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I. Autobiografía de pascual enguídanos [1]

Nací en Llíria el 13 de diciembre de 1922 [2]. Mi primer colegio fue el de las Hermanas de Santa Ana, donde aprendí a leer y escribir. Más tarde, después de tomar la Primera Comunión, ingresé en el Grupo Escolar de San Vicente Ferrer [3].

En mi época, a los niños solían preguntarnos: "Chico, ¿qué quieres ser cuando seas mayor?". El niño respondía: "Lo mismo que mi papá".

En un pueblo preeminentemente agrícola, la mayoría de los padres eran labradores. Mi padre venía de una familia de labradores, pero dando muestras de un carácter inconformista, él dejó la azada para aprender y tomar el oficio de mecánico [4] de automóviles que, por cierto, aún no había ninguno en Llíria. ¿Pueden imaginarse lo ufano que estaba yo de tener un padre que conducía una camioneta de reparto?

En la década de los 30, Llíria era un pueblo blanco, apacible y lleno de moscas, fenómeno que se debía a que todas las casas tenían cuadra. Todas las mañanas los hombres se ponían en marcha con sus carros hacia las huertas o los cultivos de secano, olivos, algarrobos o viñedos, que quedaban un poco más lejos.

Pascual Enguídanos, en el Grupo Escolar San Vicente Ferrer.

Al anochecer volvían todos ellos formando largas hileras de carros y caballos por los caminos que convergían hacia el pueblo. Antes de irse a casa se paraban un largo rato en la taberna de "Casa la Viuda" [5], a charlar sentados en taburetes de enea, bebiendo con parsimonia aguardiente en porrón.

Yo era un chaval feliz, jugaba todo el tiempo que me dejaba libre la escuela [6]. Cuando no estaba en la calle, solía leer.

Aunque en mi casa no había ambiente literario, tenía un compañero de clase [7] que, conociendo mi pasión por la lectura, se ofreció a prestarme libros que descubrió en la cambra de su casa, apilados y cubiertos de polvo, que en algún tiempo habían pertenecido a su abuelo, que tenía afición por las novelas de aventuras, novelas que me leí hasta que no hubo más [8].

El largo verano parecía no tener horas bastantes para tantas cosas como yo quería hacer. En las de más calor me entretenía haciendo cosas en casa, construía grandes aviones con cartón que pintaba de purpurina aluminio y colgaba del techo para que los moviera el viento [9].

El 18 de julio del 36, al día siguiente de empezar las vacaciones de verano, se produjo el alzamiento militar del general Franco, con lo cual comenzó la guerra civil en España. Yo apenas tenía 13 años y la guerra no tocó a mi familia. Al terminar las vacaciones seguí asistiendo a la escuela [10]. Ahora tenía maestra en lugar de maestro. La actividad escolar terminó en 1937, al dedicar el edificio a hospital de guerra [11].

Pascual Enguídanos, durante el servicio militar.

Al tener que dejar la escuela, alguien pensó que ya estaba bastante crecido para ponerme a trabajar. Un tío mío me buscó trabajo en "La Campesina", donde me pusieron a cargar y descargar sacos de algarrobas, pero esto no fue nada comparado con mi siguiente trabajo en una mina, extrayendo piedra para su cocción y trituración para hacer yeso. La actividad laboral concluyó al terminar la guerra. Como la mayoría de españoles me encontré con 16 años sin nada que hacer, ni perspectivas de trabajo.

La casa donde vivíamos como caseros se vendió a un vinatero de El Grao, quien, cuando emprendió las obras de restauración, nos dio trabajo a mi padre y a mí.

Durante la posgeuerra, y hasta que me fui a la "mili", trabajé de albañil, carpintero, oficinista y vinatero, y aún tuve tiempo para hacer un largo curso de contabilidad [12].

En vísperas de partir para Mahón, donde me tocó hacer el servicio militar, conocí a Carmen, mi mujer [13]. Nos enamoramos y comenzamos una larga relación por correspondencia que mantuvimos hasta que terminamos rompiendo.

