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LA CONJURA CONTRA AMÉRICA, DE PHILIP ROTH

Premio Sidewise 2004

La ucronía es un chantaje a la Historia.

A las 3.18 horas del día 27 de junio de 1940 los vecinos de un barrio judío de Newak oyen por la radio, con estupor y miedo, que la Convención del Partido Republicano ha elegido al famoso aviador Charles Lindbergh como candidato a las elecciones del próximo noviembre para disputar la presidencia al candidato demócrata Franklin D. Roosevelt, que aspira a su tercer mandato.

Es un tipo xenófobo, que ha viajado a Alemania y ha confraternizado con su régimen. En un discurso que pronunció dos meses antes, acusó al pueblo judío y a la raza judía de ser los instigadores de un plan para que los Estados Unidos entraran en una guerra que no era la suya.

Vestidos como están, los vecinos se lanzan a la calle para abrazarse y confortarse unos a otros, y el pequeño Philip Roth, de siete años de edad, ve asustado cómo los mayores, que siempre lo habían tratado con cariño, están llenos de rabia.

Estos hombres viven un momento de ilusión y vuelven a echarse a la calle cuando el periodista Walter Winchell, el judío más famoso de América después de Einstein, se lanza con la mayor determinación y coraje en su defensa. Mas todo es en vano y Lindberg es elegido Presidente. El verdadero what if...? no es ya esta elección sino qué hubiera pasado si en 1940 los Estados Unidos hubieran establecido relaciones amistosas con Alemania y Japón y no hubiera habido Pearl Harbor en 1941.

Philip Roth

Más que a los acontecimientos históricos, Roth presta su atención a la cotidianeidad de la vida diaria de sus personajes, gentes sencillas, la segunda generación de unos inmigrantes que iniciaron hace años su proceso de americanización y ahora sus hijos lo están completando. Roth no intenta explicar la tragedia, se limita a poner a sus personajes frente a ella y a observar sus reacciones, la consternación de unos seres humanos enfrentados a un destino inexorable. El gigantesco sentido de la frustración ante lo inevitable es una constante en la temática del autor.

Philip Milton Roth es un novelista norteamericano nacido en Newark, Nueva Jersey, en 1933, hijo de un matrimonio judío emigrado a los Estados Unidos desde la región polaco-ucrania de Galitzia. Ha sido muy galardonado con Premios como el Pulitzr, el National Book, el Príncipe de Asturias de las Letras y varios más. Tras graduarse en la Universidad de Bucknell, se doctoró en la Universidad de Chicago en literatura anglosajona y fue por un tiempo profesor universitario. Desde muy joven mostró un gran dominio de la lengua inglesa y un notable estilo. Hoy es un autor consagrado cuyo nombre se rumoreó alguna vez para el Nobel Y el tercer escritor americano vivo cuya obra completa ha publicado The Library Of America. Ha puesto fin a su producción narrativa con el ciclo muy en su línea de Némesis, lo que no puede vencerse.

Su estrilo se percibe en La conjura contra América y se discute cuánto más hay en ella. En mi opinión no es una de las mejores novelas que ha escrito, está por debajo de El lamento de Portnoy o la Pastoral Americana, de cuando era el enfant terrible de las letras judías de su país, que dice Damián Levín en Cuasar.

El sufrimiento de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial es ya un tema manido. Entiéndaseme, todos hemos leído mucho sobre el holocausto, lo hemos sufrido como propio y nos avergonzamos de los extremos a que descendió el ser humano. Pero añadir a estos sufrimientos otros inventados parece ya demasiado.

La novela ha sido objeto de polémica en su país de origen y ha dividido a los críticos. Mientras que para los que pienso los menos se trata de una de sus mejores obras, para los que pienso los más, sobre todo los encuadrados en lo que llamaría la cítrica tradicional, no está a la altura de las mejores. En general fue mejor aceptada al otro lado del Océano que a éste; en general, digo, porque he leído en la red críticas de aquí tan entusiastas como radicalmente opuestas. .

Si no se tratara de Roth, el título del libro se creería elegido por el editor con propósitos comerciales, pero lo tomó el autor de un panfleto que en 1946 se oponía a la reelección al Senado de Burton K. Wheeler. Su cubierta representa un sello postal de un centavo con una vista del Parque Nacional de Yellowstone dominado por una gran esvástica negra. Es todo un resumen.

