotundamente en su contra y fue muerto por un centurión en julio del mismo 175, antes de que el perdón de Marco Aurelio pudiera alcanzarlo.

La ficción sigue una línea principal que se va bifurcando en pequeñas líneas temporales que no conducen a ninguna parte y terminan siempre por volver a la línea principal de lo imaginado. A la muerte de Marco Aurelio le sucede Avidio Casio y su programa de gobierno contempla una larga serie de medidas progresistas que fueron aprobadas por el Senado, votadas en los comicios y refrendadas por las diputaciones de las provincias. El autor enumera ocho de ellas.

Derecho de ciudadanía para todos los habitantes libres de las provincias occidentales, cesión de tierras sin cultivar a quienes se comprometan a trabajarlas, emancipación de los esclavos que hubieran tomado en arrendamiento perpetuo tierras de sus amos, supresión o racionalización de impuestos (el de sucesiones, por ejemplo, establecido por César en 1/20, pasó a variar entre 1/50 y 1/5 según la cuantía de la herencia), servicio militar obligatorio con supresión del soldado profesional, educación universal física y moral en la filosofía, los principios de Humanidad y las leyes del Estado, extensión de los derechos civiles a mujeres, niños y esclavos, excepto a los cristianos, a quienes se requeriría que manifiesten si su interés está en este mundo o en el otro. El autor carga contra los judíos, unos fanáticos religiosos en la línea del antisemitismo francés de su tiempo y en igual medida contra los primeros cristianos.

Renouvier se interroga sobre la validez de la ucronía. "Era difícil", escribe, "hacer algo mejor que enunciar en términos generales el pensamiento nuevo y el género insólito". Pensamiento nuevo porque se trata de las ideas de un hombre posterior a la Revolución Francesa, género insólito porque o no conocía el Napoleón apócrifo de Geoffroy o no lo consideraba, por implausible, un precedente válido de "la utopía de la Historia".

"si los hombres hubiesen creído en cualquier época firme y dogmáticamente en su libertad, en vez de sólo ir creyendo en ella lenta e imperceptiblemente, en una progresión que es la esencia misma del progreso, a partir de esa época hubiera cambiado bruscamente la faz del mundo."

Hispanos, británicos y galos –donde no hubo ningún Asterix- fundan con Roma una federación de estados independientes con una cabeza común, que se rige por la filosofía, entendida como comprensión y tolerancia. Entre la realidad y la ficción se van sucediendo mandatarios y acontecimientos hasta que, a finales del siglo VIII, Carlomagno gobierna ya una civilización europea.

Hay en el libro ficciones relevantes, como la que imagina que Constantino fue derrotado y muerto, con lo que el cristianismo sólo arraigó en Oriente. Un cristianismo fanático que lleva a las Cruzadas a conquistar los Santos Lugares, la ciudad en que está sepultado el apóstol Pedro, "la piedra sobre la que se edificó la Iglesia", en un ejercicio de historia a la inversa que se dará asimismo en ucronías posteriores. Los cristianos quieren mostrar las enseñanzas de Jesús a estos infieles, mas terminan peleándose entre ellos por cuáles son realmente estas enseñanzas.

Roma tolera todas las religiones y el autor se muestra particularmente contrario a los judíos, que pretenden dominar el mundo, y a los cristianos, cuya religión impone al hombre la penitencia y el sacrificio, sometiéndolo para darle a la fuerza una salvación a la que él no se prestaría de grado.

La filosofía, en cambio, atiende al bien de los hombres por la justicia y la libertad, mediante el instrumento de la política. Si ésta es sabia, trabajará con los filósofos para la educación de la razón pública y la mejora de las instituciones del poder: la filosofía bien entendida es más eficaz que la religión. Renouvier no muestra la menor simpatía por ninguna de ellas, a excepción quizá de los Misterios de Eleusis, en lo que curiosamente coincide con varios autores modernos de ciencia ficción, aunque haya que leerlos con atención para advertirlo.

La ucronía se remata en el siglo XVI de las Olimpiadas, según la datación del libro, con lo que nuestra Historia se anticipa en un milenio, pues para entonces ha concluido ya la Edad Media y el antiguo Imperio Romano es ya una Unión Europea. Fechar los acontecimientos según un calendario distinto es moneda de cambio común en estas obras, como manera de establecer un "orden de diferencias" con la realidad: ab urbe condita para Silverberg en Roma eternaetos kosmou para Turtledove en El agente de Bizancio, ambas reseñadas más adelante.

Al final Renouvier detalla descubrimientos científicos ya conocidos o imaginados en su tiempo, que adelanta en mil años, desde los cristales que corrigen los defectos de visión hasta las alas artificiales que permiten volar a los hombres, desde el alumbrado con antorchas que no se consumen hasta los barcos tripulados por un solo hombre que navegan más rápidos que si los moviesen centenares de remeros. Menciona honestamente cuánto ha tomado del De Mirabili Potestas et Naturae (ca.1260), del simpático franciscano Roger Bacon y mencionaré yo honestamente cuanto he tomado de la Encyclopédie de l'utopie de Pierre Ve1rsins y de otros textos que vengo citando.

Uchronie fue texto fundador de la ucronía y precedente y guía de las que siguieron.

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Renouvier, Charles. Ucronía, la utopía de la Historia (Uchronie, utopie dans l´Histoire, 1872), Losada, Buenos Aires, Biblioteca filosófica,1945, trad. José Ferrante Mora, rúst., 370. Pp.+ nota e índice.

 

 

 
 

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