Cuando a los nueve meses volví a Llíria, algo había cambiado. Carmen ya no estaba, se había trasladado a El Grao con sus tíos. Todos mis amigos habían partido a la mili y el pueblo me pareció más quieto, caluroso y aburrido. Lo cierto es que la única actividad social la desempeñaban nuestras dos bandas musicales [14].

Yo no dejaba de pensar en mi Carmen y, al fin, rompirndo con cualquier falso pudor, la llamé por teléfono y reanudamos nuestro noviazgo.

Por entonces vinieron en mi busca dos labradores con la propuesta de crear una sociedad vinícola y, aunque no muy convencido, acabé cediendo ante su insistencia y se inició así el negocio. Yo acepté una cierta cantidad de dinero, pero pronto hube de arrepentirme. El negocio no era próspero y el único capricho que pude permitirme fue la compra de una máquina de escribir portátil que me sirvió para adentrarme a escribir, ante el hecho de que el negocio era una ruina y pensando que al final tendría que buscar otro empleo [15].

Cuanto peor iba el negocio, peor iban mis relaciones con Carmen, y no era por su culpa, sino consecuencia de mi mal humor. Sólo nos veíamos una vez a la semana y nuestros domingos solían acabar con un enfado. Nosotros nos queríamos, pero las perspectivas de futuro eran desalentadoras. Nos enfadábamos a menudo y volvíamos a romper inevitablemente.

Ahora no tenía novia, así que traté de integrarme en la vida social del pueblo y busqué mis antiguas amistades [16].

Pascual Enguídianos (primero de la derecha) en Llíria, con unos amigos, en 1943.

El paseo en Llíria durante el verano consistía en andar carretera arriba y abajo los domingos por la tarde. Una finísima capa de polvo blanco cubría los bordes del pavimento formando una nube que flotaba sobre las cabezas de los endomingados paseantes. Al llegar el invierno, la gente nos reuníamos en el cine.

Yo me había puesto a la tarea de escribir una novela, siempre tuve afición a la escritura. En la escuela ya hacía trabajos de redacción, no siempre apreciados por mis maestros, que decían que los copiaba [17].

Escribí una primera novela, tan larga que me sirvió para aprender a manejar la máquina de escribir con soltura. A continuación empecé otras dos que no vieron su fin. Entonces fue cuando conocí a Cienfuegos, un escritor "de verdad" que vivía en un pueblo cercano [18] y tenía una bella esposa que trabajaba como enfermera de la Seguridad Social.

Cienfuegos era un hombre amable que se ofreció a presentarme en la Editorial Valenciana para la que él escribía. Allí me presentó a Juan Puerto [19], quien me brindó toda suerte de facilidades para colaborar con la editorial.

En ese tiempo yo guardaba en mi casa dos novelas románticas para las que no encontraba un final que me satisfaciera, así que se las di a leer a mi nuevo amigo por si me daba alguna idea.

Entonces Cienfuegos tuvo una idea genial y, tomando una, sin añadir un punto ni una coma, puso la palabra "fin" y se la presentó a la editorial, que la aceptó. Al menos fue honesto y añadió mi nombre al suyo [20].

 La Valenciana me encargó varios trabajos. El más interesante fue la maqueta de una nueva publicación, que se llamaría colección "Comandos", dedicada a relatos de guerra. Para mí fue como ponerme un anillo al dedo, ya que muchas de mis mejores narraciones se pueden encontrar en esta colección [21].

Ya me había lanzado como escritor de novelas [22] cuando un amigo me propuso pasar unas vacaciones en Buñol. En realidad se trataba de hacer una sustitución en un colegio.

Acepté, pensando que no me vendría mal un corto descanso en la montaña y recordé que los tíos de Carmen solían veranear en el mismo pueblo.