Ha escrito entre otras cosas Jesús Gil Fuensanta que la ucronía como género literario ha llegado a formar parte del colectivo del mainstream de la narrativa a escala mundial, y son muchos los autores de hoy que cultivan lo que es ya una rama de la novela histórica y entiéndase lo de “histórica”. La conjura ganó el Premio Fenimore Cooper que concede la Society of American Historians a la mejor ficción histórica; también fue Premio Sidewise 2004 de Historia alternativa.

Utiliza antecedentes biográficos para hablarnos de la otra América de su infancia. Son muchas las novelas de Roth que tienen algo de autobiográficas, con la creación de alter egos que son personajes que pueden llevan su propio nombre aunque puedan no ser él. También figuras familiares, sobre todo del entorno de Newark.

Su acción se centra en los dos años y medio de la vida de su protagonista, los que van del verano de 1940 al otoño de 1942, un período decisivo para la Segunda Guerra Mundial que en la novela se inicia con el triunfo de Lindbergh en las presidenciales.

Ya he apuntado que Lindbergh basó su campaña en un programa de no intervención en la guerra europea, una política que entonces apoyaba una parte considerable de la sociedad estadounidense: “Vota por Lindbergh o vota por la guerra”.

Lindbergh tenía en la realidad ideas aislacionistas y simpatías por una forma de gobierno totalitario al estilo alemán. Leo en Alfonso Merelo que en 1939 llegó a escribir: “Ya hay demasiados judíos en lugares como Nueva York y son pocos los que aportan fuerza y carácter al país”. Llegó a pensar en presentarse a unas elecciones, aunque nunca lo hizo. Y leo ahora en Moreno Cortina que, a su regreso de Alemania en 1938, escribió una carta a Joseph P. Kennedy mostrando su admiración por el poder miliar germano.

Dicho sea como excurso, a Lindbergh lo vimos con el rostro bonachón de James Stewart en El héroe solitario. La forma en que su figura legendaria galvaniza a los votantes norteamericanos es de lo mejor del libro, que critica hondamente a una sociedad que se deja manejar por líderes carismáticos. A ese respecto, ha declarado Roth que si alguien ha creído ver en su obra una crítica a la Administración Bush, un presidente autoritario como Lindbergh, que estaba en el poder cuando se publicó la novela, está equivocado.

Al tiempo que el Presidente ucrónico culpa a los judíos estadounidenses de empujar a la nación a una guerra absurda, el país se va volviendo no beligerante en la guerra en Europa y va tendiendo después no ya al aislacionismo, sino al colaboracionismo progresivo, cada vez más descarado y siniestro, con la Alemania de Hitler.

Nuestro pequeño Philip Roth es un buen hijo americano de buenos padres americanos en una buena sociedad americana en paz con el mundo. Su familia es judía de principios liberales, reflejo tanto de la América real como de la ucrónica, y como otro millón de familias hebreas asiste con asombro y miedo al desarrollo de los acontecimientos. Philip siente una simpatía inicial por la figura paterna, que se mantiene a lo largo de toda la obra, mas poco a poco va creciendo también la que experimenta por la de su progenitora, la Madre Coraje.

Es un niño miedoso. He leído en una crítica que tendría igual miedo si no fuera judío porque, de pertenecer a otra etnia, por ejemplo a la japonesa, hubiera conocido campos de internamiento que en nada tendrían que envidiar a los de la novela. No tuvo que esforzarse demasiado el autor para encontrar el modelo para sus campos.

Philip se despierta una noche sobresaltado con una pesadilla, ha soñado que ha perdido su preciosa colección de sellos, su instrumento para conocer la Historia con mayúsculas y proyectarla en su percepción infantil. Se cae de la cama al suelo y de un modo casi patético revisa el álbum Con la serie de los diez parques nacionales de 1934, Yosemite en California, el Gran Cañón en Arizona, Mesa Verde en Colorado, el Lago del Cráter en Oregon, Acadia en Maine, el Monte Rainier en el estado de Washington, Yellowstone en Wyoming, Zion en Utah, de los Glaciares en Montana y de las Grandes Montañas Humeantes en Tennessee.

Los bosques, los ríos, los géiseres, los riscos, las cascadas, los barrancos y las costas de granito son imágenes de una permanencia que parece que durará inamovible en la rápida carrera del tiempo. La enumeración de los parques nacionales proporciona en dimensión horizontal el sentido de la estabilidad que el niño ha sentido en torno a él hasta entonces, como escribe Luca Alvino.

