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3. El agente de bizancio, un 007 en el 1300

Tras dos ucronías de plenitud, que van narrando cómo el Imperio Romano ha perdurado en el tiempo, llega otra en la que este imperio simplemente ha llegado a dónde ha llegado, aunque se aduzcan las causas de por qué ha llegado hasta allí.

La ucronía tardoclásica The agent of Byzantium (El agente de Bizancio), es en mi opinión uno de los mejores, sino el mejor, de los ciclos de relatos de Harry Turtledove. En él se nos cuentan, a modo de fix-up con un gran hilo conductor, quince años de la vida de un agente secreto medieval al servicio de Su Majestad Imperial de Bizancio, el magistrianos Basilios Argyros, un balcánico instruido que es enviado a sus misiones a veces como espía, a veces como negociador y a veces como soldado, al que no faltan simpáticos toques irónicos a lo James Bond.

Tal como se lee en el prólogo, en ese mundo alternativo se da el contrafactual de que Mahoma no fundó el Islam, sino que se convirtió al cristianismo, fue un poeta aclamado y terminó sus días como obispo de Cartagena, siendo elevado a los altares a su muerte. En un mundo en que no ha tenido lugar el trecento ni han existido Dante o el Giotto, San Mahoma es el santo preferido del protagonista y de varios personajes más. Se ha hecho famosa su sentencia: “No hay más Señor que Dios y Cristo es su Hijo”.

Harry Turtledove

Estamos ante un what-if?, un ¿y si...?que, en palabras de Asimov, es "¿Qué habría pasado si el Imperio Bizantino hubiera logrado rechazar el avance de los seguidores de Zoroastro en Persia y si el Islam nunca se hubiera alzado para destruir a éstos y mermar sistemáticamente a aquél? ¿Podría en ese caso Bizancio haber impulsado hacia el futuro a la cultura grecorromana en todo su esplendor?"

La respuesta es que sí. En el siglo XIV el Bizancio real se debatía en una decadencia irreversible, los Paleólogos reinaban sobre Constantinopla y su entorno, unas islas del mar Egeo y pocos territorios más. El de ficción, en cambio, atraviesa su momento de máximo esplendor, florecen de modo excepcional las artes y las ciencias, desarrolla una tecnología avanzada con anticipación a la de nuestro universo y sus emperadores, a más de conservar el Norte de África, han reconquistado Italia a los longobardos, España a los visigodos y la Francia narbonesa a los francos: el Mediterráneo es un lago constantinopolitano. Se deja sentir en todo el mundo la influencia de Bizancio, que es por entonces más fuerte de lo que nunca lo fuera y sólo conoce un rival, el imperio persa en la linde de Mesopotamia -Persia fue siempre la última frontera de Occidente-, porque las tribus bárbaras del Norte apenas son enemigo.

Aún así, el Gran Imperio no deja de mantenerse alerta, porque todos están celosos de su poder y su gloria y desearían acabar con él y, en definitiva, emularlo. Para defenderse de esa eventualidad es por lo que el emperador dispone de sus magistrianoi, unos 007 avant la lettre como Basilios Argyros, quien, con inteligencia y tesón asistirá al nacimiento de gran parte de las novedades que, como el catalejo, las vacunas, la pólvora, la imprenta, los sindicatos, la huelga y hasta un Concilio Ecuménico, han de cambiar el nuevo futuro en esa Historia alternativa. Historia que, por esencialmente humana, se parece tanto a la nuestra, como dice la publicidad del propio libro.

Turtledove crea un magnífico tardoimperio romano que, aún con capital en Constantinopla, sigue siendo el Imperio de Roma. Se habla griego y hay emperador pero no papa, pues la Iglesia ha recuperado su primitiva condición patriarcal, con el patriarcado de Roma subordinado al de Constantinopla: los otros tres son Antioquía, Jerusalén y Alejandría.

Parte del encanto de esta serie radica en cómo las citadas invenciones e instituciones sociales familiares para nosotros se desarrollan en este mundo de manera anticipada a cómo lo hicieron en el nuestro. El autor ha sabido manejar con maestría sus grandes conocimientos de profesor universitario de historia bizantina y sobre ese escenario ha trenzado la acción de una de las ucronías más entretenidas que hasta entonces se habían escrito. Según recurso común en tantas de ellas, sus personajes muestran en ocasiones una ideología propia de tiempos venideros y tienen siempre una fuerza superior a la de sus otras composiciones, sólo igualada por la de The Guns of the South.

Como Renouvier dató su Ucronía según la Era de las Olimpiadas, de modo que estaríamos ahora en el siglo XXIX, y su Roma Eterna la fechó Silverberg ad urbe condita, de forma que nos hallaríamos hoy en el siglo XXVIII de la fundación de Roma, Turtledove encabeza cada uno de los capítulos con un número de cuatro cifras seguido de la expresión etos kosmou, año del mundo, que es como contaban el tiempo los bizantinos, arrancando de la creación del mundo que sus sabios de las cábalas bíblicas habían fijado en el año 5509 a.C., precisamente el día 1 de septiembre (ya en nuestros tiempos todavía se llegaría a más, al establecerse que tuvo lugar a las 9 de la mañana, es de suponer que hora local del Paraíso).