Así que tomé mi "Olivetti" y me fui a Buñol, donde me esperaba mi amigo. Al otro día casualmente me encontré a Carmen que paseaba con su hermana. Los dos nos alegramos y ese día hablamos poco, pero la siguiente noche, en el cine de verano, rompimos el hielo.

Antes de terminar el mes volví a Llíria, liquidé lo que quedaba del negocio de vinos y me dediqué a escribir con entusiasmo.

Quería casarme en un año, pero tuvimos que esperar dos. El día 11 de junio de 1952 nos casamos en El Grao, fijando nuestra residencia en El Cabañal [23].

Pascual Enguídianos en Radio Juventud de Llíria (1961).

Mis relaciones con la editorial no podían ser mejores. No esperaban a que el asesor leyera para pagarme, sino que me pagaban contra la entrega del original, pero nunca pude conocer la tirada de mis novelas.

De tarde en tarde preguntaba cómo iba la colección: "Va bien", te decían. Otras veces te decían: "Se sostiene". Era como si trabajaras en un cuarto a oscuras, solos tú y la máquina de escribir, sin una voz del exterior. En ocasiones te llegaba una carta a través de la editorial como un punto de luz en las tinieblas. Un desconocido te escribía desde un remoto lugar: "Ha leído tus novelas y te felicita". Gracias.

El escritor es generalmente un solitario, abstraído en sus pensamientos. El escritor que tiene una activa vida interior ha de ser disciplinado, ha de imponerse un horario de trabajo y obligarse a su cumplimiento. Un perezoso que dude en saltar de la cama cuando suena el despertador, siempre andará con retraso respecto a su calendario de trabajo.

En 1954 llegó nuestro primer hijo, Manuel [24]. En la noche del 13 al 14 de septiembre de 1957 nos alcanzó el desbordamiento del río Túria. Nosotros vivíamos en una planta baja, por lo que la inundación nos cogió de lleno. Lo perdimos todo, sólo pudimos salvar la ropa. Tres días después del desastre le pedí a mi amigo Ernesto el camión y me trasladé con los muebles a Llíria.

Pascual Enguídianos con Manuel Izquierdo, alcalde de Llíria, en febrero de 2004.

En mi pueblo me volví a encontrar con conocidos y amigos. Cuatro años estuvimos exilados en Llíria, donde nacieron el otro niño y la niña. En 1961 volvimos a Valencia: empezaba a ser un éxito la serie "Luchadores del Espacio", que luego se llamaría "La Saga de los Aznar" [25].

Detrás de la riada había llegado a Valencia la televisión, en la que vi enseguida un serio enemigo. Aunque no se notó mucho al principio, yo sabía que por lógica acabaría imponiéndose. Anticipando lo que veía venir, me puse a salvo empleándome en Obras Públicas [26], donde tenía un buen amigo, Joaquín Santapau. El sueldo era más bien corto, pero me ayudaba escribiendo y así vivía holgadamente, al punto que me compré un automóvil [27].

La "Saga de los Aznar" duró mientras yo le insuflé mi aliento, pero las cosas estaban cambiando rápidamente y las editoriales fueron cesando en el que había sido próspero negocio de las ediciones de bolsillo. Los precios subían, pero las novelas se pagaban ahora peor que antes [28].

Mi madre, que vio con recelo mi casamiento, me preguntaba respecto a mi trabajo. No acababa de creerse que se pudiera vivir de escribir novelas.

"-Pascual, ¿y si se te acaban las ideas?"

"-Madre, las ideas no se acaban, son como la alfalfa. Las siegas y vuelven a crecer."

Pobre madre. Si viviera hoy, podría enseñarle un montón de más de trescientas novelas y decirle:

"Mire, mare, ésta es la collita del seu fill." [29]

* * *

Esta transcripción de la autobiografía de Pascual, así como las notas que la siguen, se publicó en el cuadernillo de Apuntes para la historia de la ciencia ficción española: Pascual Enguídanos. Una aproximación a la obra de George H. White, edición de autor, Madrid, 2004, revisado en 2005 antes de la muerte de Pascual, acaecida el 28 de Marzo de 2006.