Más del Lamento de Portnoy y de la Pastoral Americana. Y aún nos resta de modo semejante el recorrido de la familia Roth por los monumentos de la ciudad de Washington. Es seguro que hay quienes han disfrutado de estos pasajes y han juzgado la novela mñás por sus ideas que por su calidad narrativa.

La novela, creo que ya lo he dicho, no va a narrar los acontecimientos sucedidos desde la perspectiva de las tribunas de prensa o los grandes salones del poder político, sino a través de los ojos del pequeño Philip.

La familia habitaba la primera planta de una casita de dos alturas, igual a las otras de una calle de un barrio judío cualquiera. Herman, el padre, era un hombre de 39 años que ganaba cincuenta dólares a la semana que entregaba cada viernes a Bees, la madre, que los administraba para que, sin lujos, no faltara nada a la familia; ella había evitado que se sintieran pobres durante los peores años de la Depresión.

La vida de la familia se estremecía a diario con las noticias que el padre escuchaba por la radio o leía en los periódicos, noticias de lo que estaba ya pasando en Europa y temían que pasara en América. El pequeño Philip lo oía en la escuela y en las conversaciones que mantenía su padre con sus vecinos también judíos. El antisemitismo crecía para ellos de un día para otro, con figuras tan dominantes como el as de la aviación Charles Lindbergh o el rey de los motores de combustión Henry Ford. Ningún judío compraba automóviles Ford a pesar de que eran los más populares.

Philip tenía un hermano de doce años, Sandy, que marchó a una granja en Kentucky donde se “americanizaba” a los judíos y, a su regreso se enfrentó violentamente a su padre. Una vez más la novela no se centra en los grandes escenarios políticos sino en los familiares y sociales de las familias hebreas.

Está repleta de personajes auténticos que jugaron un papel destacado en la sociedad norteamericana de la época. La trama está impregnada de una cierta paranoia ante los hechos que toca vivir a los protagonistas, vivencias que a veces recuerdan a las del maccarthismo histórico.

Tras el jonbar point (de John Barr) o el heige point (heige es bisagra), la novela decae, su lectura va perdiendo interés y, al final, Roth parece que se cansa de su América ucrónica y vuelve a la real de un modo casi esperpéntico, que siento no poder revelar. Roth no ha leído ucronías, es una lástima que no lo haya hecho con Pavana de Keith Roberts o Patria de Robert Harris.

La novela, digámoslo en su favor, se publicó en los Estados Unidos en el 2004, en el seno de una sociedad inmersa en una crisis de valores, dentro de un clima de acusaciones que algunos podrían encontrar no demasiado alejadas de las que se describen en esta ficción, de la que ya he dicho que ha sido objeto de polémica y de la que he leído toda clase de críticas. Reproduzco (sin comillas) un poco de tres de ellas, de menos a más:

Philip Roth no es Gunther Grass, y lo que el alemán hizo admirablemente en El tambor de hojalata, al americano se le va de las manos porque sólo tiene para contar una infancia anodina y vulgar. Claro que Grass hablaba del ascenso del nazismo con conocimiento de causa y Roth no reconocería a un fascista aunque se lo echara a l cara (Mario Moreno Cortina).

Roth es hábil para articular las rencillas y las ilusiones de la vida doméstica con las aberraciones de losacontecimientos políticos, hábil para la elección de imágenes pregnantes (la colección de estampillas de Philip, elmuñón de su primo que se enroló en el ejército canadiensey perdió el brazo en la guerra contra el Eje, y hasta el caos y la incertidumbre producto de la tensión social creciente y la pérdida de las libertades individuales). La suma de habilidades, sin embargo, resulta insuficiente (Damián Lavín).

¿Qué es más importante, ser judío o ser norteamericano? ¿Son cuestiones incompatibles? ¿Es bueno que los integrantes de las comunidades religiosas vivan juntos, en barrios netamente confesionales? Estas son algunas de las preguntas que el lector se va haciendo a medida que entra en los entresijos de la vida ucrónica de los Roth. La conjura contra América es un libro apasionante, en que se desgranan algunos de los hechos capitales del ser humano..., escrita con una exquisita sensibilidad y un prodigioso sentido del ritmo, uno de esos libros que hacen pensar, que te obligan a tomar a tomar partido, a reflexionar... (Jesús Lens).

* * *

Roth, Philip. La conjura contra América (The Plot against America, 2004), Barcelona, Literatura Mondadori, 2005, trad. Jordi Fibla Feito, tapa dura, 23x13 cm., 428 pp.

 

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