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Existe un antiguo viaje a la luna, poco relevante para la protohistoria de la ciencia ficción española, pero que ha de recogerse como tal y, además, por la personalidad de su autor, bisabuelo de nuestro bien conocido Luis Alberto de Cuenca.

Carlos Luis de Cuenca nació en Madrid en 1849 y murió en Ávila en 1927, ciudad cuyo Ayuntamiento le ha dedicado una calle. Cursó la carrera de Derecho en la Universidad Central Y fue jurídico militar, cuerpo en que alcanzó el empleo de auditor de división. Colaboró en periódicos como ABC o Heraldo de Madrid y revistas como Blanco y Negro o La Ilustración Española y Americana, y editó revistas dirigidas a niños y jóvenes.Escribió varias obras dramáticas, entre ellas De Madrid á la Luna, "viage imposible cómico-lírico", en verso, en dos actos y nueve cuadros, con música de los maestros Tomás y Manuel Fernández Grajal.

Esta pieza se puso en escena en el Teatro de Maravillas, de Madrid, la noche del 19 de julio de 1886, dada su brevedad, quizá como entremés de otra mayor. Contó en su reparto con la Sra. Alarcón en el papel de Dª Serafina y el Sr. Talavera en el del Doctor. Ese mismo año se tiró en la imprenta de José Rodríguez, que estaba en la calle de Atocha nº 100, y se distribuyó desde Cedaceros 4, 2º izq.

En el primer cuadro el Doctor, junto con el amigo Canuto, su prima Serafina y la hija de ésta, Ascensión, embarca sin más en la barquilla de un globo que remonta el vuelo hacia la luna. En el cuadro siguiente ya están en nuestro satélite, exhibidos en una jaula por un domador de circo que habla italiano. Los presenta como animales salvajes, de formas parecidas a las humanas y que hablan como loros. Cuando muestra a Dª Serafina pide al público que se fije en el instinto que posee para pintarse y teñirse el pelo.

Aparece en ésas el pregonero:

"El sabio gobierno, habiendo sabido
la clase de fieras que nos han salido,
y viendo un peligro de gran trascendencia
en fieras que tienen hasta inteligencia,
manda que con ellas ninguno se engresque
y que se las cace donde se las pesque."

lo que el coro refuerza, cantando:

"Mueran al punto, / no haya piedad,
sólo su muerte / nos salvará.
Duro y a ellos / sin vacilar,
á nuestras manos / perecerán."

En el momento de mayor algarabía el Doctor y Dª Serafina consiguen escapar con el globo y refugiarse en la azotea de un edificio cercano, donde pasan una noche de quince días alimentándose de las conservas que han traído para el viaje. Al amanecer encuentran a Canuto y Ascensión, que han conseguido deshacer el malentendido de su condición y se han hecho con los papeles del tenor y la tiple en la Ópera de la Luna, ganando la exorbitante cantidad de seis mil pesetas por noche.

Sigue una escena en que el Doctor mantiene unos diálogos jocosos -toda la obra es jocosa- con unos niños lunícolas precoces, músico, literato y pintor, lo que aprovecha el autor para criticar a los artistas terrícolas sin formación. Hay todavía alguna otra escena más de relleno, pues la pieza en sí es muy breve.

La gran dificultad comienza cuando, habiendo llegado en luna nueva, el astro pasa a cuarto creciente, pues cosas y persona aumentan de tamaño y los protagonistas, por ejemplo, no pueden ni subir los peldaños de una escalera. Como contrapartida, su dinero se acrecienta en la misma proporción.

La situación se invierte cuando la luna entra en cuarto menguante, las escaleras se vuelven chicas y su fortuna pasa de dos millones a dos perros chicos. En el último cuadro todos aparecen en la misma postura en que se quedaron dormidos en el primero, se despiertan y concluyen:

ASCENSIÓN ¡Todo ha sido un sueño horrible!
SERAFINA ¡Una triste decepción!
EL DOCTOR ¡Científica aberración!
CANUTO   ¡Filoxera indescriptible!"

 

 

 
 

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