 

NOTAS

1. Según dijo en el Ayuntamiento de Llíria el 14 de mayo de 2004. (Las notas han sido redactadas por Agustín Jaureguízar).

2. Llíria es un pueblo cercano a Valencia, en la comarca de Camp Túria. Fue hijo de Pascual Enguídanos, de Llíria, y Asunción Usach, de Casinos. Nació en un edificio bajo, después bodegas de Feltrer o Alacreu, situado frente a la estación de ferrocarril. Tuvo dos hermanas, Asunción y Josefa, ya fallecidas. Pascual padre pertenecía al Partido Autonomista Valenciano de Blasco Ibáñez y su hijo recuerda que algunas veces lo acompañó a su sede, y recuerda también que allí se exhibían dibujos que representaban castigos y abusos cometidos por frailes.

3. Tenía entonces 8 años y este Grupo Escolar era ya un Colegio Nacional. Aún ahora recuerda de él a su buen maestro D. Miguel Lis: "Nunca fui un alumno brillante" ha dicho, "excepto en los trabajos de redacción, y era el mejor cuando me sacaban a leer en un corro", según la nota biográfica de Mercedes Cañete y José Luis Batres, de la que he tomado alguna referencia más.

Adelantándonos en el tiempo, los Ferrer serán una de las grandes familias de la sociedad valerana de la Saga de los Aznar, la de los ingenieros, como otras serán la de los Balmer, los Castillo Valera, por no decir la de los Aznar.

4. Emplea aquí el término en el antiguo sentido de mecánico conductor.

5. Cuyo emplazamiento ocupa hoy un restaurante chino. Con los tallos trenzados de la enea o anea se hacían asientos de sillas o taburetes.

6. Su atracción por la aventura era tal que, durante las vacaciones de verano, reunía un pequeño grupo de amigos que se dedicaba a explorar los cerros y montañas, fortificándose allí por si llegaban los indios.

7. Joaquín Silvestre. Interrumpieron su relación cuando éste marchó a Andorra y, aunque actualmente está de vuelta en Llíria, no la han reanudado. Era alfarero o, mejor, ceramista, y Pascual lo recuerda como "una persona con la que compartió un espacio luminoso en la vida, lleno de libros y cálida amistad".

8. Recuerda entre ellas Pascual particularmente las aventuras de Rocambole y del Capitán Strogoff, aunque charlando con él salen a relucir otras varias, como algunas novelas de la serie marciana de Edgar Rice Burroughs, que influirán más tarde en su obra. Como a todo chaval, también le gustaban los tebeos y los sábados, sentado en la acera de la tienda de prensa y helados, esperaba a que llegara El Aventurero, para leer las hazañas de su personaje favorito, Flash Gordon, y continuarlas en su imaginación.

Fue tal su afición a la lectura, que nunca le ha abandonado, que, según quién y cómo le pregunte, van apareciendo autores y más autores. Decididamente no fue hombre del Bécquer o el Lope de Vega que enseñaban en el colegio, por no decir de un libro titulado María, matrícula de Bilbao, que aún recuerda como "infumable", a pesar de los esfuerzos del bueno de Pepe Jordán para encontrarle algún mérito. (Me vence la tentación de decir que era una novela de José Mª Sánchez Silva y Luis de Diego, que trataba de un joven que no quería seguir la tradición marinera familiar, y que llevó al cine Ladislao Wajda, con Albero Closas, Arturo Fernández, Antonio Ferrandis -no faltaba ni Gila- y ellas fueron Mª Rosa Salgado y Pilar San Clemente. No podía gustarle a Pascual).

