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El sindicato de policía yiddish, de Michael Chabon

Tierra Prometida de salmón y lumbre, que no de leche y miel

The Yiddish Policemen´s Union, de Michael Chabon, es una ucronía conseguida que viene a demostrar que las ucronías ya forman parte del mainstream. Alguien ha dicho de ella que es una fábula de detectives y una ucronía filosófica, y ha dicho bien. Es fábula por la carga de tradición mesiánica judía que encierra, y es de detectives porque ya en la primera página encontramos al muerto y al policía que va a investigar el crimen, en una trama que se prolongará hasta el final de la novela. Es también ucronía y filosófica, galardonada con el prestigioso premio Nebula que otorgan los escritores americanos de ciencia ficción, lo mismo que hacen los de misterio con el Edgar: es el primer libro nominado para ambos premios. No llegó a ganar el segundo, pero sí el primero, a más del Hugo, que conceden los asistentes a las WorldCons, el Locus de la revista de ese nombre y, lógicamente, el Sidewise de historia alternativa.

Su acción tiene lugar en el presente del que es casi nuestro mundo: su divergencia arranca de la aprobación por el Congreso estadounidense de un plan que realmente existió, el establecimiento en Alaska de un asentamiento temporal para refugio de los judíos yiddish-parlantes, de modo que sólo murieron dos millones de ellos en Europa, en vez de los seis que lo hicieron en la realidad. Podría parecer extraño que los judíos fueran a un lugar tan inhóspito, pero también en nuestro continuum marcharon al desierto. De modo semejante a cómo llegaron realmente a Israel, los pioneros judíos arribaron a Alaska en el Diamond, una nave de transporte de tropas que rebautiazaron Kedma, "Hacia el Este" en hebreo. La novela sugiere, además, que se dio un goteo de judíos hasidic hacia allí después de la Guerra: siempre está presente el fantasma de la Diáspora.

El Holocausto tiene mucho peso al principio, mas luego, aunque nunca desaparece del todo, sólo flota en el ambiente: la palabra Shoah, Holocausto, no se menciona nunca. Aparece como un proceso más de los muchos que ha sufrido el pueblo judío a lo largo de su Historia y, más que el Holocausto, lo que flota persistente en el ambiente es el tema de la patria eterna de los judíos. La novela es una metáfora de esa búsqueda eterna de Jerusalén.

Alemania aplastó en 1942 a la Unión Soviética y la Tercera República Rusa no tuvo una esfera de influencia en el Este de Europa. La Guerra se prolongó hasta 1946, cuando Berlín fue destruido por bombas atómicas. Posteriormente no hubo Vietnam, pero sí una Cuba que hizo sus veces: "La guerra de Cuba fue famosa por su futilidad, su brutalidad y su desperdicio". Y lo que es más, en 1948 los árabes impidieron la creación del estado de Israel, una ironía implausible por lo mal que se lleva(ba)n entre sí los estados árabes y lo mal organizados que esta(ba)n. Palestina sin Israel se describe como un mosaico de religiones contendientes y grupos nacionalistas laicos enfrentados en conflictos permanentes.

Pese a que tiende a mostrarse escéptico, el autor viene a sostener a través de sus personajes que ese mundo no fue mejor que el nuestro y que, si no hubiera existido el estado de Israel como lo conocemos, se hubieran seguido dando los mismos problemas y la Humanidad hubiera sufrido las mismas cargas. Es una ucronía, ya he dicho que filosófica, en la que todo conduce a que, antes o después, ha de darse ese estado. Aunque "es una novela", dirá Chabon, "no un argumento sobre el estatus, la naturaleza o el derecho de Israel a existir".

Michael Chabon –pronúnciese Shaybon- norteamericano laico de ascendencia judía, nació en 1963 en Washington, D.C., se graduó en arte en la Universidad de Pittsburg e hizo después un curso de posgraduado en la Universidad de California, Irvine, donde el profesor que dirigía su tesis-novela la pasó a un agente literario que le consiguió más de cien mil dólares por ella, siendo su publicación todo un éxito: así arrancó su vida como escritor a tiempo completo. Está casado en segundas nupcias con la también escritora Ayelet Waldman, con la que tiene cuatro hijos y viven en Berkeley, California.

Su novela del 2000, Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, ambientada en los inicios del cómic en los Estados Unidos, consiguió el premio Pulitzar. Mondadori viene publicando regularmente su obra en España y Argentina.

"Soy un seudoprofesor de pelo largo, posbohemio, con barba y brillantes ojos grises escondidos tras gafas de gruesas lentes en montura italiana. Soy un nerd perpetuo -o, si lo prefieres, geek-, experto en asuntos de Star Trek y rock progresivo británico de los 70. Cocino bien. Llevo cartera. Amo el béisbol y las películas clásicas de Hollywood. Trabajo más duro de lo que tuvo que trabajar mi padre, lo que quiere decir que realmente trabajo muy duro."

Los judíos se instalan en la isla en forma de boomerang de Baranof, en el Sudeste de Alaska, con capital en Sitka. Pero Sitka no es Jerusalén y el libro deja muy claro que, para un judío, Jerusalén es Jerusalén a vida o muerte. Como dirá el autor, "Sitka es sólo una parada efímera de una larga línea", que sólo puede terminar en Jerusalén.