Aunque Turtledove es judío, recrea con cariño a un protagonista que es hombre de fe cristiana, tolerante con otras confesiones, que mantiene con frecuencia diálogos teológicos de altura. En un determinado momento dice a una acompañante asombrada de que sepa tanto de religión: "Después del hipódromo, el deporte nacional de Bizancio es la teología".

Todas las historias se publicaron entre 1985 y 1989 en Amazing e Isaac Asimov’s SF. La primera está datada en el etos kosmou 6814, nuestro 1305 (cuando en nuestro continuum fueron asesinados en Constantinopla Roger de Flor y sus capitanes, lo que desató la "venganza catalana"), donde se narra la sustracción por el novato Argyros a unos nómadas del Asia Central, que han llegado al Danubio, de un ingenio desconocido en Bizancio, un catalejo que luego recrearían los ingenieros capitalinos para su ejército imperial.

Si en la mentada Los fusiles del Sur, a la gran figura del general Robert Lee se unía la del sargento mayor del 47 Regimiento de Carolina del Norte, Nathan Caudell, aquí aparece tras Argyros el sabio y benigno jefe de los magistrianoi, Georgios Lankhanodrakon, que siempre está presente en la serie. Es de origen armenio, lo que aprovecha el autor para poner de manifiesto las diferentes corrientes del cristianismo que han revestido y van a revestir tanta importancia.

La segunda historia, etos kosmou 6816 (orig. "Strange Eruptions") se desarrolla de un modo bien distinto, pues nos presenta a nuestro hombre en Constantinopla con su familia, que es víctima de una epidemia de viruela. Alejada del servicio secreto, triste, es, sin embargo, una de las más logradas y Argyros se empeña en ella en el descubrimiento de una vacuna.
Etos kosmou 6818, quizá la mejor de todas, trata de la resolución de la anakhoresis que han declarado los trabajadores del pharos de Alejandría, la primera huelga de que se tiene noticia, aunque no reciba tal nombre. La narración está repleta de referencias a las distintas etnias, culturas y religiones, así como a los derechos de los trabajadores, los presindicatos y los tribunales: suponer a los hombres de una época la mentalidad de épocas posteriores ha sido siempre un recurso del ucronista.

 La cuarta historia, Etos kosmou 6824 (orig. Unhloy Trinity) corresponde al descubrimiento de la pólvora negra por los monjes de la abadía de St.Gall y se arranca en el este de España y el sur de Francia para llegar a las tierras bárbaras al norte de la frontera del Imperio. El magistrianos cuenta como aliados con dos agentes de una Inglaterra anglosajona que no ha conocido la conquista normanda, con los que mantiene sabrosos diálogos, varios de ellos de religión.

Mapa del mundo de El agente de Bizancio

En la quinta, etos kosmou 6825 (orig. Archetypes) se asiste al descubrimiento de la imprenta y se acentúa la presencia persa, lo que da pie al autor para hacer suaves referencias irónicas a la guerra fría de nuestro siglo XX, como es la decisión inicial de Lankhanodrakon de mantener el descubrimiento como un top secret imperial al que no tendrían acceso los particulares. Y entra en escena, como sacada de una novela de Randall Garrett, la bellísima agente persa Mirrane, diabólicamente inteligente y tan profesional en las artes de la seducción como en las de la intriga y el espionaje. Es un hallazgo que Turtledove va a explotar en la siguiente historia, cuando acompaña al patriarca de Alejandría (“si pecas, que sea con alguien que valga la pena”) y en la postrera, cuando es pareja del rey de los alanos. Son las historias más flojas de la serie y es Mirrane quien las salva.

En etos kosmou 6826 (orig. Images) la acción vuelve a Constantinopla, en un Concilio Ecuménico convocado por el emperador, como antes se convocaban, para dirimir la disputa entre iconoclastas e iconófilos. Esta vez Argyros no se limita a la ayuda del emperador, le echa una mano al propio Espíritu Santo para que mejor ilumine a los padres conciliares.

Y la historia final, etos kosmou 6829 (orig. Superwine) es poco más que un pretexto para el happy end de la pareja que, tras cruzar espadas y agudezas, amarse, temerse y odios, entre un informe montón de hombres y caballos despedazados, descubre cada uno que con quien mejor está es con el otro, tanto fuera como dentro de la cama.

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Turtledove, Harry. El agente de Bizancio (The Byzantium Agent, 1994), Libros del atril, Barcelona, ómicron, 2008, trad. Ana Alonso Esteve, rúst., 361 pp.

 

 
 

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