"La primera novela que leí en mi vida fue El pistolero, creo que de Marcial Lafuente Estefanía, aunque no estoy seguro", recoge de su boca Alfons Cervera. Le cautivaron las novelas de « a duro» que contenían historias de pistoleros y espías, con un revólver de seis tiros que mataba a veinte enemigos sin recargarlo, los detectives que buscaban incansablemente al criminal y los brazos amables de las primeras mujeres fatales, que luego aparecían en sus sueños de adolescente. Después vendrían Dostoievski, Patricia Highsmith, Agatha Christie y Erle Stanley Gardner, siempre en ediciones baratas, y más tarde Carmen Lloret y Juan Marsé en esa inextinguible vocación lectora.

9. Compró con entusiasmo Cómo aprender a volar y se entregó con fruición a la lectura de las novelas de Bill Barnes. En la colección "Comandos" son varias las novelas que contienen escenas de combates aéreos y en la Saga, Miguel Ángel Aznar de Soto, el primero de la dinastía, era piloto.

10. El Ayuntamiento de Llíria hizo una requisa de libros para crear una biblioteca pública donde Pascual leyó a clásicos como Blasco Ibáñez, Clarín o Zola, y todas las novelas de aventuras que pudo. Allí encontró los Viajes Planetarios del siglo XXII, que fueron la fuente reconocida de su autoplaneta u orbimotor, ya que el ingenio del Coronel Ignotus era una esfera de 600 metros de diámetro, igual que el Rayo, y quizá se debió también a su influencia que viajara en primer lugar a Venus, junto con alguna otra cosa menor, pero hay que decir enseguida que las plúmbeas invenciones del militar alcalaíno fueron redimidas una y mil veces por Pascual para convertirlas en estupendas aventuras.

Encontró asimismo a su gran Julio Verne, con el que compartirá la afición por los planetas huecos, las ciudades sepultadas y las civilizaciones perdidas, los náufragos y la jungla, tan presente en la Saga de los Aznar. Leyó igualmente a Wells, cuya cavorita pudo inspirar la dedona, y cuya Máquina del tiempo tiene en cuenta cuando se ocupa del viaje temporal: la escena del palacio de porcelana verde la recreará en un par de novelas, en una poco después de publicarse que la Universidad de Oglethorpe había creado un museo al estilo del de la novela de Wells.

Se trata, en todo caso, de lecturas de juventud cuya influencia remota se puede rastrear, sólo rastrear, en su original creación posterior. Pascual no leyó títulos de ciencia ficción contemporáneos, no es posible hallar semejanzas con ellos, y sí artículos científicos en periódicos y revistas, más algún libro que le ayudó en la estructuración de alguno de sus universos, el principal Los mundos habitados, de Desiderio Papp. Este libro del científico alemán, publicado en España en 1949, influyó apreciablemente en la literatura de ciencia ficción popular de varios países.

11. Terminó el bachillerato elemental por libre y después el superior con la nota de excelente, según leo en Francesc Rozalén.

12. Un curso de contabilidad por correspondencia. "Fueron años amargos aquéllos en que me hice hombre", dirá Pascual.

13. Conoce a Carmen en las Navidades de 1943 y parte para la mili en abril del año siguiente.

14. En su compromiso con la cultura, aceptaría ser miembro de la Directiva de la Unión Musical entre 1958-64 y 1988-91.

15. Por poner un punto de ironía, no parece que tal fuera el origen de la prohibición del alcohol en Valera.

16. Silencia modestamente que sus inquietudes literarias le llevaron a ser director de la revista local "Estímulo" y colaborador de la emisora Radio Juventud de Llíria.

17. Era tanta su afición a escribir que ya de muy chico, en el reverso de una etiqueta de un bote de tomate, escribió su primera historia, una breve "Flecha negra".

18. Álvarez Cienfuegos, hijo del conocido autor teatral, que vivía en La Pobla de Vallbona. En palabras de Pascual, "tenía mano" en Valenciana.

19. Juan Puerto padre, Juan Puerto Vañó.

20. Le he oído contar más de una vez con detalle estos inicios, la última en ocasión de una entrevista que le hizo Alfons Cervera en mi presencia, cuando yo había acudido a su casa a hacerle entrega del premio "Gabriel" que le había concedido la Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción.

