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La nación de Mau y Daphne, DE Terry Pratchett

una ucronía romántica llevada a un musical

Los editores de Terry Pratchett recibieron un día una llamada suya para decirles que había terminado un nuevo libro. Pensaron que se trataría de un título más del Mundodisco, quizá el esperado I Shall Wear Midnight, que pondría fin a la saga de Tiffany Aching, mas, lo que recibieron para su sorpresa fue una ucronía, Nación, bien acogida por el público y nominada al Premio Sidewise de extensión larga de 2008: en ni artículo anual en BEMonline sobre esas nominaciones la comenté brevemente y la di como primer outsider, como así resultó ser. Se trata de una ucronía romántica y muy británica, literatura para young adults que lo mismo pueden leer los hijos que los padres, con dos sugestivos protagonistas que apenas han alcanzado la adolescencia.

Terry Pratchett no necesita mayor presentación. Nació en 1948 en el seno de una familia modesta, en una Inglaterra que se reponía de la guerra. A los 13 años obtuvo el primer premio de redacción en un curso de inglés con el relato The Hades Business (Los negocios del Hades), que narra las desventuras de un diablo obligado a hacer publicidad y organizar viajes de grupo para que las buenas almas conozcan la rueda del tormento en los infiernos. Publicado en el periódico de la escuela, lo compró por 14 libras una revista de ciencia ficción, dinero que sirvió al muchacho para adquirir una máquina de escribir e iniciar su carrera de escritor, donde tan lejos iba a llegar. Paciente de Alzheimer, falleció en su Inglaterra natal en 2015.

Terry Pratchett

La editorial española presenta el libro como una novela del día en que se acaba el mundo, aunque es más bien la novela del día en que se inicia un pedacito de un mundo nuevo, la historia de un mundo parcialmente alternativo del nuestro. Debe haber muchos porque, cuando Mau le dice a Locaha, la Muerte, que algo no ha sucedido, ésta le pide que no lo diga, pues sí ha sucedido en otro universo.

La geografía de Nación es parecida a la nuestra y el hecho de que existan una Australia Cercana y una Australia Lejana y algunos lugares más carece de relevancia en la trama. El mapamundi indígena representa el mundo al revés, como ya sucediera en antiguos mapas árabes. Y por lo que vamos sabiendo, la Historia ha sido también semejante: ha habido reina de Saba, Carlos I y Cronwell, Shakespeare y Newton, Napoleón y Waterloo, en una ucronía de fantasía. Cuando Darwin visita la Nación -todo muy pratchettiano-, contempla fascinado cómo hay cocodrilos que poseen una segunda piel que despliegan para navegar a mayor velocidad o cómo los pulpos arborícolas utilizan herramientas elementales, nos preguntamos si gracias a sus nueve cerebros, uno central y otro por cada tentáculo.

No faltan tampoco instituciones como la Royal Society o lugares como la calle londinense de Savile Row, mencionada por sus sastrerías, claro está, no por haber tenido en ella su supuesta residencia Phileas Fogg o haber estado allí realmente ubicada una oficina de los Beatles, mas su acción se sitúa en una isla paradisíaca de los mares del Sur, adentrado el siglo XIX, omo hacia 1860.

Son dos las primeras divergencias de la ficción con la realidad. Una epidemia de gripe rusa azota Europa, produciendo gran número de víctimas, entre ellas el rey de Inglaterra y los 137 que le siguen en derecho sucesorio, a causa de una sopa que sirve en Palacio un criado infectado. El 138º es Ermintrude, la hija de trece años de sir Henry Fanshaw, gobernador de los territorios del Gran Océano Pelágico Meridional, que debe pisar el suelo patrio antes de nueve mese si no quiere que la corona inglesa vaya a parar a la testa de un francés. Los Caballeros del Último Recurso inician inmediatamente su búsqueda por las numerosas islas de aquel océano.

El segundo catacronismo es una ola gigante, como nunca se había visto en el mundo. Ermintrude, que navega en la goleta Sweet Judy, es atrapada por la ola y su embarcación arrojada tierra adentro de una de las islas de la Maternidad Dominical, salvándose tan sólo ella y el mal hablado loro de a bordo.

Como otras muchas, la isla ha sido asolada por la ola y su único superviviente es Mau, un joven de catorce años que llegaba en una canoa desde un islote cercano, tras cumplir su rito de iniciación para pasar de Muchacho a Hombre. Mau y Ermintrude, que se hace llamar Daphne porque no le gusta su nombre, están solos en la Nación, rodeados de cadáveres que él ha de arrojar a la corriente envueltos en lianas y lastrados con piedras para que sus almas se conviertan en delfines.