"Crecí en Columbia, Maryland, en una comunidad recién creada con sabor a utopía y muy pocas personas y casas. Entonces Sitka sólo existía sobre el papel, pero nosotros teníamos este mapa, este mapa que era un proyecto de cómo iban a ser las cosas. Y ocurrió que fue haciéndose realidad a medida que íbamos viviendo allí. Así tuve la posibilidad de imaginar desde el principio un lugar que iba convirtiéndose en realidad. En mi novela, Sitka no es una patria y ésta es la clave. Sólo es una parada."

Si hay dos judíos en una habitación, se suele decir que se llevarán a matar, y toda la novela se desarrolla en un ghetto donde reina la desconfianza de todos hacia todos. A los judíos los presenta Chabon tanto con cariño como con un punto de maquiavelismo y mala avenencia, existe mucha tensión entre ellos.

La investigación del asesinato por un tiro en la nuca de un ajedrecista la lleva a cabo Meyer Landsman, del departamento de homicidios de Sitka, a quien acompaña Berko Shemets, un espléndido "actor secundario" de padre judío y madre india tlingit. En la cubierta del libro aparecen la pistola y la calavera de las novelas de misterio, el perfil de la Sitka ucrÓnica y el totem de esa tribu, para la que prácticamente la isla es su reserva.

Dicho sea como excurso, la cubierta original americana, que reproduce con el título traducido la española, dibujada por Will Staehle, fue elegida por los críticos como la mejor cubierta de una obra de narrativa del año, elegante y que resume buena parte de los elementos de la trama.

El ajedrez, el único juego que permite la ley judía en el sabath, siempre va a estar igualmente presente. Los policías pronto descubren que la víctima era un jugador por dinero, para costearse sus dosis de droga, al que en tiempos fueron muchos los que lo tuvieron por el Tzzadic-ha-Dor, el Mesías de los que nace uno en cada generación para ayudar al retorno de Elías y a la restauración de los días de gloria de Israel. Había realizado pequeños pero impresionantes milagros y muchos creyeron que eso confirmaba su condición potencialmente mesiánica.

Landsman y Berko encuentran en la isla de Verbov una novilla roja con manchas blancas a la que se ha de sacrificar y esparcir sus cenizas como requisito para la destrucción de la Cúpula sobre la Roca, el Domo que se levanta sobre los cimientos del antiguo Templo. Y los Verbover cuentan con un experto en demoliciones.

La novela se cierra con la resolución del caso dos meses antes de que tenga lugar la Reversión y los judíos hayan de abandonar la tierra en que vivían desde hace sesenta años. Un Presidente evangélico de los Estados Unidos había prometido a los alaskianos la reversión del asentamiento y consiguió la autorización del Congreso para llevarla a cabo, convencido de que habría una sanción divina para los neosionistas: después a los judíos sólo les restaría una opción, volver cuando pudieran a Jerusalén.

Hay que decir de la novela que respira desde su inicio un aire años 50 por más que se desarrolle en un 2007 alternativo cuya tecnología no es atrasada. Algunos objetos hallados en la habitación del muerto, pongo por caso, son un zepelín a cuerda y unos cilindros de cera para gramófono, y detalles como éste hacen que ese aire años 50 nunca se disipe del todo.

Como otras muchas ucronías modernas, tiene bastante de trama policial. El autor bien podría haber leído a Turtledove, pero su manera de escribir resulta menos densa y más concisa. Hace muchos guiños al lector, como una Exposición Universal en Sitka en 1977, una primera dama alternativa que fue Marylin Monroe-Kennedy o grandes ediciones en yiddish de Raymond Chandler, del que Chabon es admirador. En Sitka hay calles como las de Korczak o Max Nordau, el primero un polaco que fue a los campos de exterminio con los niños de su orfanato judío, el segundo cofundador con Theodor Herzl del sionismo.

Se da como curiosidad una ironía que sólo captará un buen aficionado al cine. Casi al final se dice que existe una película de Orson Welles llamada En el corazón de las tinieblas -que iba a ser una adaptación de la novela de Joseph Conrad-, título del primer filme que el gran director intentó rodar, antes de Ciudadano Kane, que no llegó a realizar pero que en ese otro universo se ha convertido en un clásico. Siguiendo con el cine –no he querido suprimir lo que escribí en 2007-, los Cohen, que habían rodado ya novela negra de la new wave de los 90, parece que se interesan ahora por ésta, que a veces da la impresión de estar escrita por Ethan, el guionista de los hermanos, pues tiene mucho de las típicas constantes de su vena fílmica, mucho de novela negra y aún más de humor negro, que no es solamente humor negro, sino muy negro humor judío.

La bien escrita novela tiene el acierto de conjugar la alta literatura con los géneros populares, como el policiaco o la ciencia ficción; es entretenida sin perder por eso calidad literaria. Los escenarios están bien creados, uno puede pasear por las calles de Sitka sin sentir esa sensación de irrealidad que se siente al leer otras ucronías. Y los personajes están igualmente bien construidos y desarrollados, con esas pinceladas de humor negro que ya he apuntado. Landsman, el policía local, “sabe que sigue vivo porque solamente la vida le podría ofrecer un panorama tan negro”. Y a su ayudante, el semiesquimal Berko, lo describe el autor como “de cara diseñada para la alegría pero educada en el oficio de la tristeza”.

Siempre en el 2007, los 12.000 Km2 de la isla de Baranof, muchos de ellos de bosque nacional o monte, registraban una población que no llegaba a los 9.000 habitantes, de los que sólo 35 son judíos.

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Chabon, Michael. El sindicato de policía yiddish (The Yiddish Policemen´s Union, 2007), Mondadori, Barcelona, Literatura, 2008, trad. Javier Calvo Perales, cartoné, 428 pp.

 

 

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