Leyó una novela romántica que tenían sus hermanas y dijo: "Esto lo hago yo, y mejor". Escribió entonces Maripé la pecosilla, que fue una de las dos que llevó al citado Cienfuegos -la otra fue La Venus sin rostro-. La colección en que se publicaron se llamaba "Favorita" y en ella aparecieron siete títulos de Pascual, cinco firmados con su primer seudónimo, Armando Ravel, y dos como Usach Álvarez (Usach por él mismo y Álvarez por Álvarez Cienfuegos), en una solo supuesta colaboración. Aún así, repartió por mitad con Cienfuegos las 1.500 pesetas de derechos. Corría el año 1950.

21. Pascual publicó 45 novelas en "Comandos", todas ellas firmadas como George H. White. El seudónimo Armando Ravel estaba bien para una colección de novelas románticas, pero no para otra de acción, así que la editorial le pidió un seudónimo anglosajón para su novela policíaca El fiscal acusa, que fue el último título de la colección "Florida". "White me parecía americano", me ha dicho Pascual, "y me gustaba cómo sonaba George. La H y el punto fueron un simple relleno".

Está orgulloso de "Comandos": "Hay ahí novelas muy buenas, muy buenas". Escribía a destajo, una novela a la semana -creo que tiene el récord en 36 horas sin interrupción-, directamente a máquina, con dos copias en papel de calco: "Imagínate cuando te equivocabas; todo se iba a pique y a mí me gustaba enviar los trabajos muy limpios, con las menos tachaduras posibles". Cuando se le pregunta cómo podía mantener ese ritmo de escritura, responde que al principio era todo muy tranquilo, muy reposado, "pero hacia la mitad de la historia ya ibas a mil por hora porque había que entregar la novela a la editorial y comenzar otra".

"No llegué a tiempo para la primera novela de "Comandos", dirá todavía con algo de pena, "aunque me lo merecía".

22. Poco después de empezar a escribir para la colección "Comandos" de Valenciana hizo también algún pinito en la novela del Oeste y, así, en 1952 publicó una en la colección "Ráfaga", de la editorial madrileña Mépora, en la que nunca volvería a sacar nada, y al año siguiente en Bruguera un western en "Bisonte" y otra de espionaje/policíaca en "Servicio Secreto", una colaboración coyuntural que no se reanudaría hasta 1958.

23. Carmen Boscá era descendiente del biólogo Leonardo Boscá. Nació en El Grao, aunque sus abuelos habían venido de Tenerife. Cuando la guerra, detuvieron al mayor de los hermanos de su padre y los otros dos (el padre de Carmen era el más pequeño y de ideología opuesta a la de su hermano mayor) se interesaron por su suerte, terminando los tres fusilados y las familias desposeídas de sus bienes en El Grao, que eran considerables. Carmen, con diez años, se quedó con una hermana de siete y un hermano de meses. Falleció un año después de esta exposición de Pascual, el 28 de abril de 2005.

24. Los tres hijos del matrimonio fueron Manuel Pascual (Manolo), Pascual Vicente (Sento) y María del Carmen (Carmen), muerta trágicamente poco después que su madre.

25. La colección va más allá de la Saga, aunque ésta fuera la joya de la corona. Su nombre se debió a que Valenciana tenía registrada la marca "Luchadores" -a la que añadió "del Espacio"- evitándose así el pago de una nueva patente.

Pascual había escrito sus novelas bélicas porque había que ganar dinero, pero no había olvidado sus soñadas aventuras de mundos estelares, espacios galácticos y razas extraterrrestres que pugnaban por salir a la luz cada vez con más fuerza.

Ya hacía tiempo, con los datos que podía recoger de los sueltos científicos de periódicos y revistas, se acostaba deliberadamente temprano para antes de dormirse construir sus aventuras en su imaginación. Ahora las va a poner por escrito. (En la entrevista que a continuación se reproduce, figuran más datos sobre la creación de "Luchadores").