Los chicos superan sus diferencias tras una serie de malentendidos, con la habitual ironía del autor para con las tradiciones, a veces tratadas de un modo casi infantil: Daphne se avergüenza de haber disparado a Mau cuando ni siquiera le había sido presentado. La confrontación entre culturas es también uno de los temas recurrentes de Pratchett.

Mau es de piel oscura, viste taparrabos y va armado con una lanza. Daphne es de piel tan blanca que le vale el sobrenombre de la chica espectro, una "calzones" que viste un pantalón de encaje que la asemeja a una de las aves ancianas de la isla y camina bajo una sombrilla. Pero van a llegar a quererse y a salvarse la vida mutuamente.

Cuando van llegando los supervivientes de otras islas, atraídos por el humo que les muestra que hay fuego en ésta, ambos se disponen a reconstruir la Nación. Pero Mau tiene que mirar al pasado antes de dirigir la vista al futuro. En su cabeza resuenan las voces de los dioses y los ancestros:

¿Quién guarda la Nación?
¿Dónde está nuestra cerveza?

Daphne fabricará la mejor cerveza y Mau guardará la Nación, aunque Pratchett no se queda ahí, mira a la Polinesia como salvaguarda de la civilización, como ya hiciera Elliot Chandler en El recate del Paraíso (Nebulae 47), cuyo mundo empieza donde termina el de Nación.

La Sweet Judy será una inmensa fuente de riqueza para ellos. Aprovecharán las tablas de su casco, los cañones como medio de disuasión, las lámparas de aceite parta explorar las cuevas, las herramientas, los cuchillos y los utensilios de cocina: ninguna otra isla poseía más de una olla de tres patas. Y la ternera en salazón será un verdadero regalo de los dioses calzones.

     Buques de la escuadra inglesa terminan por encontrar a Ermintrude Y conducirla a Inglaterra a tiempo de ser reina. Nunca volverá en vida a Nación ni Mau saldrá de la isla.

En una época en que las conquistas del Imperio Británico estaban en todo su apogeo, se aparta del esquema de los hombres civilizados que llevan su cultura a los pueblos atrasados: no ondeará la bandera inglesa en la pequeña isla. Pratchett se interesa por casar los mitos polinesios con los occidentales, para lo que es clave el descubrimiento de la Caverna de los Antepasados, cuna del saber humano, con su telescopio de madera y métodos ancestrales.

En el epílogo se ve cómo esa caverna da lugar a una ucronía en el sentido más tradicional y se convierte en el centro cultural y religioso de la Tierra. En este epílogo uno de los descendientes de los habitantes primitivos cuenta cómo Einstein tocará su violín en la caverna -por fin solo con su violín- y Carl Sagan la datará en una antigüedad de treinta mil años. Son pocas las ucronías en las que el mundo futuro pasa por un filtro de científicos o donde éstos lleguen al poder, al estilo de aquel precioso Mundo Futuro (Things to Come) de Wells. La Royal Society llega a nuestros días con una presencia vigorosa de la que hoy carece.

Al final aparece un obligadamente ucrónico Enrique IX y un trasunto alternativo de la que podría ser la reina Victoria, quizás. Y vuelve Mau:

"—Ambos guardaron un dulce recuerdo el uno del otro —dijo la joven.

"-Qué manera más hermosa y arcaica de expresarlo —respondió el anciano—. Pues sí. A su muerte los calzones querían enterrarla en una caja de piedra en uno de sus recintos sagrados. Mas los Caballeros del Último Recurso la trajeron aquí en un barco de vapor lleno de hielo, la envolvieron con lianas y, lastrada con piedras, la confiaron a la oscura corriente, donde nosotros habíamos enviado a Mau. Y todos lloraron y lloraron.

"—Y entonces vieron a dos delfines nadando en la laguna —dijo ella convencida—. Quizá la gente estuviera llorando demasiado para verlo, pero es el único final adecuado.

Terry Pratchett se muestra una vez más como el gran narrador de historias que es y en Nación el tema es sugestivo, a más de presentado de un modo brillante, sólo con algún altibajo. Su fácil lectura se va haciendo más interesante a medida que pasan las páginas. Es, en fin, una novela recomendable, suavemente impactante, de la que se ha dicho que te hace reír y llorar y, a otro nivel, hasta reflexionar. Recuerda a El señor de las moscas, aunque carece de la profundidad psicológica de Golding: los intereses de Pratchett son más comerciales.

Sobre esta novela el National Theatre montó un musical del mismo título que se representó en Londres con éxito.

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Pratchett, Terry. Nación (Nation, 2008), Timun Mas, Barcelona, 2010, trad. Miguel Antón, rúst., 453 pp. incl. mapas y Nota del autor.

 

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