Por cuanto respecta a la primera edición de la Saga, Valenciana facilitó al Instituto Nacional del Libro Español como fecha de aparición de su número 1, "Los hombres de Venus", el mes de enero de 1954, como así se publicó en febrero. Dado el defase con que se publicaban estos datos, la información tuvo que recibirse en el INLE en noviembre del año anterior, todo lo más en diciembre, y como la ficha indicaba el número de páginas y demás, hay que suponer que la novela estaba impresa para entonces y, en su consecuencia, distribuida y puesta a la venta a finales de 1953.

26. En la Jefatura de Carreteras, donde estaba encargado de la presentación de los proyectos, de que no faltara nada y todo estuviera en su lugar. Ya jubilado, me dijo un día un compañero, un ingeniero de allí, que muchas veces echaban de menos a Pascual cuando llegaba la hora de presentar un proyecto.

27. Aún así, "ganaba más que el notario", dijo un día coloquialmente, quizá refiriéndose al pasante del notario.

28. Hay que tener en cuenta que, antes de emplearse en Obras Públicas, durante catorce años vivió exclusivamente del producto de la venta de las novelas que escribía.

29. Aquí se termina su exposición autobiográfica, mas de todos es sabido que pasó a Bruguera, a escribir novelas del Oeste, y que Valenciana reeditó "Luchadores" a partir de febrero de 1974. Me ha dicho Pascual que él era muy inocente, que en esta segunda época de la Saga se atrevió a escribir ciertas cosas que no había dicho en la primera porque vio que la censura no era para tanto.

"Mira si me gustaba hacerlo, mira si soy burro", reproducen Cañete/Batres, "que cuando se reeditaron me pagaban muy poco, tres o cuatro mil pesetas. Como era una reedición... A pesar de ello, dos novelas, que yo sepa, me las hice de nuevo enteras". (Son la 2 y la 3 de la serie, El planeta misterioso y Cerebros electrónicos; la nº 1, Los hombres de Venus, la reescribió en su tercio final. Luego fue habiendo menos cambios).

Se desahoga diciendo: "No gané nada con ello, porque me escribió un lector diciéndome que alguien había metido mano ahí. Una mano intrusa se había metido a corregir y lo había estropeado todo". Y concluye: "Este despistado lector no supo darse cuenta de que lo que estaba leyendo, aunque no era lo mismo que él conocía, desde luego tenía tanta o más calidad que lo que él recordaba".

"¡Recibí una de críticas! Está visto que el autor no manda en su obra".

En fin, esta reedición suprimió dos títulos de la original, La ciudad congelada y Dos mundos frente a frente (hubiera sido muy laborioso volver sobre las dos clases de dedona, por ejemplo) y nos dejó 26 novelas más de la Saga. Pascual ha dicho que escribió 303 novelas en su vida, cifra que se eleva a 338 si se consideran como novelas distintas las reediciones de la Saga.

Las tres o cuatro mil pesetas iniciales pasaron a ser 18.000 al final, y cobró hasta dos originales que no llegaron a publicarse, El gran miedo y Escuadrón Delta. He intentado recuperarlos, pero hasta al Secretario de Estado de Cultura respondió que no obraban en su poder el hijo del editor, Juan Puerto Belda. Tengo entendido que una sentencia judicial estableció que buena parte del material de Valenciana fue comido por los ratones tras el cierre de la editorial.

Me ha contado Pascual que su principal frustración ha sido haber viajado poco, siendo consciente de que creó y pobló universos enteros, haciendo viajar a sus lectores a mundos maravillosos.

Ha sido homenajeado por el Ayuntamiento de Llíria, donde reside actualmente, cuyo alcalde ha prometido dar su nombre a una calle, y tiene dos gastos, Tono y Clara, a los que Carmen bautizó así porque cuando nacieron miró el calendario y el santo del día era Antonio Claret.

 
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